Tres sumisas para mí en una casa rural (Cap.4 Fin) B

Por T.ahotlo
Enviado el 29/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
3369 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
MiPlacer.es - tienda erótica orientada a la sexualidad femenina
Envíos rápidos y discreto a España Peninsular. Asesoramiento, buenos precios. Compra con seguridad y confianza.

Dentro de la carpa con la sábana blanca que puso la señora delante tapando la abertura no se nos veía, Sara se arrodillo delante de mí y yo comencé a penetrarla por detrás «poniéndola en pompa», y dándole con ímpetu en su coño, se la metí hasta los huevos, Sara gemía de placer. La señora estaba sentada junto a la entrada mirando alternativamente al mar y a nosotros, se la veía tras la sábana, la señora metía la cabeza bajo la sábana de vez en cuando para vernos follar.

Le saque a Sara mi pene de la vagina y se lo introduje en su boca, yo de rodillas y con la espalda recta y Sara arrodillada e inclinada hacia mí, con los brazos extendidos y apoyados en la arena, con la boca llena de pene y con su culo apuntando hacia la señora.

Vi una mano con uñas largas y pintadas de rojo introducirse bajo la sábana y agarrar mis testículos, clavando levemente esas uñas en mi escroto y en mi ano ¡Era la señora! Su mano también rozaba la barbilla de Sara cada vez que esta se introducía mi pene a fondo en la boca, después esa mano furtiva comenzó a acariciarle la mejilla a Sara mientras está chupaba mi polla con devoción.  

Mientras yo movía el culo para introducir mi pene entero en la boca de Sara, la señora agarro mi miembro, una de las veces que recule para coger impulso. Lo apretó «fuerte» impidiéndome seguir penetrando la boca de Sara; la cual viendo que no podía seguir «tragando polla» comenzó a absorber mis testículos, introduciéndose los dos en su boca.

La señora comenzó a meneármela con intensidad, golpeando suavemente con su mano el rostro de Sara, que estaba debajo con mis huevos apresados en su bella boca ¡Las venas de mi pene querían estallar! La señora introdujo medio cuerpo dentro de la carpa, dejando la sábana de la entrada sobre sus espaldas; y se metió mi polla entera y de golpe en la boca, provocándole una arcada, la cual no pudo impedir que siguiera chupándomela con gran ímpetu, mientras Sara seguía abajo con mis testículos en su boca ¡Las dos bocas se besaban cada vez que la señora se tragaba el miembro entero!

El marido salió del agua y se dirigió a la carpa, viendo el culo de su esposa con el bikini color verde pistacho asomar bajo la sábana de la entrada, que reposaba sobre ella, con la espalda bajando y subiendo; la sábana le impedía ver a su esposa de hombros hacia arriba (él pensó que ella estaba vomitando, por la postura y por el movimiento), aceleró el paso y nada más llegar alzó la sábana preguntando a la esposa ¡Qué te pasa!... 

El marido vio la estampa completa bajo el toldo playero; «se quedó de piedra». No dijo nada, solo tardó tres segundos en reaccionar y salir corriendo, gritándole ¡¡Puta!! Por la playa.

La puta (La señora) se sacó mi pene «de golpe» de la boca, dejándolo como mástil sin bandera y goteando su saliva.

Ella corrió tras su marido gritándole que volviera, que había sido «sin querer».

¡«Sin querer»! –repetí en mi mente sonriendo para mis adentros al pensar en la pobre excusa de la señora.

Acto seguido Sara y yo salimos de la carpa y nos dirigimos a la orilla, donde nada más llegar nos tiramos al agua, junto a Virginia e Ingrid que nadaban desnudas y relajadas, el agua estaba estupenda y mi pene «inconcluso» menguó en pocos minutos.

Nadamos y tomamos el sol toda la mañana y  al medio día nos marchamos para ir a comer. Pasamos cerca de la pareja, que estaba en su carpa; el marido me miro al pasar junto a ellos con odio mientras abrazaba a la señora; la cual volvió la cabeza y me miró con una mirada a la vez  llorosa y ardiente y abrió un poco los labios instintivamente, mientras nos alejábamos de la playa.

Almorzamos en la casa rural, Paco el casero nos atendió tan bien como siempre, comimos con ganas «todo estaba riquísimo», subimos a las habitaciones y les dije.

-Ducharos y después os dais crema aftersun unas a otras, que estáis coloradas como tomates de estar al sol y en pelota toda la mañana ¡Después dormís la siesta!, ¡que no quiero escuchar «ni una mosca» desde mi habitación! Nada más levantaros de la siesta os afeitáis los chochos las tres a fondo, solo dejaros la rayita estrecha de pelos que tenéis en el pubis; que esta mañana Sara pinchaba cuando la penetre en la playa.

A las seis en punto vendré a veros, para entonces quiero que estéis perfumadas y con solo la camiseta corta, que deje a la vista vuestros bollos recién rasurados (como las vi por primera vez) ¿Entendido?

-¡Sí señor Antonio! -dijeron las tres a coro.

Cuando desperté eran las cinco y media y estaba lloviendo, había una tormenta encima del lugar; salí de mi habitación y baje a recepción. Tomé un café con tranquilidad acompañado por Paco, el dueño de la casa.

-¡Nunca vi a nadie ligar como usted! Fue llegar y besar el santo –me dijo Paco el casero mientras tomábamos café.

(Le conté a Paco toda la historia desde que llegué a la casa rural, con pelos y señales; no me deje un detalle si contar. Paco me juro previamente que lo que yo le contara ¡Iría con él a la tumba!, sin decirlo nunca a nadie)

-¡Ha sido usted muy atrevido!, ¡y muy afortunado! ¿Cómo se le ocurrieron esas actividades? -me pregunto Paco, visiblemente impresionado por la historia que le acababa de contar.

-Verá usted Paco, yo llevaba «meses» sin echar un polvo y ellas se entregaron a mi sin condiciones, ¡bueno «solo una»! no hacerles daño, solo juegos sexuales ¡Cosa que me encantó! Porque yo no soy nada violento pero si me gusta el sexo con intensidad. Ellas tres me confesaron que deseaban ser sumisas desde hacía mucho tiempo, unos diez años atrás; cuando estudiaban en la universidad.

Cuando al fin se decidieron a hacerse sumisas fue estando planeando este viaje al norte de España, tomaron la determinación de entregarse a un hombre en esta casa y  ¡Se ofrecieron «a mí»! «Tres bellezas con ganas de que las dominen», la excitación ha sido tan grande estos días atrás que me he vuelto «creativo».

-¿Se harían sumisas de primer hombre que tocara a su puerta?, ¿y aceptara serlo?; excepto el casero le dijeron a usted las tres ¡Que mala suerte tengo!, llevo divorciado diez años y no me como una rosca hace ya «ni me acuerdo» –reflexiono el casero hablando conmigo.

(Paco tendría unos cincuenta y dos años, más o menos)

Ramona «mi ex mujer» quería muy poco sexo, ¡pero por lo visto solo conmigo!; lo supe cuando me dejo por otro. ¡Como usted entenderá!, siendo yo tan fogoso y no satisfecho junto a Ramona durante tantos años y después cuando me dejo, no buscar yo a nadie por cómo me sentía por dentro, ha hecho que esté mucho tiempo reprimido y que ahora con ellas tres me haya «desmelenado sexualmente» -le dije con sinceridad.

© TAHOTLO  

  Terminara con el  (Final del relato)


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com