El mayordomo misógeno

Por cclecha
Enviado el 23/04/2016, clasificado en Humor
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     Estoy contento. No puede decirse que sea completamente feliz, ya que la felicidad no es una cosa constante, sino que actúa a ratos…pero estoy satisfecho. El motivo, es que creo que elegí el trabajo adecuado para mí. Soy mayordomo.

     Ahora mismo estoy en el recibidor de la espléndida casa en donde trabajo. El señorito George, salió ayer por la noche y no se molestó en ordenar su abrigo y bufanda…los ha dejado tirados en la banqueta del recibidor. Sus zapatos, parecen desperdigados de cualquier forma por el suelo. Yo, como siempre, cuelgo el abrigo y bufanda en el armarito de al lado y a juego con la puerta y recojo los zapatos, ordenándolos en el zapatero de la sala-vestidor.

     Digo que estor contento, porque el señorito George, yo mismo y las tres chicas de servicio, formamos una gran familia, en la que no hay fisuras ni discusiones. Ya sé que no hay discusiones porque él paga y nosotros obedecemos… y ahí se acaba la historia…pero yo lo achaco a algo más sutil…no hay discusiones porque no hay ninguna mujer con mando, por el medio, que se enfrente a mis elásticas normas.

     Fijémonos en el detalle de que mi señorito hubiera salido ayer por la noche. Este hecho insignificante, como el gozar de la libertad de hacer lo que uno quiera, si George hubiera tenido mujer, sería motivo de una discusión casi segura…las explicaciones, siempre serían insuficientes. Lo mismo pasaría con dejar desordenadas varias piezas de ropa en el recibidor, como mínimo sería tildado de falto al respeto, de machista y de no tener en consideración a su mujer…seguramente con razón, pero yo le ahorro estos disgustos.

En cambio, conmigo puede hacer lo que le dé la gana. Yo se lo veo todo bien y no le censuro nunca. Por eso digo, que conmigo ha tenido una gran suerte. Si sale de correrías por la noche, puede contarme cualquier cosa, yo le escucho e incluso me divierte. En cuanto al desorden, lo considero trivial y además forma parte de mis obligaciones.

Digo que formamos una gran famililla, en que asumo la figura paterna, cuando el señorito me consulta, (de prudencia y equilibrio en los negocios) y la materna (asunciones varias de trabajos del hogar) Y veo a George y a las criadas, como a mis hijos. Afortunadamente no hay ninguna mujer que me haga sombra.

     Esta unión, para mi casi perfecta, se vio ayer alterada, cuando mientras comía junto a las tres criadas en la cocina, una de estas me vino a explicar, que esta, en su condición de mujer y de asistenta, no se pudo resistir a escuchar detrás de una puerta entreabierta mientras que el señorito George discutía con su amiga intima July. No he mencionado a la señorita July, por no considerarla peligrosa, pero ahora me como mi afirmación con patatas… La asistenta me venía a decir que July, daba por concluida su relación íntima con George, porque había decidido que ya no lo quería. Hasta aquí, todo perfecto, incluso sobresaliente, pero lo que encajé con disgusto, fue que el señorito, rompió a llorar y le confesó a su amiga que estaba locamente enamorado de ella y que por conseguir su amor, haría lo que fuera.

     Total, que todas mis conversaciones de amigo a amigo con George en las que nos burlábamos de la ceguera intelectual de los enamorados, de su nublamiento del cerebro y su incapacidad para discernir…no había servido para nada, ahora la maldición había caído en mi propia casa, en mi propia familia.

     Recuerdo que le dije al señorito, que lo único que le pedía con seriedad es que no se enamorase, que si enamoraba podía hacer cualquier disparate… casarse…o peor incluso, hacer hijos.

     No soy una persona culta y lo que se del amor, lo sé de oídas…sin embargo sí que se, que cuando las hormonas hacen su aparición con fuerza son de difícil freno. Pero un instinto natural y una intuición certera, siempre me han mantenido en guardia contra las mujeres. Ya sé que ellas no tienen la culpa, pero la naturaleza juega con artes diabólicas para conseguir sus fines reproductivos, entre ellas el enamoramiento.

       Ya notaba yo algo raro en el comportamiento del señorito…estos últimos días lo había visto muy deprimido. Incluso ayer por la noche, cuando regresó, vi como había estrenado una botella de whisky y bebido varios vasos, cuando él no acostumbra a beber.

       Ahora me planteaba que hacer…por la hora de la mañana que era, George debía de encontrarse en la pequeña sala del despacho, leyendo el periódico. Me dirigí hacia allí y abrí la puerta.

       La escena me puso los pelos de punta…George con la cara demacrada por la falta de descanso, se apuntaba a sien con una pistola. Estaba lloroso y a punto de disparar

        Mi naturaleza interior se vio dividida entre mi “yo” de mayordomo en que se preocupaba de que si George apretaba el gatillo, lo pondría todo perdido de sangre, la bonita mesa de escritorio con sobre de piel marrón y la alfombra persa a sus pies, (Si bien la alfombra, al tener muchos tonos granates, igual se podía salvar) y mi otro “yo” que veía como una pérdida irreparable la vida de mi amo y amigo.

        Entré decidido a todo, cuando, de repente, llamaron con insistencia y desespero a la puerta de entrada…noté un revuelo considerable en el recibidor y enseguida July hizo aparición, arrojándose a los brazos de George y pidiéndole que la perdonase.

           Enseguida me di cuenta que todo estaba perdido, George era un pele en manos de July…mi amo, lloroso, estaba a merced de la chica, ella haría lo que le pareciera con él. Y creí que la solución que tenía prevista ella, era casarse con él, para consolarlo…y además para ayudarle a compartir su fortuna con ella.

           Se me pasaron muchas imágenes por la cabeza, a mis casi sesenta y cinco años, pensé que mi jubilación estaba muy próxima y me vi fuera de aquella casa expulsado por aquella mujer. Todo ello se vio reforzado, cuando ella, me miró sutilmente, dándome a entender que la guerra la había ganado ella, por goleada.

           No había ninguna esperanza para mí, cuando mis falsas expectativas mi hicieron pensar en el aria de Verdi, “La dona é mobile” en la que se la compara a la mujer con la oscilación de una pluma al viento… ¿podría ser que July cambiase a los pocos días de opinión? ¿Qué se cansase de un George sumiso y entregado? Podría ser…pero de momento, no tenía nada que hacer.

           En mi desesperación, pensé en el refrán italiano…”Si quieres, no te querrán…” Mi amo se ajustaba perfectamente a esta frase. Pero el pobre ya no era dueño de sí mismo…se había enamorado, se había convertido en un pelele.

           Pensara lo que pensara, aquella batalla la tenía perdida. La trampa del amor había entrado con cálculo y traicioneramente en aquella casa y yo ya no pintaba nada..

    


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