Tres sumisas para mí en una casa rural (Capítulo 3 D)

Por T.ahotlo
Enviado el 07/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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-¡Ingrid desnúdate y ponte de rodillas con la boca abierta ahí en medio! -le dije autoritario.

Se desnudo en un instante y todos la miraron, le dije a las señoras que podían tocarla; pero solo ellas, ellos no.

Las dos mujeres eran regordetas pero atractivas a la vez; comenzaron a acariciar ese bello y joven cuerpo con deseo, por todas partes; Ingrid se estremeció al sentir los dedos y las largas uñas pintadas de las dos mujeres introducirse en su vagina con suavidad.

-Entonces: ¡Si o no! Señoras y señores -dije con determinación «alzando la voz».

Los cuatro asistieron con la cabeza.

¡Bien señoras quítense las faldas y las bragas y pónganse en pompa, una junto a la otra, delante de mí! Por favor -les ordene sin alzar la voz.

Las dos señoras comenzaron a desnudarse despacio y muy sonrojadas, a la vez me yo me desnude entero; al quitarme los slip mi pene salió como un resorte tieso, ellas lo miraron aún más sonrojadas; al ver aquellos dos coños, «aunque muy peludos apetitosos» note como las venas de mi pene se marcaban como alambres que se enrollaran sobre mi miembro, a la vez que los dos culos «grandotes» se exponían delante de mí; como dos lunas llenas. Cogí a la más esbelta por las caderas y le hable:

-¿Cómo te llamas? –pregunte con voz excitada.

-Rosa, y ahora mismo, ¡tengo el corazón a cien! –me confesó.

Teniéndola bien agarrada le metí el glande en la vagina y ella dio un respingo, no entraba suave; la saque y me agache e hice saliva moviendo mi mandíbula y le escupí en el coño dos veces para humedecerlo, al levantar la cabeza vi a Juan «el marido» enfrente mirándome  con desprecio, acto seguido le metí el pene entero pero entró apretado; a la vez acariciaba la otra vagina, saque mi pene y se lo metí a la otra.

-¿Cómo te llamabas? –le pregunté a la vez que le metía el pene en el coño.

–Pepaaa…. -dijo con un gemido de placer al notar la tranca dentro.

-Bien Pepa ¡Tu chocho traga mejor que el de Rosa! -le dije con energía mientras comenzaba a darle arremetidas continuas e intensas, «Pepa gemía como una loca».

Se la saque y se la metí a Rosa entera, su vagina ya estaba resbaladiza y comencé a darle pollazos (pollazos: Expresión vulgar de meter el pene con fuerza) con mucho frenesí y sin parar, yo estaba de rodillas y me dolían las piernas de dar contra el duro suelo, Rosa aullaba como una loba.

Cambie de orificio intensificando el ritmo dentro del coño de Pepa, como un animal; mientras veía enfrente a su esposo Cosme mirándome nervioso y sudoroso, eso me excito aun mas y acelere (mi pene hacia un sonido de chapoteo intenso entrando y saliendo muy rápido, tan rápido como la aguja de una máquina de coser a todo pedal).

¡Note como Pepa contrajo su vagina fuertemente alrededor de mi pene!, cuando sintió como me corría dentro de ella con un solo chorro de semen «muy intenso» y de golpe.

Saque de su coño mi pene, que salió muy empalmado; tan empalmado lo tenía que dio un salto en el aire al mismo tiempo que soltó un pequeño chorro de semen, que fue a parar sobre los zapatos de su marido Cosme y sobre el suelo de mármol marrón, dejando una veta blanca en el piso.

Ingrid hizo muy bien su trabajo con los dos hombres, estaban muy nerviosos; se metió un pene en la boca y cuando lo noto duro dentro se introdujo también el otro pene, haciéndolos bailar dentro de su boca muy juntos; los dos penes eran algo más pequeños que el mío y ella consiguió meterlos en la boca a la vez con audacia «Ingrid parecía una serpiente con dos lenguas a medio salir de su dilatada boca», con las manos acariciaba los cuatro testículos, «dos con cada mano» apretándolos cada vez que se metía los dos penes a fondo en su boca; por turnos se corrieron dentro junto a su campanilla, ella lo derramo de una arcada sobre el suelo de mármol.

Mientras tanto Rosa que no se había corrido, ni se había llevado mi descarga de semen seguía muy excitada, se me acercó a gatas y agarro mi pene con fuerza y comenzó a chuparlo intensamente, también chupo mis testículos; «como una aspiradora» que iba succionando con gran poder de absorción cualquier rastro de líquidos en mis partes íntimas, incluso le dio lengüetazos a la parte más baja de mi escroto;  justo al lado de mi ano.

Todo esto lo hizo bajo la atenta e inquieta mirada de su esposo Juan, que fue quien  animó a su mujer a hacer intercambio de parejas, para probar cosas nuevas ¡Sin saber el que tenía en casa a toda una aspiradora «de semen» por mujer!, la cual dejo mis bajos relucientes como un espejo.

Tahotlo 2015

(Continuará con el capítulo final.)


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