VIDA EN EL CAMPOSANTO.

Por John Chapelle
Enviado el 17/04/2016, clasificado en Drama
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Era un cementerio normal, como tantos suele haber en nuestra bella geografía,  situado al pie de una loma con vistas al oeste, de forma que desde el medio día y hasta el ocaso, los días soleados entibiaban un poco el frío mármol o granito, de las lápidas que se extienden, como un mosaico embaldosado, de colores uniformes, sobrios y austeros. Solo interrumpidos por el resaltar de algunas flores que los familiares de los nuevos inquilinos, depositaban en su cabecera o a sus pies. Por los colores y especies de las flores, se intuían el grado de afecto, con qué correspondían.

A los muy mayores y las viudas, los eternos Crisantemos, a los esposos maduros unos Claveles, para los enamorados una Rosas, y dependiendo del grado de pasión eran Rojas o Rosas y Amarillas. Y para los adolescentes unos Gladiolos. 
A los niños.. invariablemente.. Unas Rosas Blancas, como símbolo de pureza.

Desde lo alto de cementerio, se podía ver la carretera general que pasaba muy cerca. Esto rompía la monotonía del Camposanto, y a veces se escuchaba el golpear de las varas de los "Aceituneros" que golpeaban las faldas de los Olivos, para que cayesen sobre los mantones o redes depositados bajo los troncos, esas verdes Aceitunas.
Las cuadrillas de jornaleros, de vez en cuando entonaban un canto, casi un lamento, para paliar el cansancio de la jornada, y hacer más ameno el rigor del trabajo, bajo el capricho de las inclemencias del tiempo.
Se comentaba que los campos de Olivos que contornaban el perímetro del Camposanto, producían el mejor aceite, y algunos hasta afirmaban que ellos siempre consumían el aceite que se prensaba en la Almazara, porque se le atribuían poderes curativos. Fuese o no verídico, el caso es que ese "Prensado" estaba muy codiciado y su "Oro líquido" era más caro que el resto.

En la parte alta del camino principal de tierra, que separaba en dos hemisferios el cementerio, de cada lado de la orilla, se encontraban dos árboles centenarios. Uno era el Icono oficial del cementerio: Un ciprés, y justo enfrente un gran pino piñonero. Y a los pies del ciprés, justo al lado de una fosa, había surgido una mata de crisantemos amarillos, se le debió de caer un tallo a algún familiar, y ahora ya había brotado una frondosa planta, que encontraba protección bajo el pie del Ciprés, contra los fuertes y helados vientos.

El batir de las varas de los aceitunero cesó, y comenzaron a replegar y lentamente se alejaron dejando en contorno solo, mientras el globo rojo amarillo que formaba el sol, comenzaba ya a rozar la cresta de la silueta de las montañas que se perfilaban en la lejanía. 

El silencio era sepulcral, (nunca mejor dicho) y solo una ligera brisa de Noviembre, silbaba entre las fosas, el sonido del Silencio.
Ese mismo viento, pareció modular, transformando el lineal siseo, en algo parecido a un murmullo, cada vez más intenso y audible.

-Ya se han marchado todos, solo quedamos los de siempre. - <El murmullo parecía provenir al altivo y anciano Ciprés.>
- Si otro día más. -  <Pareció contestar el Pino>.
- ¿Decidme.. Amenaza la noche tormenta?  Es que yo desde aquí no puedo ver el horizonte? -  <Comentó el bajito Crisantemo>.
-¿Habéis visto el entierro de esta mañana?.. ¡Qué pena me ha dado esa madre mientras se aferraba al cuerpo inerte de su hija, cuanta amargura y tristeza había en sus lágrimas!-
<Dijo el Ciprés, a lo que el Pino respondió>
-¡Sí, ha sido desgarrador, no me he podido contener y he derramado unas gotas de resina, y ahora tengo aún los ojos pegajosos! -
 - Yo desde aquí he visto poco, pero al subir la tapa del ataúd para que los padres pudieran ver por última vez a su niñita, se me han cambiado el color de mis pétalos de Amarillo a Blancos,  qué carita tan bonita tenía la niña, debe de ser muy joven.. -
- Sí Crisantemo, he oído decir que solo tenía 5 añitos, y que ha muerto de unas calenturas muy fuertes.-  <Dijo el Pino>
-Qué suerte tenéis de ser tan altos, desde esa altura lo podéis ver todo, y no tenéis que temer de que alguien os pise, o que una tormenta os destroce los pétalos.-
-En parte si <contestó el Pino> pero tú no tienes que temer a que te caiga un Rayo encima, o a que los hijos del sepulturero te tiren piedras para que caigan unas piñas y comerse mis piñones, quien tiene suerte es nuestro amigo el Ciprés. -
- No penséis eso <Dijo el Ciprés> pues cada uno aguanta su vela. Yo soy mucho más anciano que vosotros, y fui el primero en llegar a este lugar sagrado, y aparte de que mis raíces ya se están secando, y que los cuervos no para de posarse en mí para arrancarme a picotazos mi corteza, lo que más me duele es la cantidad de sufrimiento y lágrimas que he visto en este lugar, como testigo inamovible por fuera, pero que se estremecía de pena por dentro ante el sincero sufrimiento de esas personas que dejaban a mi custodia a sus seres queridos.   Las personas vivas, tienen cierto temor a este lugar, piensan que aquí se acaba la vida. Y es cierto desde el concepto de "Vida" que ellos tienen, pero la vida aquí sigue. Vosotros lo habéis podido comprobar cada noche, esas personas, en forma humana pero de materia intangible, ya han sido agraciados por el ser supremo, y salen, charlan, pasean y los niños hasta corren y juegan, durante la noche y hasta que el alba se despierta. Ya no sufren, ya no penan, ya no hay odios, solo paz.
Si los vivos supiesen esto, tendrían un concepto muy distinto al que tienen ahora de este lugar.

-<El Pino y el Crisantemo, asistieron en silencio con sus pétalos y ramas, y.. el pino en un jubiloso comentario expuso>.
- ¿Qué os parece si le hacemos un regalo de bienvenida a na niñita nueva que entró esta mañana?.. -
-¿Y qué propones que le hagamos de regalo?  - <Preguntó el Ciprés?
- Mira.. Podría estirar mis ramas más bajas, hasta aferrarme a ti, y formar un columpio para que se columpiase esta noche, pues es su primer día y estará algo desorientada, hasta que se familiarice con el lugar y comience a jugar con los demás niños.-
- ¡¡¡Siiiii !!!!, es una gran idea, seguro que a ella le gustará  <Dijo el Crisantemo>  Yo le pondré algunas de mis flores en su bonito pelo, y cubriré con mis pétalos sus pies para que no se lastime en las piedrecitas, pues sus pies aún no están acostumbrado a caminar descalzos.-
- ¡Valeeee! <Dijo el Ciprés> Sois como niños... jajajaja  Lo haremos.. -

Y mientras se preparaban para dar la sorpresa a la nueva Niñita, poco a poco el sol se iba ocultando, y comenzaban a salir la chiquillería ruidosa, seguido de los demás, saludándose,  dándose los buenos días/noches, y paseando, en el bullicioso "Silencio" del Camposanto.   Y en lo alto del camino, una niña se balanceaba en un columpio de amor y caridad. Sus ojos irradiaban alegría,  y yo.. que escribo esto.. no cesan de llorar. FIN.


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