Tres sumisas para mí en una casa rural (Cap.4 Fin) A

Por T.ahotlo
Enviado el 29/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Salimos del hotel en el que hacía unos minutos me había follado a las dos señoras casadas, delante de sus esposos; con el visto bueno de ellas ¡Y de ellos! Al decirnos adiós observe como una gota de mi semen se deslizaba por el muslo, aun desnudo de la que recibió  ¡El premio dentro de su vagina! Un gran chorro de mi semen.

Nos subimos en el coche y salimos camino a la casa rural, dejando atrás aquel precioso pueblo pesquero del norte de España; llegamos al anochecer y descansamos toda la noche.

Al día siguiente fuimos a una playa muy bonita que nos recomendaron, estaba a unos quince kilómetros de la casa rural y el camino para llegar a ella era una senda costera junto al Mar Cantábrico, por donde se podía transitar con el coche y que bordeaba un buen trecho de la costa.

Al llegar aparcamos junto a un letrero en el que ponía «playa nudista», visto el cual nos desnudamos y dejamos nuestras ropas en el maletero, llevando encima solo nuestras chanclas, unas toallas y botellas de agua.

Lo de «playa nudista» no sé, no sé; solo estábamos desnudos nosotros y alguna mujer en topless. Me acerque a un hombre para preguntarle si sabía el porqué de que pusiera en el letrero «nudista» y en cambio fuera todo el mundo con bañador a esa playa.

El hombre me dijo que había playas nudistas de más difícil acceso que esta y a los nudistas ver tanta gente en bañador les resultaba molesto y cada vez venían menos. Por eso venía gente sin hacer nudismo, por los pocos nudistas que se acercaban hasta aquí, además de por lo fácilmente que se accedía a ella  (Esto lo dijo mirando de reojo mi pene ya bastante gordo).

-Gracias buen hombre, a nosotros no nos resulta «molesto», más bien «interesante» -le dije al hombre mientras este miraba atentamente los culos desnudos y rotundos de mis sumisas, que se mostraban saltarines a su vista cuando ellas se giraron para dirigirse a la orilla del mar.

-Chicas nos vamos a divertir ¿Qué os parece? -les dije a las tres.

¡Bien! –dijeron mientras caminábamos hasta la orilla. Ellas sonreían con una sonrisa de complicidad, al llegar salieron corriendo dejando el conjunto (Chanclas y toalla) en la arena y se tiraron al agua poniéndose a juguetear en el rompeolas.

Yo deje las botellitas de agua junto a sus toallas y estire la mía echándome encima boca arriba, disfrutando de un baño de sol, mi pene «bastante crecido» se mostraba rotundo a la mirada lujuriosa de una señora que estaba sentada a unos cinco metros, junto a una especie de tienda de campaña. Su marido hizo como si no me viera y se fue a nadar, la mujer siguió mirándome mientras se daba crema solar en los pechos desnudos, «mi pene seguía creciendo peligrosamente» bajo la atenta y morbosa mirada de ella.

La señora tendría unos cincuenta años, era un poco más mayor que yo pero muy bien conservada, tenía una expresión en la cara como de gustarle una buena polla más que a un candado una llave; «la mía por lo menos se la estaba comiendo con los ojos».

Mientras tanto su despreocupado marido nadaba cada vez más lejos, tan lejos que ya ni se le veía. 

Miré a la señora directamente a los ojos y le pregunte amablemente.

-Señora, ¿me podría usted hacer un favor?, no hemos traído crema solar y creo que me estoy tostando, nos la dejamos olvidada en el alojamiento con las prisas ¿Podría usted dejarme un poco de crema solar?, prometo no gastarla, «solo un poquito» –dije a la vecina mientras ella se relamía los labios sonriendo y mirando mi pene con cara de viciosa.

-¡Sobre todo se está tostando la mazorca! Jajajaj ¡Venga vale!, se la presto pero solo porque está usted muy tostado jajajaj –dijo la señora riendo, mientras miraba más en dirección a mi pene que a mis ojos, «se la notaba caliente como a una perra en celo».

Sara salió del agua luciendo su brillante pelo y su media cabeza rapada, después se sentó junto a mí.

-Sara por favor dame crema, ¡que me estoy tostando!, sobre todo el pene, que desconocía lo que es tomar el sol y se está poniendo como un salmonete -le dije tumbado en la arena. 

(Diecisiete de los diecinueve centímetros de mi pene ya estaban mirando al mar, «como el periscopio de un submarino varado en la arena». Para entonces ya estaba yo muy excitado).

Sara cogió el tarro y se echó crema en su mano derecha y después comenzó a untármela en los hombros y en el rostro con suavidad, después fue bajando por mi pecho peludo hacia mi vientre, para terminar cogiendo mi pene con fuerza y comenzando a moverlo con lentitud, pero apretándolo con fuerza mientras me miraba «insolente» a los ojos, dejando salir la crema entre sus dedos; bajó la mano y agarró mis testículos apretándolos un poco, después su mano se deslizó hacia mi culo rozando el ano con las uñas, al pasar de los huevos a las nalgas, yo di un suspiro de placer.

Me gire hacia la señora y la vi tocándose el coño por encima de su bikini verde, con media lengua fuera y mirándonos con deseo, escondida bajo la lona de su carpa playera (la señora estaba muy cómoda allí debajo, era casi una tienda de campaña, solo abierta mirando al mar); entonces le hable.

-¡Señora gracias por dejarme la crema! -le dije.

-Qué nerviosa me pongo con solo pensar en lo que me dice, de mirona a «cómplice», se me acelera el corazón ¡Con mi marido en el agua! ¡Y aquella gente tan cerca! Pero a la vez lo que me propone ¡Me excita mucho!, ¡qué emoción y que excitación! Me gusta la aventura y el riesgo ¡¡Vale!! Vengan aquí, que voy a poner una sábana que traigo ahí delante y yo me quedaré vigilando «y mirándolos»  –dijo bastante alterada y excitada la señora.

-Es un placer, no había visto ningún pene, «aparte del de mi marido» desde hace mucho tiempo y el suyo en manos de la señorita se ve muy grande ¡Y gordo! Yo soy «muy abierta» y no me molesta, al contrario  me están poniendo muy, pero que muy caliente -dijo la vecina.

-Señora ¡Necesito penetrar ahora mismo a Sara!, ¡porque estoy que no aguanto! Pero este no es el mejor sitio; con la gente a escasos cien metros ¡¡¡Por favor señora!!! Mientras su marido nada tan lejos y no nos ve ¿Nos dejaría usted echar un polvo rápido ahí debajo?, bajo su lona ya sería otra cosa, además si le ha gustado ver cómo Sara me da crema ahora puede explayarse –dije con cara de súplica y con mi cuerpo ladeado hacia ella, mi pene en esa posición la apuntaba «como si fuera un revolver carnoso y amenazante».

© TAHOTLO  

3 de octubre de 2015  sigue (Cap.4 Fin) B


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