Erase una vez... Caperucita Roja... Caperucita

Por fenix
Enviado el 18/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Érase una vez, en un pueblo muy muy lejano, una jovencita llamada Bianca; tenía dieciséis años, era alta, delgada, de piel blanca con pequeñas y sutiles pecas distribuidas tentadoramente por su cuerpo; en especial sobre sus pechos grandes y firmes, tenía el cabello largo y rubio; solía usarlo en frondosas y rizadas coletas atadas con hermosos listones, sus ojos eran grandes y muy azules.

A causa de la belleza y de los exuberantes encantos de su hija su madre se propuso casarla con un joven rico, lo que garantizaría que llevarían una vida de lujos.

Con este plan en mente obligó a su hija a llevar siempre largas capaz que cubrieran su cuerpo y evitar que algún pueblerino le cortejara, sin embargo a pesar de la protección de su madre un día la joven tuvo que adéntrense sola al bosque a llevarle comida y medicinas a su abuela que vivía muy lejos y estaba muy enferma, su madre siempre la acompañaba pero ese día no podía ir porque debía asistir a una comida en la aldea vecina con la familia del chico con que ella quería casar a su hija.

Bianca estaba muy emocionada porque era la primera vez que su madre la dejaba salir sola, así que sabiendo que no la vería se puso una camisa blanca engomada en el cuello que dejaba al descubierto su largo y sedoso cuello, sus provocadores hombros y la parte superior de sus grandes senos, sobre la blusa llevaba un corsé negro muy ajustado ciñendo aún más su angosta cintura y de este se escapaba una larga y suave falda de color rojo que con cada paso contorneaba sus redondos y firmes glúteos y sus curvilíneas y largas piernas, además se colocó unos muy bonitos botines negros a juego con su corsé, se hizo sus habituales coletas atando cada una con un listón rojo  y en un arranque de rebeldía decidió no ponerse nada debajo de la ropa, para evitar comentarios  de las vecinas chismosas se cubrió con una amplia y cálida caperuza roja muy larga, la abotonó completa para que nadie notará su travesura.

Salió del pueblo y luego de alejarse lo suficiente desabotonó su capa recibiendo sobre su piel las frías brisas otoñales… caminó danzando y brincando libre por el bosque mientras sus pezones firmes se marcaban sobre la blusa y la siluetas rebotonas de sus pechos subían y bajaban traviesos. Siguió feliz su recorrido, aunque sintió que alguien la observaba, supuso eran sus propios miedos porque no vio a nadie y luego de caminar un poco esa sensación se esfumó.

Entrada la noche llegó a casa de abuela, recogió la leña depositada en su jardín, entró sin abotonar la caperuza; su abuela era casi ciega no notaría que sus senos se veían por no llevar nada debajo, y en un impulso travieso desabotonó dos botones de su blusa, rasgó su falda hasta casi llegar al entrepierna, a cada la de su cuerpo, sin preocuparse de su regreso porque la capa la protegería.

Sabiéndose vulgar y atrevida entró con descaro a  casa de su abuela; la saludo desde la puerta, echó la leña al fuego, puso la cesta sobre la mesa, se acercó al cuarto donde la vio muy arropada; más de lo normal, con timidez y preocupación le dijo:

-¿Abuelita, como estas? ¡Soy yo, Bianca, HOY VINE SOLA A VISITARTE! ¿Cómo te sientes?-

Sintió que su abuela le clavaba la mirada en su cuerpo indecorosamente vestido y de no ser porque sabía que era ciega habría sentido pavor y vergüenza

-¿Estas bien abuelita?-

La abuelita asintió y le indicó que se acercara para poder abrazarla lo que ella hizo sin dudar; se acercó a ella con diversión, entusiasmo y gozo, la abrazó con fuerza estrechando su rostro entre sus senos  y restregándolo ahí con entusiasmo e inocencia...

-Mi bella nieta no tardará en conseguir marido- dijo con voz ronca y temblorosa alejando su rostro de los pechos de la joven y acercando sus manos temblecas hacia ellos.-Con unos senos tan firmes y suaves no le costara nada hallar pretendiente- dijo acariciándolos hasta llegar a su pezones los cuales halo y apretó sobre la tela -Hay pequeña acércate al fuego, por caminar en este día tan frío estas helada- dijo sarcástica halando aun los pezones de Bianca y masajeando sus senos

-No te preocupes abuela, que en un rato se me pasa el frío. Mamá ya me está buscando prometido, lo sabes… y anhela para mí un buen matrimonio

-¡Y COMO NO! replicó su anciana y temblorosa abuela que comenzó a descender sus manos por su cintura hasta posarlos en su cadera  -¡Sí tu belleza es enorme! tanto como para aspirar a un rey- apretó con fuerza sus nalgas haciendo que la joven del susto gimiera y se cayera sobre la cama justo sobre su abuela, tumbándola bruscamente golpeando su espalda y cabeza.

-¡PERDÓN ABUELA!- gritó Bianca sonrojada mientras seguía sintiendo el masaje de su abuela en su trasero y de repente sintió el azote de su gran mano sobre su nalga

-AAAAAAAYYYYYY- gritó Bianca sorprendida

-¡Casi te lastimas y a mí contigo niña descuida!, mereces un castigo digno-.

-Abuelita discúlpame es que me sorprendiste.-

-¡Nada pequeña! ponte sobre mis piernas…- le dijo, dándole otra fuerte nalgada que la hizo gritar de nuevo…

-¡Pero abuelita ya soy grande!-

-¿Prefieres le diga a  tu madre?-

Bianca palideció imaginando el castigo de su madre y sin decir nada ayudó a sentar a su abuela, se apoyó con delicadeza sobre ella recostando su dorso y piernas sobre la cama dejando su trasero sobre las piernas de su abuela, suspendió su falda  dejando su culo desnudo y expuesto, próximo a ser castigado!

-Listo abuelita- dijo resignada y sonrosada mientras tomaba la mano; grande, áspera y de anterior apariencia débil de su abuela, y la colocaba sobre sus nalgas desnudas.-Ya están si nada encima-.

-Bien pequeña- dijo la abuela que la miraba con ojos oscuros y sombríos.

 Bianca sintió como su abuela sobaba firmemente sus nalgas de un lado al otro rozando “accidentalmente” su ano hasta casi llegar a su agujerito, duró un rato masajeándola lentamente hasta que sintió que comenzó a tocarla más profundo, entrando un poco en su ano y descendiendo hasta su hoyito entrado despacio.

Bianca sintió como su respiración se entrecortaba y su vagina se humedecía cada vez que su abuela acercaba su mano hacia su agujerito…. pero estaba confundida, su abuela, jamás le había tocado de esa manera su tacto era  diferente; su mano era firme y áspera, además en toda las veces que su abuela la castigó a nalgadas nunca la tocó así, no sabía que hacer y sentía que olía diferente; ella siempre olía a lavanda pero esta vez olía a pino y bosque. Miedosa trató de moverse pero en ese momento  sintió el golpe seco del azote… Bianca chilló y de inmediato su abuela le propinó otro… y otro… y otro… y otro azote…cada uno más bajo que el otro hasta que poco a poco, y entre los sollozos  de Bianca, se acercaba a su húmeda vagina y mientras lo hacía Bianca no podía evitar dar sonoros gemidos y ruborizarse cada vez más…

Cada vez más…


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