El asesino de las barras de bar

Por Charles Ginsberg
Enviado el 08/04/2016, clasificado en Intriga / suspense
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Nos conocimos una fría noche de invierno, en aquella barra de bar, yo sentado en un taburete con la cabeza volando en el infierno, ella apoyada en la barra, esperando a que me acercara para pasar un buen rato, aunque esa fuera la última vez que ella viviera. Y es que me iba a convertir en asesino, uno de esos tíos peligrosos, iba a matarla, por placer, para poder calmar mis alterados instintos de aquel tiempo. Entonces me acerqué sigilosamente, pagué al dueño del garito, como hacia todo el mundo, y fue él quien me la entregó, la puso en mis manos, joven y fresca. Empezó a sudar, y, aunque no tenía ojos para ver a su asesino, se podía comprobar que lo que antes era un sentimiento de amor, se había convertido en temor y odio. En ese instante cogí el abridor que me prestó mi cómplice de aquella noche, le arranqué la cabeza, la agarré y en un trago se había ido de este mundo. Entonces, sin ningún arrepentimiento, levanté la mano y volví a pedir otra cerveza más para repetir aquel crimen. Ya no podía parar.


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