Recordar un beso (sexual)

Por brumarubi
Enviado el 14/04/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Todo era tenso y se sentía como… Esos imanes listos para chocar.
Sabíamos que ni el silencio estábamos desaprovechado; Paramos de hablar y vimos nuestros labios como si fueran esas dos piezas en las que teníamos que encajar. Yo pensé: ¡Se ven tan suaves!
Pensaba en toda esa humedad y en esas curvas que le quería succionar.
Nos hacia falta ese beso lleno de agua para saciar nuestras ganas. Ni una gota podíamos desperdiciar.
Coincidimos con esa mirada curiosa. Tratamos de hablar para no equivocarnos, pero sonreír fue la respuesta. ¡Sí, sí queríamos mezclarnos en ese beso para ser sólo un sujeto! Un sujeto coqueto y apasionado.
Quedó todo inerte quién sabe por cuánto tiempo; Después de salir de ese trance tan idiota sentí sus labios con la yema de los dedos, los froté suavemente en esas curvas tan finas de una boca extrañamente asimétrica y muy hermosa. ¡Deberías ser mía!, pensé… (En voz alta). Dejó ir una sonrisa bajando la mirada y como segunda reacción unas mejillas rojizas.
Suavemente recargué mis manos sobre sus rodillas, busqué aquel rostro paliducho y lleno de pecas, y me recargué en su frente (no hubo más sonrisas, sólo una mirada vulgar que tal vez duró 5 segundos, pero para mí duró años), comencé a rozar sus labios con los míos y sólo con eso ya sentíamos esa brisa fresca que te eriza la piel, como cuando sabes que está a punto de llover. Entonces no pude evitar hablar: ¡Qué rico, deberías darme más!
Lo suficiente para que entrelazara sus dedos con mi cabello. Lo suficiente para soltar mis manos de sus rodillas y subir a sus carnosos muslos. Dentro de nuestras bocas todo se sentía suave y por fuera ya nos queríamos apretar. Subí una mano a su cadera y otra a su cintura, lo necesario para pegarla a mí de un solo golpe.
Estábamos perdiéndonos en ese beso que tal vez lo sentimos eterno. En pocos minutos me apoderé de su espalda y de esa curva que delineé con mis dedos hasta esos hoyuelos… Justo a un toque delicioso con sus nalgas. Teniéndola entre mis brazos comencé a sentir sus pechos exactamente frente a los míos, a causa de esa presión que haces con toda la intención de sentir unos pechos durante un abrazo. Y apenas despegando sus labios dijo: no puedo parar (con esa voz bajita y ansiosa). No vamos a parar, le respondí. Tomé con fuerza sus nalgas hacia mi y comenzó a gemir sin intenciones de abandonar aquel beso que le di.


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