Conocernos...

Por Julio
Enviado el 12/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Después de disfrutar de una exquisita cena vamos de camino a tu casa. Durante la cena la complicidad ha ido en aumento. Las miradas, los gestos, las insinuaciones... las risas. Eso, sobre todo. Tu sonrisa es fascinante Ana. Verte reír y escucharte reír.... Y tus ojos. Son preciosos. Son intensos y tu mirada me transmite tu pasión contenida. 

El vino también ayudó a perder el pudor y la timidez. Los besos en el coche ya hacen prever la noche de pasión que se avecina. Han sido besos profundos. Largos y húmedos. Ávidos de placer. Sensuales. Excitantes. Acompañados de caricias suaves al principio e intensas y directas después.

Muy directas. Llegué a acariciar tus pechos y pezones, y tú mi pene. Y si no llega a ser porque vimos gente en el parking habríamos seguido allí mismo. La pasión ya estaba desatada y era imparable.

Es la primera vez que nos vemos. Nos conocemos. Creo que bastante. Pero no en persona directamente. Conocemos casi todos nuestros gustos. Sabíamos cómo éramos. Nos habíamos visto, pero no en persona. Sabíamos el uno del otro por los muchos mails intercambiados. Sabíamos mucho de nosotros. Nos conocíamos más de lo que pensábamos. Las conversaciones eran abiertas. Sin pudor. Claras. Directas. Hubo complicidad casi desde el principio. Y curiosidad. Preguntas. Respuestas. Excitación. Morbo. Mucho morbo. Con fuerte carga sexual. Y compenetración. Provocación. Nos provocábamos la excitación el uno al otro.

Entramos en un bucle imparable de saber más. De conocer nuestros gustos. Sobre todo, sexuales. Nos incitábamos. Nuestras fantasías eran placenteras. Excitantes y lujuriosas. Hasta que al final ya necesitábamos que fueran reales.

Todas las caricias que nos dábamos a través de nuestras frases, de nuestras palabras. El placer que nos otorgábamos, necesitábamos hacerlo realidad. Y llego ese día. Por fin todo ese anhelo y esa ansiedad se estaban cumpliendo.

Cuando llegamos a tu casa y aparcamos, las caricias vuelven a aparecer. Con más intensidad. Desbordadas de pasión. Con desesperación.

-Vamos dentro de tu casa Ana- te pido.

Entramos casi atropelladamente. Cerramos dando un portazo, y te aprisiono contra la pared. Nos besamos con intensidad entrelazando nuestras lenguas, en tu boca y en mi boca. Voy desabrochando tu camisa de seda negra casi con torpeza, debido a los nervios. Ya no me hace falta mirarte por tu pronunciado escote. Toda la velada no hice más que fijarme a través de aquellos dos botones desabrochados que me dejaban ver el nacimiento de tus senos y ver el borde de tu sostén. Dejo caer tu camisa y apareces radiante ante mí. Llevas un sostén negro de encaje con detalles en color rosa pálido. Estás preciosa. Acaricio tus pechos por encima del encaje. Tiro de ellos con los dientes. Les paso la punta de la lengua. Los noto duros, erectos. Me entretengo con ellos besándolos, ahora retirando un poco la tela que los cubre. Tú me vas desabrochando el cinturón con rapidez. Noto deslizarse la cremallera y a continuación una mano que abarca mi erección por encima del bóxer. Me palpas con avidez. Con firmeza. Me aprietas. Mi pantalón cae. Como puedo me deshago de los zapatos y los calcetines. Ja ja ja, dichosos calcetines.

Ahora estiras de la corbata, tirándola al suelo. Casi rompes los botones de mi camisa. Aterrizan la americana y luego la camisa en el suelo, junto a la corbata. Sigues acariciando al bulto de mi bóxer con decisión. Me estas excitando muchísimo.

Desabrocho tu falda de tubo negra. Esta falda que me delataba la curva de tus caderas y la forma de tu culito, que no dejé de mirar mientras recorrías delante de mí el pasillo del restaurante. Y cae al suelo. Ahora te veo fabulosa. Retengo en mi retina tu imagen casi desnuda con tu bonito conjunto de lencería y tus medias hasta medio muslo, subida en esos taconazos de vértigo. Estas sexy, muy sexy.

Enroscas tus piernas en mi cintura. Te llevo hasta el sofá. Caemos de golpe en él. Yo primero sentado y tú quedas encima mío a horcajadas. Ahora eres tú la que controlas la situación.

-Quiero hacerte el amor. Quiero que seas mío Julio. - Me dices pasando tus dedos por mi pelo.

-Soy yo el que quiere que me dejes hacerte el amor. - te contesto con un susurro al oído -Quiero sentirte estremecer entre mis brazos cuando esté dentro de ti. Cuando te abrace y sienta ese contacto tan íntimo entre los dos. Quiero sentir tu placer cuando estemos unidos y fusionados, con nuestros cuerpos tocándose piel con piel. Uuummm. Cuanto te deseo Ana.

-Quiero sentirte- Me dices- Me he corrido muchas veces pensando en ti. Leyéndote. Soñando contigo. Te deseo. Te necesito Julio. Dentro de mí.

Te desabrocho el sujetador y por fin veo tus lindos pechos. Tus duros y oscuros pezones. Tus senos son preciosos. Mejores de lo que había imaginado. Uuummm... Me lanzo sobre ellos y te los chupo con pasión. Con ansia. Te paso la lengua sobre los pezones poniéndolos más duros todavía.

Acerco mi mano deslizándola despacio por la cara interior de tus muslos hasta alcanzar tus braguitas y te voy acariciando suavemente sobre la tela de encaje que cubre tu vello púbico y tu vulva. Te estremeces. Se te entrecorta la respiración. Suspiras. El cosquilleo proveniente de tu interior se acrecienta. Tu calor interior crece. Tu excitación aumenta por momentos. El deseo acumulado de tanto tiempo pide más. Frotas mi erección. Introduces tu mano en mi bóxer. Palpas, acaricias, frotas. Me besas profundo. Hundes tu lengua en mi boca. Noto tus braguitas húmedas. Esa sensación deliciosa recorre tu vientre y tus piernas. Te concentras en mis caricias. Aparto la tela a un lado y casi apenas rozo tus labios. Noto su humedad y deslizo mis dedos sobre ellos. Te noto mojada. Muy mojada. Suspiras. Me abrazas fuerte. Aprietas tu pelvis contra mi mano. Acerco mi mano a tu clítoris y tu sensación se triplica. Te da un escalofrío. Al rozártelo gimes. Juego con él y ahora jadeas. Cada presión que te aplico se te hace insoportable. Te gusta. Suspiras. Abres más las piernas.

-Entra en mí Julio- me pides. Entro despacito los dedos en tu vagina y me empapo de tus fluidos. Entro y salgo con cuidado y tu vagina los succiona. Estas tremendamente excitada. Veo tus pupilas dilatadas. Tus bonitos ojos llenos de deseo.

Te bajas de encima de mí. Te quitas las braguitas mirándome fijamente y mordiéndote el labio. Agarras mi bóxer por la cinturilla y tiras de ellos con brusquedad. Ahueco mi culo del sofá para ayudarte y me los quietas del tirón.

Ya me tienes a tu disposición. Tal y como me deseabas. Me sigues mirando con esos bellos ojos. Te vuelves a sentar encima de mí. Beso tu cuello, muerdo tu hombro, beso el lóbulo de tu oreja... Coges mi erección, la acaricias y...

…seguirá….


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