EN SU PAPEL-PARTE 5

Por menorcabella
Enviado el 07/04/2016, clasificado en Varios / otros
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Y, mientras seguía pensando en Amelia y preguntándose porque pensaba en ella se dirigió a la cocina a calentar un plato de garbanzos del día anterior. El potaje siempre le gustaba más de un día para otro, según él tenía más sabor y consistencia. Después de comerse un buen plato hasta los topes y dos piezas de fruta se dirigió al salón y encendió el televisor. Estaba a punto de comenzar el partido y no quería perdérselo por nada del mundo pese a que su mente más que concentrada en Nadal estaba en otro sitio.

Encendió el televisor y buscó el canal de deportes. Cuando logro hallarlo, puso el mando a su lado y se acomodó. Los locutores aún hablaban de las proezas de uno y otro contrincante, ¿pero no empezaba a las cuatro? se preguntó. Realizó una consulta rápida con el teletexto y percatándose de que en realidad a las cuatro era el previo pero que el partido en sí no comenzaba hasta media hora más tarde pensó que tenía tiempo de cerrar los ojos y echarse una cabezadita, la necesitaba. Total, lo que pudieran comentar tanto del rey del tenis manacorí como de Murray no le venía de nuevo así que pensó que un descanso le sería más útil. Después podría poner toda la atención y concentrarse en las raquetas y sets.

Amelia miraba detenidamente a los candidatos al puesto, mayoritariamente mujeres. Soltó su bolso de su regazo y lo dejó en la silla vacía que estaba a su izquierda, cogió su carpeta, la abrió y procedió a sacar su libreta de apuntes y un bolígrafo. Acto seguido dejó la carpeta también en la silla y procedió a realizar el estudio individual de los allí presentes. Una mujer que debería rondar unos cincuenta largos le llamó la atención más que el resto y no por la edad pese a que era la candidata más mayor, sino porque tenía algo en su mirada que…Esa mujer había sufrido o sufría mucho en estos momentos, era una evidencia total. Sintió la tentación de levantarse y dirigirle unas palabras pero luego se acordó que la política de la empresa ya se la había saltado horas antes con Samuel, así que muy a su pesar por hoy, era suficiente.

Poco a poco iban entrando y saliendo. El rostro de la esperanza con la que entraban era antagónico en la mayoría de veces con el rostro de la desilusión con el que salían todos y cada uno de ellos. Las entrevistas, como pudo percatarse, eran rápidas. No se andaban con chinitas allí por lo que se veía, no como el Sr. Maceda, por eso tuvo el tiempo justo para el cambio. Y es que cada entrevista tuvo una duración que había rondado los veinte minutos más el tiempo que ella dedicó a su empresa.

Y en un abrir y cerrar de ojos solo quedaban tres personas para ser entrevistadas y ella. La siguiente, la mujer sufridora, ¿debía recomendarla a ella? Desde luego, lo que sí era claro, es que dada su edad (aunque pudiera ser que lo único que pasaba era que era una mujer abandonada y que no se cuidaba) le sería muy complicado encontrar a alguien que tuviera un mínimo de solidaridad contractual. Psicológicamente, pero, no daba el perfil idóneo para adentrarse ni en este supermercado ni en ninguna otra. Miró de nuevo los documentos para recordar qué perfil era exactamente el que necesitaban. Aparte de buscar una persona comodín que tanto sirviera para estar en caja como en un momento dado reponer o cortar fiambres se requería alguien con experiencia, inglés e italiano fluido (esos puntos los ignoraba, no eran de su competencia) amabilidad, don de gentes y saber estar entre otras cosas.

De repente, sin saber cómo, sintió deseos de que estuviera allí Samuel, de pedirle asesoramiento, de que por un momento se pusiera en su papel. Y, también, sin saber cómo fue ella la que se puso en el papel de la mujer viéndose total y absolutamente en el fondo de un pozo sin salida posible.

Una hora después salió de allí, sin dar nombres directos por supuesto pero lanzando balones fuera. Esperaba con ello haber aportado su granito de arena. 

Se fue directa a comer a un bar restaurante cercano, no le daba tiempo a ir a la oficina a cambiarse así que por un día no pasaba nada por permitirse un lujo. Y es que placeres como un simple bocata eran cosas que ella no se podía permitir con el sueldo que tenía que no era sustancioso y los gastos que le venían todos los meses.

Afortunadamente no tuvo que esperar mucho y enseguida disfrutó de un plato combinado con ensaladilla, lomo rebozado y patatas fritas. Después tomó unas natillas especialidad de la casa, un café y se marchó no sin antes abonar lo que educadamente el camarero le pedía.

No se come  mal aquí, nada mal, y no es caro (se dijo) tendré que tenerlo en cuenta para próximas ocasiones. Pero también pensó que lo que tenía que hacer para no ir tan a lo deprisa y corriendo era agenciarse de un bolso grande de esos que estaban tan de moda, para su trabajo le sería muy útil. Y, sin más, se dirigió a unos grandes almacenes, ya pasaría la factura a la empresa.

El sonido del teléfono móvil le hizo abrir los ojos. Lo cogió y al otro lado estaba su buen amigo Cesar.


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