El fracaso de un atraco

Por Jesús A.
Enviado el 07/04/2016, clasificado en Drama
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Telele, es un hombre que se acerca a los 40 años y en los negocios en los que se metió, terminó siempre fracasando, por eso llegó un día que su mujer lo abandonó (además de llevarse a sus dos hijos, de corta edad), por no proporcionarles medios para subsistir. De esa manera, Telele se quedó solo en la casa que tenía de alquiler, de la que llevaba tres meses sin pagar las correspondientes cuotas y de la que estaba a punto de ser desahuciado. Estando en esta situación, sin familia, sin trabajo y sin pasta, para poder pagar las deudas que le acuciaban, llegó a la conclusión, de que para tener dinero, tenía que atracar un banco.

Para llevar a cabo el atraco que tenía pensado, pasó dos semanas preparándolo con todo tipo de detalles, pues no quería fracasar. Al tener ya una pistola, como pudo, se compró una peluca y una barba postiza: estudiando a diario la entidad bancaria, que tenía previsto atracar, para saber a qué hora sería mejor para llevar el atraco. Llegando a la conclusión; de que la mejor hora para robar el banco, era poco antes de cerrar, por haber menos movimiento de clientes.

Poco antes de llevar a cabo el atraco, como tenía previsto; Telele salió de casa con dirección a la entidad bancaria. Pero antes entró en un urinario público, en el que no había nadie, en donde se puso la peluca y la barba postiza. Para luego entrar en el banco, con la pistola en una mano y en la otra, la que dijo, que era una granada escondida debajo de un pañuelo, amenazando con hacerla explotar delante de los empleados y de un cliente, si no le daban todo el dinero que tenían, y para eso, les entregó un maletín que llevaba.

Los empleados del banco, no quisieron arriesgar sus vidas, e hicieron lo que les pidió el atracador y cuando este tuvo el dinero en el maletín, huyó dando un rodeo hacia el urinario, donde se quitó la peluca y la barba y después de peinarse un poco, salió con toda la tranquilidad del mundo hacia su casa. Que una vez en ella, se sintió a salvo. Aunque por fuera se oían las sirenas de la policía, pero él ya se consideraba seguro y se disponía a contar el dinero que tenía en el maletín. Estando empezando, sonó el timbre de su puerta; lo que le hizo cerrar el maletín, para meterlo en un cajón. Cogió la pistola y se dirigió a la puerta, en donde miró por la mirilla y al ver que era una chica muy bella, guardó la pistola en un bolsillo interior, se atusó el cabello y nada más abrir; salieron dos policías armados de a cada lado de la chica, que les sirvió de cebo, y lo detuvieron en el acto.                

   


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