Mi libro, C. 12

Por Jesús A.
Enviado el 28/04/2016, clasificado en Varios / otros
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CONTINUACIÓN DE ESPARTACO

Como resultado de este fracaso, Graso se puso serio con los que abandonaron en la lucha contra los rebeldes, de los que de cada diez ordenó ejecutar a uno, como se hacía en la antigüedad. Por ese motivo, ningún soldado volvió a repetir lo sucedido.

Entre tanto, Espartaco entraba en Campania y al poco tiempo se acercó a la población de Turi, en donde varios comerciantes se interesaron por el saqueo conseguido por Espartaco. Con falta de ingredientes para hacer armamento, no dejó hacer otros cambios a sus hombres que no fueran por hierro y cobre, que era lo que le valían.

Luego Espartaco con sus tropas llegó al mar Tirreno, en el lugar de Calabria. Donde habló con los bucaneros de Cilicia, los que le dijeron que le proporcionarían una escuadra para llevarlos a Sicilia, con la intención de hacer de la isla un lugar para ellos intocable, pero los romanos se dieron cuenta de lo que quería hacer Espartaco, por eso compraron a los bucaneros, quienes engañaron a Espartaco.

Craso, al regresar del norte y al saber que los sublevados querían cruzar a Sicilia, trató de que no salieran de la zona sudoccidental de Italia. Para eso hizo de costa a costa una fortificación de alrededor de 65 km., echa con una ancha y honda excavación y un vallado de 4´50 m. de alto. Espartaco quiso pasar pero no pudo, aunque después puso en práctica lo que había hecho Aníbal hacía 144 años. En una noche borrascosa juntó todas las vacas a su alcance, situó en sus astas teas encendidas y las lanzó contra el vallado. Los romanos se juntaron en el lugar hacía donde iban las teas, aunque no tardaron mucho en saber que en vez de ser los rebeldes, eran vacas. Los sublevados, de esa forma pasaron el vallado por otro sitio sin molestias y volvieron a Lucania (Basilicata de ahora), en la zona norte del golfo de Tarento.       

El fin de la rebelión: El Senado de Roma no confió más en Craso, al darse cuenta de que no era capaz de derrotar a los rebeldes. De esa manera, mandaron al militar Cneo Pompeyo, que hacía poco llegara de Hispania, en donde había vencido no hacía mucho la insurrección de Sertorio. A Licinio Lúculo, comisionado de Macedonia, se le indicó que pusiera pie en tierra con su ejército en el desembarcadero de Bríndisi por Grecia. El plan del Senado era rodear a los rebeldes por tres sitios: por el noroeste Pompeyo, por el suroeste Craso y por el este Lúculo. Así los romanos juntarían a unas 20 milicias, unos 120.000 soldados, de ellos, los de Pompeyo destacaban por estar acostumbrados a vencer.

Estando en esa situación, hubo de nuevo desencuentros entre los sublevados, porque los franceses y los germánicos, liderados por Casto y Gannicus (sobre unos 30.000 rebeldes), se fueron de junto a Espartaco, siendo vencidos por Craso. Aunque al principio de la sublevación la marcha de un conjunto parecido, no produjo ningún debilitamiento, en este momento las cosas eran diferentes. Pues si había alguna debilidad de las tropas de Espartaco correrían mucho peligro, porque ya no quedaban más hombres para sumárseles. Así, Espartaco solo tenía unos 80.000 rebeldes.

Al final, Espartaco llegó  a Brindise. Quizás deseó atravesar el mar Adriático y poner los pies en Grecia o Iliria. Aunque seguramente no podía realizar este sueño, porque no tenía en que irse, aún no había podido pasar el reducido estrecho de Mesina, para pasar el mar Adriático. Aun así, Espartaco se dispuso a probar. Cuando estaba llegando a la población, sus confidentes le dijeron que Lúculo había llegado. Por lo que dio marcha atrás para combatir con Craso y Pompeyo.

En Apulia, en el año 71 a. C., se llevó a cabo el postrero enfrentamiento. Antes de este le dieron la caballería a Espartaco al que mataría con su espada, mascullando “si venzo ya tendré más de los contrarios y si me vencen ya no me ara falta”. Se dispuso a pelear sin caballo como sus compañeros, empujados por el modelo de Espartaco, se dispusieron a luchar para no regresar a la situación de antes, lucharon con toda el alma, aunque no aguantaron la supremacía de las tropas romanas entrenadas en los conflictos de la península ibérica. 60.000 esclavos murieron en el enfrentamiento; mientras que de los romanos solo murieron 1.000 soldados. El cuerpo de Espartaco no se encontró. Los romanos atraparon a 6.000 rebeldes, que con ellos quisieron aleccionar al mundo: a todos ellos crucificaron en el trayecto de la Vía Apia en medio de Capua y Roma, unos 10 m. entre uno y otro.

Los restos del ejército de Espartaco se separaron. Varios lograron escapar y se escondieron con los bucaneros de Cilicia. Otros que no lo llevaron a cabo, los acosaron diariamente: Pompeyo aplastó a unos 5.000 rebeldes que iban de camino al norte, tratando de cruzar los Alpes y dejar Italia atrás, como quiso hacer Espartaco en la primera ocasión.

 


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