Erase una vez... Caperucita Roja... El Lobo

Por fenix
Enviado el 20/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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-Eres Exquisita- dijo fascinado sobre su cuello mientras sus dedos recorrían su espalda  haciéndola estremecer.

Bianca jadeaba incesantemente  incapaz de responder, movía sus piernas rozando las de él ansiosa de contacto.

 Él se deleitaba en el dulce sabor de su piel; besaba su cuello succionando su esencia, mordía su oreja haciéndola retorcerse hasta que sintió como ninguno resistía ya, sin decir nada se colocó entre sus piernas las abrió aún más recorriéndolas a besos y en un segundo, en silencio…solo mirándola, empezó a adentrarse en ella sintiendo su estrechez.

 Bianca se paralizó, respiraba ansiosa por la boca mirándolo fijamente, sintió como en un segundo entró completo haciéndola gritar, él  no se movió se quedó inmóvil mirándola, soportando el deseo de arremeter contra ella sin piedad…

Se mía… SOLO MÍA – suplicó inmóvil sintiendo como ella lo  miraba tímida, insegura sin saber como actuar.

Bianca estaba debajo de él, aún más inmóvil, no sabía que hacer, decir o pensar ni si tenía que hacer algo… no era consiente de nada solo del huracán de sensaciones que recorrían su cuerpo, lo sentía adentro, notaba como su interior abrazaba su miembro grueso que se sentía justo y apretado, no lograba comprender si deseaba que parara o siguiera y sin saber que hacer se entregó a sus captor; aflojó sus brazos soltando de sus manos las cintas que la ataban, dejo caer su cuerpo sobre la cama relajando cada extremidad de su cuerpo y disfrutando del ardor que crecía en su vientre y se extendía por cada región de su ser, lo miró fijamente, cerró sus ojos entregándose por completo a él quien sonrió y comenzó a moverse lento y muy suave oyéndola gemir dolorida, se detuvo y volvió a moverse tratando de ir mucho más suave y lento para no lastimarla, la oyó gemir pero esta vez con placer, y la vio morder su labio… eso lo dejo atónito…

 Volvió a moverse entrando con un poco más de fuerza, esta vez, sintiendo como su estrechez le erizaba la piel haciéndolo jadear, la observó saborear su carnoso labio y no resistió más se perdió observándola… empezó a embestirla rápida y profundamente observando hambriento como ella lo miraba deseosa, cada vez que la embestía la oía gritar disfrutando de sus penetraciones y él gozaba al verla retorcerse sobre la capa,  gritando con los ojos cerrados incapaz de soportar el placer que recibía, notó como arqueaba su espalda con cada penetración profunda por lo que la penetró cada vez más hondo enloquecido por la necesidad de querer verla  perderse en el placer que él le generaba, entró salvaje cada vez más adentro perdido en el placer que ella reflejaba en su rostro.

Sintió como subía tímida sus piernas a su espalda enrollándolas en sus caderas, vio como el sentirlo así la enloquecía aún más y el enloqueció con ella arremetiendo contra la pequeña niña sin piedad, entrando feroz en ella, gozándola y haciéndola gozar hasta llevarla al clímax que la hizo contraer su vagina apretando su pene en su interior generándole corrientazos de placer que recorrieron la punta de su pene extendiéndose por todo su cuerpo. La penetró más fuerte,  más feroz, más hambriento de sus jadeos, queriendo devorar cada milímetro de su placer y saciarse de ella hasta estar satisfecho, quería más y se perdió en ese deseo cuando la oyó susurrar…

-Más-  y ante esa súplica no pudo resistirse; se entregó al placer… la embistió aún maaaas…….. y maaaas…  hasta sentir como la pequeña niña de la caperucita roja entumecía todo su cuerpo contrayendo sus piernas contra sus caderas, aferrándose a la capa y la colcha bajo ella, apoyando su cabeza sobre la almohada, cerrando con fuerza sus ojos, mordiendo descontrolada su labio dejando escapar de entre sus dientes pequeños jadeos que suplicaban

- MÁS…. MÁS…. MÁS… MÁS…..-

Él lo hizo, complaciendo los deseos de esa diosa a la que él hacia su mujer, a la que le hacia el amor.

 ¡¡¡¡¡¡¡¡Siiiiiii!!!!!!!!!!…..- chilló tensando los dientes, alzando más la cadera, sintiendo como él daba una última embestida y se vaciaba en su interior. Ella se dejó caer sin fuerzas sobre la cama respirando agitada con sus piernas aun sobre las caderas de él quien cayó sobre ella al instante sin fuerzas, débil después de vaciar su orgasmo en el interior de su pequeña caperucita roja, recostó su cabeza en su pecho y estuvo así varios minutos disfrutando de su olor, calmando juntos sus respiraciones en silencio jactos de placer.

 Pasado algunos momentos él se acercó al rostro de Bianca y sin decir nada la besó lentamente dándole sutiles besos al contorno de su boca mientras disfrutaba su suave tacto y su delicioso sabor, sintiéndola recorrer curiosa su boca… él disfrutaba su inexperiencia, notaba la timidez con que respondía a sus besos; su dulces besos que sabían a ansias de querer recibir más y pensando en eso recorrió sutil sus pechos sin parar de besarla, llevó sus manos a sus espalda, la recorrió con las uñas mientras ella temblaba por sus caricias besándolo con fervor, él crecía en el interior de la pequeña caperucita, comenzó a moverse nuevamente lento y profundo; entrando y saliendo sin abandonar por completo su interior haciendo círculos con la cadera al estar muy dentro; casi salía de ella y volvía a entrar… profundo… lento… llegando más hondo, haciéndola gemir en su boca al recibirlo cada vez más adentro, siguió así impasible arañando su espalda, haciendo círculos en su interior con su pene completamente erecto y devorando su inexperta boca mientras ella gemía entre besos y empujaba torpe su vientre contra él guiada por el placer que nublaba sus sentidos y se expandía desde su interior por todo su cuerpo.

Él no dejó de besarla ni penétrala profundo y lento, entregándose a ese ritmo, oyéndola gemir descontroladamente hasta que su cuerpo volvió a tensarse, ella volvió a morder su labio impasible mientras el nuevo orgasmo comenzaba a devorarla y a él junto a ella, siguió penetrándola lento dejado que cada movimiento expandiera el interior de ella y sintiendo como su estrechez lo llevaba al borde del placer, jadeaban desesperados hasta que el clímax los devoro a ambos y unas cuantas penetradas más  bastaron para que llegaran al orgasmo.

Volvieran a estar uno sobre otro inmóviles sintiendo como sus cuerpos exhaustos trataban de calmarse después de ser llevados al límite por el placer… él la vio; la beso de nuevo y la abrazo… ella lo miró un tanto tímida, un tanto feliz y sin preocuparse de nada lo beso nuevamente,  ser dejo vencer por el sueño durmiéndose al lado de su lobo quien la había devorado feroz.


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