Tres sumisas para mí en una casa rural ((FIN))

Por T.ahotlo
Enviado el 29/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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-Paco, ahora voy a subir a la habitación de ellas, estarán desnudas de cintura para abajo, como les ordene; si quiere venga conmigo, son mis sumisas y les puedo ordenar que «lo atiendan» -le dije con normalidad.

-Me da vergüenza, yo no me veo asomando allí de pronto, ellas son mis huéspedes -dijo Paco azorado.

-Les voy a preguntar si quieren que suba usted pero sin ordenarlo, que decidan ellas; ¿qué le parece?  –dije a Paco como si yo fuera «un alcahuete».

-¡De acuerdo! -dijo Paco moviéndose inquieto.

Subí a la habitación de ellas y al entrar las vi semidesnudas, llevaban solo las camisetas dejando ver sus pubis desnudos con sus rayitas de pelos, bajo los cuales asomaban sus palpitantes vaginas. Hable con ellas sin presionar, les dije que decidieran ellas solas yo esperaría en el pasillo su decisión.

-Pase señor Antonio que ya hemos decidido -me dijo Ingrid dejando ver su coño pelirrojo en el pasillo.

Dentro de la habitación fue Sara quien me habló en nombre de las tres.

-Señor nos parece bien satisfacer a Paco pero solo si usted nos lo ordena, si no es con una orden suya no nos excita. ¡A nosotras lo que nos excita es «la sumisión»! Para tener que decidir nosotras no nos habríamos hecho sus sumisas señor Antonio, con todo respeto se lo transmito –dijo Sara más altiva de lo acostumbrado.

-De acuerdo ¡Es una orden!  En cuanto suba con el casero lo voy a poner a acariciar vuestros cuerpos como primera tarea, después la tarde será «larga» -les dije a las tres y baje a buscar a Paco.

-Al verlo impaciente le dije ¡Vamos para arriba Paco que lo están esperando!

Al entrar en la habitación le dije al casero que las acariciara, que es lo que querían ellas para empezar.

Las manos grandes de Paco comenzaron a juguetear con los cachetes rotundos del culo de Sara y con los senos blancos de Ingrid, a la vez Virginia le acaricio el paquete y le desabrocho el pantalón, comenzando a bajárselo poco a poco  para meterle después la mano en los calzoncillos y juguetear con los testículos y el pene de Paco con suavidad, «Virginia era una maravilla manoseando», le saco el pene por un lado de los calzoncillos.

Ingrid dejó a sus dos amigas con Paco y se acercó a mí, al ver que la llame con la mano.

Sara se giró, se arrodilló y comenzó a chupar el pene de Paco, Virginia se puso de rodillas y le saco por el otro lado de sus calzoncillos los testículos y se los absorbió los dos a la vez como si fueran una breva madura y gorda, haciéndosele a ella hoyuelos en los pómulos al succionarlos con su boca, con la misma rotundidad que succionan las ventosas de un pulpo cuando apresan una pieza. A Paco le temblaban las piernas, estaba muy empalmado y sudaba sonrojado.

Sara se sacó el pene de la boca y lamió el glande como si fuera un helado, con suavidad y lentitud, «en ese momento “Paco apretó el culo” y soltó gran un chorro de semen en el rostro de Sara», la cual no pudo esquivar «el golpe» y se tuvo que quitar la leche de los ojos con las dos manos, para poder ver algo.

Paco se marchó poco después de descargar todo su semen sobre el rostro desprevenido de Sara. Se subió el pantalón y miró a Virginia y a Sara con devoción, casi haciéndoles reverencias, se dirigió a la puerta y salió. Se le veía relajado y algo aturdido, pero con su rostro tan pletórico como si hubiera visto «la luz del universo».

Todo esto lo vi mientras penetraba a Ingrid en el sofá, sentada ella sobre mis muslos y dando sus pechos desnudos contra mi torso, a la vez que yo la rodeaba con mis manos agarrando fuertemente su culo blanco y poderoso.

Cuando salió Paco de la habitación yo saque mi pene de adentro de Ingrid antes de correrme y puse a cuatro patas a mis tres sumisas.

Empecé a penetrarlas alternativamente, Sara se situó en el centro, Virginia a la Izquierda e Ingrid a la derecha, alterne de coño varias veces; después de varios cambios de vagina me concentré en la de Sara, cuando note que mi eyaculación estaba próxima; yo no quería correrme en el aire «transitando entre sus coños».

Virginia e Ingrid, impacientes por volver a recibir mi «tajada» dentro de ellas comenzaron a darle «culazos suaves» a Sara, como apartándola instintivamente; yo al ver aquellos dos coños deseosos y que echaban fuego estire mis dos manos «a derecha e izquierda», introduciendo cuatro dedos dentro de la vagina de cada una de ellas, dejando solo los dos pulgares fuera de sus coños como «tope» de profundidad, de la penetración manual.

Mi movimiento era constante y simultaneaba manos y pene al mismo ritmo ¡¡Yo era un tridente carnal!! Dentro de las tres al mismo tiempo.

Al final saque las dos manos húmedas de los coños laterales y me centre en el de Sara.

La cogí fuertemente por las caderas, con ambas manos; acelerando mis embestidas «como un toro de lidia». Me corrí dentro de ella mientras la acariciaba, estando un poco inclinado hacia adelante, teniendo en esa postura mi pene introducido hasta el fondo de su vagina, sentí como dejaba dentro de ella todo el semen acumulado desde por la mañana, desde que me chupo el pene la señora en la playa. 

Me quede en el interior de ella unos minutos deleitándome, al sacar mi miembro Sara comenzó a soltar un chorro de semen desde su coño hasta el suelo, parecía un cartón de leche rajado por la base, tras soltar su contenido acabó la «extracción» de mi semen con unas contracciones vaginales que dejaron caer unas gotas espesas sobre el suelo; como si fueran perlas aplastadas...

El resto de las vacaciones siguieron con el mismo frenesí, al concluir las mismas quedamos en vernos los fines de semana en Córdoba, siempre que nos fuera posible; mientras tanto y entre semana les daría órdenes por teléfono sobre actividades «lúdicas» que tendrían que hacer.

Nos veríamos y les daría órdenes solo durante el «año de contrato de sumisión que ellas redactaron», a no ser que Sara, Ingrid y Virginia decidieran prorrogarlo cuando concluyera.

Al despedirme de las tres le di un beso muy apasionado a cada una de ellas, tras besarlas se montaron en su coche y se marcharon; desde la puerta de la casa rural las observe partir y tras los cristales del vehículo vi lágrimas en sus ojos.

Yo antes de partir di un paseo por las cercanías de la casa para tener siempre el recuerdo en mi mente de aquel lugar en el que fui tan feliz. 

                                                -    FIN     -

© TAHOTLO  

3 de octubre de 2015  (Final del relato y final de la serie)


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