Con Sergio Espinoza, el actor de TV

Por Afrodita iluminada
Enviado el 29/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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¿Qué mujer no ha soñado con sentir la verga de Ryan Gosling, hacerle una mamada a Brad Pitt, tirarse a Chris Hemsworth... o, por qué no, hacer una sucia gangband con los tres?..  

Hace poco tuve una de las mejores folladas de mi puta existencia. Revisando mi correo electrónico en un día normal de trabajo, encontré una invitación para un viaje con motivo del lanzamiento de una serie de un cotizado canal de televisión de mi país. Me emocioné porque por fin podía escapar de la rutina y viajar a la capital a conocer gente bonita. Confirmé mis datos y cinco días después iba en el avión de camino al evento. 

Ya en el salón, estaba con colegas periodistas y esperábamos el primer episodio de la serie, en especial porque el protagonista era Sergio Espinoza, un actor relativamente nuevo, que debutaba con el estelar. Sergio es guapo pero en persona es un dios griego. Mide 1.80 centímetros, es de piel blanca, tiene hermosos ojos cafés, nariz perfilada y deliciosos labios rosa con una barba naciente. Además, posee una figura atlética y vestía chaqueta negra, camisa blanca y jean oscuro que le daba un toque de misterio y sensualidad. 

Luego de muchas entrevistas era mi turno. Me presenté: "soy Tutina Bohorquez", dije. Le pedí una selfie y decidí preguntar algo diferente. Me senté en frente de él y al intentar cruzar mis piernas rocé por accidente las suyas. Me disculpé y sentí como mis mejillas se sonrojaron. Sergio, divertido no me contestó, solo se dispuso a responder. A mitad de la entrevista, su pierna rozó con la mía y con voz ronca me dijo "yo no me disculpo". Me puse como un tomate y mi sexo casi estallaba por el corrientazo instantáneo. "Hijo de puta, me calentó", pensé. De los nervios finalicé la entrevista y me levanté como un rayo directo al baño de mujeres. 

No podía dejar de mirar en el espejo a esa morena, voluptuosa, de cabello oscuro largo, nerviosa, sonrojada y cachonda. En la blusa de algodón color blanco que tenía ya se asomaban mis pezones duros y lo apretado de mi jean hacía fricción con mi hinchado clítoris. Con la respiración entrecortada  me lavé la cara, pero no servió de nada. Como el baño estaba solo aproveché para entrar a uno de los cubículos, desabroché mi jean y con mi dedo morboso comprobé lo mojada que estaba. En mi mente me imaginaba como era la verga de Sergio y el sabor de su leche. Pensaba en lo profundo que podría bajar con mi garganta y en los movimientos que le haría. Al imaginarlo dentro de mi apretada concha estallé de placer y suprimí mis gemidos con mi mano derecha en la boca, mientras con la izquierda me daba más duro para agudizar el orgasmo. Feliz y relajada salí del baño de damas y lo encontré a él en la puerta con una mirada traviesa. 

"¿Por qué te fuiste Tutina?", me preguntó 

"Solo tenía que ir al baño", respondí 

"¿Y te viniste rico?, cuestionó 

Quedé como un tempano de hielo. Él me empujó de vuelta al baño, cerró la puerta con seguro y me puso contra la pared agarrando mis manos sobre mi cabeza. 

"Te vi desde que estabas en la fila de entrevistas, mejor dicho, vi a tus grandes tetas y enseguida me paraste la polla. Además tienes unos labios gruesos hermosos y estoy seguro de que eres una experta chupadora", dijo. 

Yo solo me concentraba en lo aprisionada que me tenía con su erección y en como deseaba vivir la experiencia de follar con un desconocido  y más si es famoso. 

Entre jadeos susurré que quería su polla y él me besó con fuerza. Metió su lengua tan adentro que no podía respirar. Él sabía a cereza y a menta. Yo respondí de la misma forma... lasciva y adictiva. Soltó mis manos, subió mi blusa, mi sostén y liberó mis tetas, los pezones parecían unas rocas. Siguiendo con su brusquedad se metió mi pezón derecho en la boca, lo mordió y lo jaló. Grité del dolor y placer pero él tapó mi boca. "Así es como me provoca cogerte, duro, con fuerza, hacerte gritar... estás cachonda y eso me vuelve loco", dijo. 

Sergio cogía mis senos como si me los quisiera arrancar. Los apretaba y masajeaba tan rico que yo comencé a orinar mis pantys. "Para por favor... Tengo la ropa interior muy húmeda... me la voy a tener que quitar!", le susurré al oído. Eso lo prendió más porque me puso de espaldas contra el lavamanos, bajó mi jean, se agachó, mordió mi nalga derecha y me dio un manotazo en la izquierda. "Que perra eres... te quiero tratar como una puta... periodista puta", dijo. En vez de ofenderme solo me excitó más... no lo podía creer. Con un instinto animal, Sergio destrozó mi tanga blanca (una de mis favoritas) y sosteniendo con una mano mi cabeza metió dos dedos de su mano libre dentro de mi concha. Los movía tan rápido que me retorcía y mis piernas temblaban de placer... casi no podía sostenerme en pie. 

"Toma perra.... disfruta... ¿Te gustan mis dedos?.. ¿Quieres más rápido?...", me preguntó, luego sacó sus dedos, los lamió y los volvió a meter duro. 

Entre jadeos yo le pedía más... estaba deseosa de su polla... "Qué rico... dame... eres el mejor... ah!.. Ah!.. Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh", exploté y vi la gloria. 

Contento con su logro, Sebastián se desabrochó el pantalón y no me decepcionó. Sacó una verga gruesa, venosa, cabezona y con una babita que me obligó a saborear. "Tómate mis jugos y no lo desperdicies porque te hago lamer el piso del baño", me ordenó. 

Chupé esa polla como si mi vida dependiera de ello. Hice movimientos circulares en su cabeza y metí mi lengua en su orificio. Luego le presté atención a sus testículos y pasaba mi lengua por su perineo. 

"Dale... Qué buena  eres.. Sigue chupando perra que me voy a venir... sigue...sigue... Ahhhhhh", me alentó.

Faltando poco para llegar, volvió a levantarme, me sentó de frente a él en el lavamanos. Con su mano izquierda me masturbaba, mientras yo me chupaba los senos y le exigía más intensidad. Con su otra mano, se cogía la verga y al final me regó su leche por toda mi concha. Abrió mis labios inferiores para que cayera adentro y se chorreara hasta mi ano. 

Cuando volvió en si, me dio un beso, se limpió y salió del baño como si nada. 

Entre remordimientos y vergüenza me arregle, me quede sin bragas y salí del baño. Yo solo quería que el evento se acabara rápido para no volver a ver su cara... Ya en el avión y a pocos minutos de despegar, subí la selfie que me hice con él antes de la entrevista, lo etiqueté y apagué mi celular. 

Al aterrizar, prendí mi equipo y tres alertas sonaron. Descubrí que Sergio le había dado 'like' a nuestra selfie, era mi nuevo seguidor y tenía un mensaje suyo por inbox: "Cuando hago un trabajo, nunca lo dejo incompleto... Deseoso por clavarte... Dame tu número"... 


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