SALVAJE OESTE- PARTE 2 DE 2

Por cclecha
Enviado el 08/04/2016, clasificado en Intriga / suspense
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Pensaba en una pierna, o algo leve, simplemente para que suspendieran la búsqueda. Sabía que si, de alguna forma, eliminaba al jefe de sus perseguidores, los demás se echarían atrás.

      McGregor, dejando al herido Ramírez con el dinero y los caballos,  empezó a bajar entre las rocas, controlando la luz intermitente del fuego… sus pisadas pasaron de hundirse en la nieve a la tierra del sendero. Hacía frio, el chaquetón de piel girada de borrego le protegía a duras penas… lo que sí le protegía era su gastado colt, al que MacGregor, de vez en cuando, palpaba. Ya estaba  cerca, la visión del fuego estaba próxima, se había hecho grande, se vislumbraba un grupo de hombres tumbados a su alrededor… cuando repente, de forma inesperada,  una pistola se amartilló a sus espaldas. Se quedó helado como la noche. El comisario Pat, con voz tranquila, apuntándole, le convino a no asustarse y alejarse del lugar. McGregor  tragó saliva, se vio perdido. Mientras emprendían de nuevo la ascensión en búsqueda de Ramírez, Pat se dirigió al salteador:

      -Tranquilo, tranquilo… no me veas cómo tu enemigo… te conozco y predigo todo lo que haces, te sigo sin dificultad y sabía que vendrías a por mí… puede que yo sea tu igual. Antes de ser como soy, creo que fui como tú. Dime, ¿qué pensáis hacer con el dinero que habéis robado?

       MacGregorg, todavía con las manos en alto, le contó lo de la ilusión del rancho.

       -Bien… has tenido suerte… te podría haber atrapado cuando hubiera querido, pero ahora  te propongo ser tu socio y protegerte. Si sigues mis instrucciones, seguro que no te cogerán.

       McGregorg no entendía nada, pero no podía elegir, además las palabras del sheriff parecían sinceras.

       Al poco, y forzando mucho la vista por la falta de visibilidad, llegaron donde estaba el mexicano. Como muestra de buena voluntad, o puede que por interés de que Ramírez no retrasara la marcha, Pat se alejó unos metros de sus nuevos compañeros y, volviendo, taponó y desinfectó la herida de Ramírez con unas hierbas que trajo y conocía… Seguidamente dio instrucciones:

      -¡Rápido, no perdamos tiempo, nos vamos!

     - Pero si no se ve nada…-objetó McGregor

     -Si las alimañas de la noche pueden ver, nosotros también…-sentenció- Además, el río está escasamente a un par de horas de aquí…su cauce y aguas despistarán a los que nos persiguen.

      Campo a través, sin visibilidad, casi palpando las rocas e intuyendo la dirección, el pequeño grupo avanzaba con muchas dificultades. Ni una sola estrella los miraba, también la luna estaba oculta, no había ningún resplandor que los alumbrara, todo estaba escondido, como si nadie quisiera ver la huída de los tres hombres.

        Al cabo de un esfuerzo considerable, empezaron a oír el rumor lejano y fresco de las aguas del río.

        -Ya estamos llegando. ¿Oís? -preguntó Pat.

        La respuesta se sobreentendía. Pat, al llegar al cauce del río, estaba satisfecho… El alba teñía de rojo el firmamento, los primeros rayos de sol hacían su aparición. El sheriff se quedó contemplando el agua, casi negra pero con unos destellos plateados, que ofrecían los primeros reflejos de los rayos de Sol. Un agua limpia, pura, renovadora y constante en su fluir, como la vida que él quería tener a partir de ahora… el agua le marcaba la dirección a seguir. Pat fue manteniendo la ladera del río, hasta que llegó un momento en que la altura del agua permitía  vadearlo. Aún así, fue descendiendo y cabalgando por dentro de río, para que no se adivinasen sus huellas. Las monturas iban esquivando las piedras redondas y voluminosas del río, impregnadas de un musgo verde que se sentía cómodo viviendo en la superficie de las piedras. El río empezó a aumentar su caudal y las monturas empezaron a acusarlo, entonces Pat mando salir al otro lado.

      Los caballos salieron del río con las patas chorreando, avanzaron unos pocos metros, y Pat descabalgó y como si fuera un indio. Cogió una rama y disimuló lo que pudo las pisadas de los caballos.

       -Bueno, ya hemos borrado nuestro rastro y, con él, nuestra vida anterior. Nuestro pasado solo queda en nuestras almas y éste, aunque está allí y sea parte nuestra, no será obstáculo para que tengamos una nueva vida. Esta nueva vida aparecerá si nosotros queremos cambiar y renunciamos a nuestro turbio pasado. Pensad que yo he estado a ambos lados de la ley… he vivido como delincuente y como defensor de la ley. Me he dado cuenta de que, en el fondo, todo es parecido.  Cuando estaba fuera de la ley, a base de tiros y fanfarronadas, solo miraba por mí mismo y mi bienestar… cuando fui agente de la ley velaba por el interés de unos cuantos: de los ladrones bien trajeados del banco, del tren, o los políticos… todos me utilizaban a su conveniencia. La ley era una tapadera para robar de forma legal…. en el fondo todos ellos miraban para sí mismos. Yo no contaba para nada. Sé que han de haber unas leyes que protejan a los desfavorecidos y a los débiles. Sé que debe haber respeto por nuestros semejantes, de ello ya se encarga la religión y la sociedad, que se protege con leyes. Pero nosotros también nos tenemos que proteger de todos esos embaucadores y aprovechados que se esconden detrás de las leyes. Me he dado cuenta que, para mí, la diferencia entre malhechor y hombre prominente, solo es cuestión de si llevo una chapa de sheriff, o no. Quiero decir que nosotros tres somos personas y eso es lo que cuenta. Nuestro deseo de tener un alma noble es lo que vale… lo demás, la interpretación de estar a un lado u otro de la ley, es subjetiva y no siempre correcta. Estamos llegando a nuestro objetivo: la frontera está muy cerca y no hay rastro de nuestros perseguidores…una nueva vida nos aguarda, espero que sin falsas culpas.


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