Hermosa triste perniciosa

Por brumarubi
Enviado el 03/04/2016, clasificado en Amor / Románticos
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¡Radiante, cómo siempre! Me decía cada que teníamos la oportunidad de ocupar ese mismo espacio, tan cómodo, tan lleno de todo eso que me gusta y para nuestra fortuna, nos correspondía ese pequeño sentimiento que nos seguía uniendo, que nos llenaba de ganas y por más que queríamos saciarlo nunca era suficiente. Fueron tantas veces las que intenté complacerte para sentirme plena; gracias por ni siquiera intentar detenerme, ¡cómo nadie sacaste provecho! Todo mi tiempo que, poco a poco te iba perteneciendo por completo. ¿Cómo podría pedirte que vuelvas? Todo eso sigue perteneciéndote. El derecho de ser tuya, ¿cómo podría terminar?, si desde aquellos días, mi casa eran tus brazos. Caprichosa, pensarías, si caigo de nuevo en ti por purititos recuerdos, triste y ojerosa por llorar y suplicar que te quedaras, no podía considerar que te fueras y por las mañanas sólo tener que ignorar ese espacio que ocupabas del lado izquierdo de la cama; ¿cómo pudiste darme todo ese poder de sentirte aunque no estuvieras presente? Me he preguntado con tormento, totalmente aferrada.


Sigues igual, sigues radiante, sigues hermosa y se despidió. Regresó sólo a decirme eso. Al parecer son las palabras de alguien que quiere seguir asegurando su lugar. ¡Está de putas esto! ¿Qué más podría decir? Unos miserables minutos para halagarme y hacerme feliz, para recordarme que sigo siendo “igual”, la misma tonta, una niña enamorada y ahora rota por dentro. Bien sabe cuál es mi cura, pero no le importa, desde el principio fue tan fácil huir sin mirar atrás, pues sabía perfectamente que yo estaría ahí, recordando, buscando y esperando ansiosa como si fuera mi primera vez. ¿Se reirá de mí? Le ha salido tan bien, ¡le ha funcionado de un carajo tenerme!


¡Qué fácil fue caer en las peores de las mejores manos que me han tocado! Yo no podría ser más sutil si te veo, si te veo voy por ti, aunque tus besos sean perniciosos, sé bien que forman parte de mí. Me he vuelto masoquista, casi al mismo tiempo en que comencé a amar, no te culpo, he sido demasiado sensible al ver que podrías completarme, incluso volverme loca y estoy siendo demasiado literal.


No me queda más que soltar mi cuerpo y dejar que lo lleves hasta donde vas tú, hasta ese lugar en el camino dándome por vencida, para llorar y reencontrarme conmigo misma.


¡Radiante, cómo siempre! Me decía.

¡Radiante, por estar justo ahora contigo y ojalá sea para siempre! Respondía.

Sonreía y yo caía.


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