Tres sumisas para mí en una casa rural (Capítulo 3 C)

Por T.ahotlo
Enviado el 07/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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 Se lo dijo y este así lo hizo, el hombre se puso colorado como un tomate; pero aun así acercó su dedo y lo introdujo entero, su mujer le hizo una foto con el dedo dentro de la vagina mientras se mordía sus labios pintados de rojo por la excitación. «Se abrió una ventana y nos pusimos todos a caminar ligero».

Los dos matrimonios se hospedaban en ese pueblo, en dos habitaciones de un hotel, de las cuales salían los señores por la noche cambiando de habitación «y de esposa». Nos lo contaron al despedirse en el mirador y nos invitaron a visitarlos esa tarde. Les dijimos hasta luego y seguimos el paseo por separado, nosotros hicimos varias fotos más.

-¡Sara pon el culo sobre esa maceta! –le ordene.

Ella se levantó la falda y puso su culo desnudo sobre una maceta de geranios partiendo dos tallos con el coño, mientras Virginia fotografiaba la maceta con el culo de Sara encima como un gran corazón blanco en posición invertida; una señora desde una ventana llamó puta a Sara y bajamos la pendiente a paso ligero mientras la mujer bufaba «Pensé si no me estaría pasando» y me dije a mi mismo que no tocándome el pene duro como un martillo.

Anduvimos por la calle principal y entramos a comer en un restaurante pequeño que tenía unas mesas fuera y otras dentro, las del interior eran mesas con enagüillas hasta los pies, bajo el mantel «tuve una idea».

-Vamos a comer dentro del restaurante, Sara tu solo tomarás mi esperma, metete debajo de la mesa ahora que el camarero está fuera y no hay nadie más dentro ¡Rápido que no te vean! Y ahí abajo sácame el pene del pantalón y chúpalo poco a poco hasta que me corra en tu boca, luego te lo tragas todo porque esa será toda tu comida hoy y no dejes ni una gota sin tragar ¡A! Y un golpe de mis rodillas en tus costados será la señal para que te quedes como una estatua cada vez que venga alguien ¡Entendido! -le ordene.

-A sus órdenes mi señor -dijo Sara mientras se introducía debajo de la mesa justo antes de que el camarero regresara de la terraza de verano.

El camarero se acercó a nosotros y le pedimos varios platos de pescado y marisco, después entró en la cocina; eran las una de la tarde y solo estábamos nosotros dentro del restaurante, fuera había tres mesas ocupadas; di un golpecito con mi rodilla en el costado de Sara y al instante sonó la cremallera de mi pantalón cuando ella la bajó, sus manos sacaron mi pene del pantalón duro como el pedernal, con algo de esfuerzo sacó también un testículo que comenzó a absorber ¡Qué placer!

Salió de la cocina el camarero y a la vez entró una mujer al aseo «el cual estaba detrás de nosotros» y le di en el costado un pequeño toque a Sara, se quedó quieta con el huevo en la boca; el camarero trajo dos platos grandes de marisco y pescado.

-Espero que les guste la comida -dijo el camarero y salió a la terraza. 

Sonó la cisterna del aseo y salió la mujer, que también se dirigió al exterior; di otro toque con la rodilla a Sara para que siguiera con «su comida».

El pescado estaba exquisito el marisco también. Mientras engullimos la comida Sara estuvo haciendo maravillas con mi pene, se lo metió entero en la boca; mis diecinueve centímetros  de polla llegaban junto a su campanilla y sus balanceos hacia atrás y hacia delante alternaban darse con las rodillas de Virginia en la espalda y meterse mi pene entero en la boca. Se quedó quieta y con la boca llena de pene cuando noto «mi señal», viendo yo como se acercaba el camarero; Sara Respiraba bien por la nariz, se escuchaba el sonido suave de sus fosas nasales, con la boca  «en pausa» y mi pene dentro.

-¿No he visto después a la rubia que entro con ustedes? -dijo el camarero.  

-Se tuvo que marchar enseguida al hotel porque se encontraba mal -le dije al hombre.

¡Cuánto lo siento!, que la vamos a hacer. ¿Les gusto nuestra comida? -dijo el camarero antes de volver a salir a la terraza.

-¡Sí mucho! -dijeron a la vez Ingrid y Virginia.

Yo no dije nada, estaba muy excitado con mi pene dentro de la caliente y quieta boca de Sara; al verlo salir di con la rodilla a Sara, que comenzó de nuevo el bombeo ¡Cómo me corrí! Uffff, tres grandes chorros en su boca, tosió un poco y siguió tragando mi semen y después lamiendo mi varga; note como se la sacaba de la boca, mire debajo de la mesa y la vi lamiendo unas gotas de semen del suelo, me miró y dijo: ¡No dejó ni una gota señor!, ¡como me ordenó!

-Bien eso está muy bien -le dije con indulgencia mientras veía su lengua negruzca y blanca a la vez, por el polvo del suelo y por mi polvo en su boca.

Cuando el camarero entró en la cocina, «a mi señal» salió Sara de debajo de la mesa y se alejó del restaurante, sin que la viera el camarero salir e irse.

Llegamos al hotel  donde se hospedaban los dos matrimonios; eran las seis de la tarde. Preguntamos por el señor Juan en recepción, al poco bajo Juan «el más gordito de los dos maridos», le dio un billete de cincuenta euros al recepcionista y nos acompañó a su habitación, donde estaba el otro y las esposas de ambos; al entrar  nos saludaron muy cordiales.

Me confesaron los dos hombres que tenían muchas ganas de poseer, a Ingrid y también a Sara « sobre todo a Ingrid», pensando que eso sería muy difícil; pero me lo querían decir por si había alguna posibilidad, porque estaban muy excitados desde que les hicieron las fotos por la mañana desnudas.

Sus mujeres dijeron que incluso a ellas les había excitado verlas desnudas en la calle y también, recrearse después en el hotel revisando las fotos que les hicieron.

Me acerque y  les dije a las dos parejas: 

-Este el trato, ¡si lo quieren aceptar! Yo tengo que follarme a vuestras mujeres aquí y ahora, delante de mis amigas y de ustedes; después si sus esposas se portan bien conmigo Ingrid la pelirroja les chupara a ustedes dos sus  penes hasta que se corran en su boca, para completar el recuerdo de ella desnuda en sus fotos, ¡y nada más!, Sara no entra en el lote –les dije, queriendo ser avaro y notando mi pene ya recuperado después de «la comida» del mediodía.

-¿Qué les parece?, ¿que deciden? –dije mirando mi reloj.

Las señoras se sonrojaron y ellos miraron a Ingrid y después a mí. Después Juan miró a su esposa y a la otra pareja pidiendo aprobación con la mirada.

-¿A la pelirroja no le importará?, además es algo bochornoso, todos aquí a la vez; aun no lo hemos hecho en grupo ¡Ni siquiera nosotros cuatro! No sé, no sé; además ¿Solo la pelirroja, habiendo tres?  -dijo Juan dubitativo. 

Tahotlo 2015


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