Erase una vez... Caperucita Roja... La Abuelita

Por fenix
Enviado el 18/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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-Bien pequeña, creo que con esto has aprendido a ser más  cuidadosa- dio otro azote en la vagina húmeda de Bianca y alejó sus grandes manos indicándole con esa acción que ya podía levantarse.

-A… Abue… Abuela….- pronuncio llorosa

-Dime pequeña- replicó triunfal, con falsa dulzura y una voz ronca, entrecortada y profunda no similar a la débil, apenas audible y en especial muy dulce voz de su abuela.

-No me había dado cuenta hasta hoy de que tus manos son ásperas, muy firmes y….

-¿Y qué, pequeña?- dijo cortante

-Abuelita….- dudo un segundo pero luego de bajarse la falda y ayudarla a recostarse de nuevo en el espaldar de la cama, la soltó, se alejó un par de pasos y con timidez y cierto impulso de valentía le miro dolida y le dijo. – ¿Abuelita, qué manos tan grandes tienes?- dijo sosteniendo su mano entre las suyas.

-Son para tocarte mejor…- respondió tranquila, agarrando a Bianca con firmeza entre sus manos y mirándola con ojos lascivo y penetrante.

-¿Que ojos tan grandes tienes, Abuelita?- le dijo de inmediato al sentir su mirada profunda y penetrante.

-Son para verte mejor…- respondió con la misma tranquilidad y se llevó sus dedos a su nariz, la rozó y volvió a mirarla con malicia ruborizando a Bianca que casi sin pensar le preguntó de inmediato.

-¿Qué nariz tan grande tienes abuelita?-

-Para olerte mejor- respondió burlona mirándola maliciosa y sonriéndole amplia y seductoramente.

-¿Abuelita… que boca tan grande tienes?-

-¡ES PARA COMERTE MEJOR!!!!- y acto seguido sujetó con más fuerza a Bianca, tiró de ella haciéndola caer bruscamente sobre la cama, se colocó ágilmente sobre ella; con una mano sujetó con fuerza las dos manos de Bianca, con la otra desató hábilmente los lazos de sus coletas soltando su frondosa y dorada cabellera rizada, tomó una de sus manos, la levanto hacia la esquina de la cama y la ató al poste con la cinta, repitió el proceso con la otra mano dejándola atada, se arrastró sobre su vientre y mirando fijamente a sus temerosos y confusos ojos azules casi al borde del llanto dijo…

-Son para comerte mejor…-repitió en susurros mientras se deslizaba más abajo hasta llegar sobre su entrepiernas y abrir las tensas piernas de sus nieta…

- A…A…A…….Abuela…..-

De inmediato alzó la cabeza, se quitó el gorro que cubría su cabello negro y alborotado, se arrancó el chal que se enrollaba por encima de su garganta cubriendo sus velludos y fuertes brazos junto a su grueso cuello y parte de su barbilla y torso, arrojó las gafas, se arrancó la bata y la miró lascivo con sus profundos ojos negro, sonrió pícaro y le dijo…

-No pequeña- negó divertido y travieso -No soy tu abuela, pero voy a COMERTE TODA y MUY BIEN- al instante rozó con sus uñas sus tobillos y comenzó a ascender lentamente  por la silueta contorneada de sus piernas pecosas hasta llegar a su entrepierna justo sobre el final de la abertura de la falda, se detuvo un instante mientras la observaba y sin despegar sus negros ojos de los de Bianca, terminó de rasgar su falda y comenzó descender sus manos arañando nuevamente su piel repitiendo el recorrido anterior y al llegar al tobillo volvió a subir y luego a bajar repetidas veces mientras la observaba  y notaba como su piel se erizaba lentamente y poco a poco entreabría sus labios tratando de respirar, a veces entrecerraba los ojos y movía las piernas sutilmente sin alejarlas mucho del roce…

- ¿Quieres que te coma?- le susurró teniendo su cara justo al frente de su sexo desnudo, ella no respondió pero el sintió como su respiración se agitaba y su cuerpo temblaba expectante. Aspiró con fuerza recorriendo con su nariz todo su sexo desde su vello púbico hasta su agujero y repitió el proceso varías veces inhalado cada vez más hondo.

Bianca aferró las manos a la colcha enterrando sus uñas  y respirando más fuerte, apenas logrando contener sus gemidos

-Que bien sabes, voy a devorarte poco a poco y disfrutar de tu rico sabor…- susurro morboso  mientras lamia su sexo sintiendo el sabor salado de sus fluidos

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aaaaaaahhhh!!!!!!!!!- Gritó Bianca al sentir cada lametazo de aquel hombre que usurpó el lugar de su abuela, él cual lamía su vagina recorriendo desde sus labios hasta la punta de su ano y regresando deteniéndose en ocasiones sobre su clítoris para chuparlo y tirar suavemente de él guiado por sus gemidos, que le indicaban cuanto disfrutaba de sentir como la devoraba.

Él se apartó de golpe y ella lo vio fijamente; era joven, fornido, muy velludo, de ojos profundos y oscuros, sonrisa amplia y seductora, manos grandes, cabellos rebeldes, un tanto largos y de un negro muy oscuro, tenía tatuado en el hombro un lobo aullando, pensó en decir algo pero no supo que y antes de poder dedicarse a pensar sintió como de nuevo subía y bajaba sus uñas lentamente por su pierna desde su tobillo hasta rozar su sexo y volvía a bajar y a subir haciéndola temblar.

Él la observaba fijamente, notando cada reacción de su cuerpo y en un instante volvió a recorrer con su lengua, con delicadeza, sus labios vaginales mordiéndolos suavemente, siguiendo su  anterior recorrido hasta volver a chupar su clítoris aún sensible, lo beso, mordió, halo, chupo… duró mucho tiempo en esta tortura placentera oyendo como sus caricias hacían gemir a Bianca, lo liberó después de un rato y descendió hasta llegar a su hoyito e introdujo de un solo golpe su lengua dentro y sintió como ella tiraba fuerte de los listones mientras gritaba contrayendo las piernas y arqueando bruscamente la espalda tratando de soportar lo que su cuerpo experimentaba ante tal acción, pero él no paro y siguió adentrando su lengua cada vez más rápido y hondo, subiendo y bajando sus manos arañando más fuerte con cada subida y perdiéndose en los temblorosos gemidos de aquella niña que yacía indefensa delante de él, el cual olvidó cualquier cosa que no fuera devorarla y sentir el salado jugo que ella emanaba, mientras él más entraba más podía beber de ella hasta que sintió como su lengua se empapaba de una gran cantidad de néctar notando como ella se relajaba sobre la cama tratando de calmar su respiración después del orgasmo que él sediento bebía, ansioso de más.

Tragó hasta la última gota de ese orgasmo lamiendo luego toda su vagina, siguiendo por sus muslos, mordiéndolos, rozándolos con sus uñas a su paso, mientras recorría sus piernas contorneando con su boca su curva silueta hasta llegar a su pie que recorrió tortuosamente con sus labios, dientes, lengua, dedos y uñas para luego volver a subir repitiendo en recorrido, ascendiendo por su vientre virginal que temblaba al roce de sus labios. Besó su piel suave mientras sentía como ella gemía con cada caricia, como su cuerpo se retorcía placentero al sentir sus mordiscos suaves que gozaban de sentirla suya, la oía tirar de los listones mientras él se deleitaba del sabor de los pechos firmes y exquisitos de aquella jovencita traviesa que había recorrido el bosque mostrando sus pezones transparentados por la blusa que él acababa de rasgar y quitar.


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