UN AMOR ETERNO

Por samuelebeniabram
Enviado el 27/04/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Un amor eterno

Hola, amor mío, ¿cómo estás?

¡Mira! te he traído tres rosas rojas, son el símbolo del amor eterno. Lo sabes… El número tres representa el cuerpo, el alma y el espíritu. La totalidad. El pasado, el presente y el futuro. La eternidad de un amor. Un amor que va más allá del tiempo. Un amor como el nuestro. ¿No me dices nada?

Bueno… No importa si no tienes ganas de hablar, no pasa nada. Me siento aquí a tu lado y te hago compañía, así te cuento lo que me pasó hace un par de noches, cuando salí con unos amigos.

Fui a cenar al restaurante de Camilo, ¿te acuerdas?

Sí, claro… Ese viejo restaurante de madera, en aquella callejuela sin asfaltar y sin luces, donde normalmente van a cenar todas las personas más importantes de Roma. ¿Te acuerdas ahora?

Habíamos ido alguna vez juntos a comer el arroz con champiñones que tanto te gustaba. ¿Recuerdas?

Sí, sí, allí mismo.

Hacía tanto que no iba… Si recuerdo bien, la última vez hace alrededor de tres años. Fue justo para festejar nuestro aniversario.

Como te decía, la otra tarde hicieron una de sus habituales fiestas.

¿Sabes, Leticia? No tenía ganas de quedarme en casa solo, me sentía un poco nostálgico, melancólico, y acepté la invitación. Pero si te digo la verdad, al rato de estar allí, en medio de toda aquella gente que hablaba de cosas aburridas, y tenían una actitud de personas importantes, me he aislado con mi vaso de vino y he ido a sentarme al mismo sitio donde estaba sentado la primera vez que te vi. Cuando nos conocimos. ¿Te acuerdas ahora?

¿Te hace gracia lo que te cuento? No entiendo… ¿Por qué te ríes tanto?

Pensándolo bien, si te digo la verdad, para mí conocerte fue una de las cosas más bonitas que me habían sucedido en la vida. Fue un encuentro maravilloso. Como tú has sido y serás siempre para mí maravillosa.

No entiendo porqué te hago reír tanto. ¿Te acuerdas al menos lo qué pasó? ¿Cómo nos conocimos? ¿De qué modo?

¿Sabes, Leticia? Yo me acuerdo de todo lo que sucedió entre nosotros, también de los detalles más insignificantes. Tu sonrisa, tus ojos, tu vestido. Me acuerdo incluso de las palabras que te dije la primera vez que me presenté ante ti. Aquel encuentro, aunque haya pasado mucho tiempo, aún lo recuerdo. ¿Sabes? Cada noche antes de dormir lo recuerdo y me hace reír. Fue muy bonito. Tienes que reconocer que tuve coraje, mucho coraje. Para uno como yo, que nunca habla con nadie. Fue difícil, ¿sabes? Pero lo volvería a hacer, ¡claro que lo volvería a hacer! Lo haría de nuevo, amor mío. Repetiría todo lo que hice aquella noche.

¿Te hago reír? ¿Soy un poco payaso? ¿Por qué me dices que soy un payaso?

¿No te gustó lo que sucedió entre nosotros? ¿No lo recuerdas también tú alguna vez?

Pero quizá tienes tú razón, Leticia; realmente soy un payaso.

¿Demasiado romántico? ¿Demasiado sentimental?

Pero tú sabes cómo pienso, ¿no? Ahora hace ya tanto tiempo que nos conocemos, ¿verdad?

El amor para mí no es algo simple, sino que es el encuentro de dos almas que andaban buscándose por el mundo. Siempre he estado convencido de que el alma respira a través de lo que hacemos y le concede el valor.

A través del arte crea el artista; a través del intelecto, el genio, y a través del sentir, crea la pasión desde donde quizá, a veces, brota el amor. Un gran amor, como el nuestro.

Yo creo que si se prueba a amar sin alma, nada puede dar placer, y para mí, los pensamientos pasan vacíos sin que tú estés. El entusiasmo en el vivir un amor es uno de esos momentos mágicos y únicos donde el alma se revela y se manifiesta. Revela su poder, su fuerza, porque está invadida por una presencia divina. ¿Entiendes lo que quiero decirte?

¿Estoy loco? Quizá sí, Leticia, es así, estoy loco. La verdad es que estoy aún loco por ti. Te amo como el primer día. Y lo que sucedió entre nosotros, cuando nuestras almas se reconocieron…, fue tan hermoso y tan emocionante que el recordarlo me llena el corazón de alegría.

Pero ¿te acuerdas?

También aquella tarde, cuando nos conocimos, hacían una fiesta. El restaurante estaba lleno de personajes famosos. Yo estaba sentado con los cuatro amigos de siempre. Estábamos terminando de cenar. Sí…, también estaba Filipo. ¿Te acuerdas de Filipo? Tú a él no le gustabas nada. Me decía que eras demasiado pequeña, muy regordeta, las piernas torcidas, con esas gafas horribles y que vestías mal. Estaba loco Filipo. No ha entendido nunca nada de las mujeres. Se dejaba guiar solo por las apariencias, por eso siempre era infeliz.

Aunque no lo creas; aquella noche yo estaba aburriéndome terriblemente. Una vez terminada la cena, seguramente me hubiera ido a casa. No me malinterpretes, no era por mis amigos; es más, con ellos estaba bien. Pero aquel ambiente tan pesado y superficial que se había creado no formaba parte de mi mundo.

¿Mujeres bonitas? ¿Había mujeres bonitas?

Pero ¿qué más da eso? ¿Y entonces? ¡A mí no me gustaba ninguna! Pero ¿por qué me dices que soy un antiguo?

No es verdad, no es cierto, Leticia, yo no soy un antiguo. Solo que mi mundo está hecho de cosas simples, terrenales y reales. Amo un contacto distinto con las personas y aquel tipo de gente no era para mí, de verdad. Pero tú lo sabes… claro que lo sabes.

Para mí, el encuentro entre un hombre y una mujer debe ser algo único, especial.

Un sueño que pertenece solo a dos amantes.

Inalcanzable para quien no forma parte de ese sueño. El amor, en definitiva, es la alianza de dos almas que se observan y se estudian en la profundidad que las une, donde sus diferencias vienen superadas.

¿El amor perfecto?

Venga, Leticia, no me hagas reír. ¡El amor perfecto no existe! Está muerto, rancio, estancado porque está desprovisto de lo principal: del deseo, del temor, de la pasión. Le falta la fuerza de amar que reside dentro de cada persona. Hay una fisura en cada cosa, pero es en esto en lo que reside el secreto de amar. Y cuando se demora el amor, todo a nuestro alrededor experimenta una metamorfosis y hace, sí, que nuestra alma se aleje.

¿Te acuerdas? Éramos dos desconocidos cuando te vi la primera vez. Cuando nuestras miradas se encontraron. De aquella mirada comenzó el final de mi historia personal, de mi vida. Todo se hacía añicos a mis espaldas y todo perdía importancia. Y todos aquellos amores y aquellas aventuras intensas vividas hasta aquel momento con mujeres maravillosas, desaparecieron en la nada. En la nada, Leticia. Todo desapareció en la nada.

Yo creí en aquella mágica conexión. No había estrategias en nuestra mirada. No estaba distraída por nada.

Era pura, verdadera, sincera.

PARA SEGUIR...

https://elalmapregunta.wordpress.com/2016/04/27/un-amor-eterno/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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