El amor de la niña madura, Niñadas.

Por ClaraEver
Enviado el 08/04/2016, clasificado en Amor / Románticos
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La semana de la salud en la escuela; esa cosa que está justo a la mitad de lo aburrido y lo vergonzoso.

Siempre lo mismo; stands con información que ya conoces, enfermeras aplicando vacunas al por mayor y condones. Estos últimos eran repartidos al por mayor en cualquiera de los quioscos de información a los que te acercaras.

Bla, bla. Siempre aburrido, siempre lo mismo.

Estábamos esperando que iniciara la clase, afuera estaba el barullo de la semana de la salud. De repente Nicolás apareció por la puerta agitando una tira de al menos 5 condones que tenía en sus manos.

-¡Chicas! – Grito sonoramente- cuando quieran.

Yo no era capaz de comprender como podía ser tan vulgar, inmaduro y estúpido. Juro que creí que no podía caber más estupidez en una sola persona. Pensé que ese era el punto cumbre de su niñería de secundaria. Eso hasta antes de que continuara hablando:

-Clara- dijo agitando aún más los preservativos – Tú tienes preferencia. Ya tenemos con qué.

Todo el grupo estallo en joviales carcajadas. Gritaban cosas, sabía que habría más rumores sobre él y yo.

-Sueñas- Espute.

Con eso no logre más que avivar las burlas de mis compañeros de clase. Me quería hundir, desaparecer de la faz de la tierra. Esa era una de las vergüenzas más grandes que había pasado en mi vida. Me recosté sobre la mesa para ignorar las risas hasta que llegara el maestro. No tenía el valor de mostrarle la cara el mundo para que se burlaran de mí. Solo una cosa sabia: Nicolás me estaba volviendo loca.

Cuando oí el saludo del maestro me incorpore nuevamente solo para percatarme que Nicolás estaba sentado justo a mi lado.

-Perdón – susurro para que no nos regañara el profesor. – fue una niñada.

-Déjalo ir – Conteste sin mirarlo- es algo típico de alguien como tú.

Me tomo la barbilla con una mano y el brazo con la otra para obligarme a mirarlo.

-Sé que soy un estúpido, pero te quiero.

Mi mundo se volvió colorido de pronto, pero me controle y solo sonreí tímidamente. No podía demostrar que estaba enamorada de un inmaduro como él.

Aunque con una sola frase me haya hecho volar y revivir.


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