75 cl de amor

Por JDLRM
Enviado el 28/04/2016, clasificado en Drama
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Era una noche tranquila, una noche sin luna, una noche cualquiera, un hombre triste entra en un bar, uno tranquilo, con poca luz y música tan solo de ambiente. El hombre se sienta en la barra y llama al camarero -un whisky con hielo por favor- el camarero saca el vaso, deja caer el hielo en su interior, y lo llena, antes de que se pudiese llevar la botella, aquel hombre le agarró el brazo -deja la botella- ¿Un mal día? -Una mala vida- el camarero dejó la botella y se retiró a atender a otros clientes. Justo a la derecha de aquel hombre triste había otro hombre, por su aspecto parecía bastantes años mayor que él, con abrigo de pana, sombrero y luciendo algunas canas, también tomaba un whisky, por un momento se dirigió al hombre triste que tenía a su izquierda: Mirada triste, pero no es nueva, lleva años ahí, decaído, barba de varios días y despeinado es por una mujer ¿Verdad? -A caso no es siempre por una mujer- si, que tontería, siempre he pensado que solo hay dos cosas que pueden hacer daño a un hombre de verdad, una mujer, y un buen golpe en el pie contra algún mueble -No te falta razón- dime ¿No tienes amigos con los que hablar? -Sí, los mejores- ya veo, no es fácil -sencillamente no me apetece hablarlo, y sé por experiencia que no sirve de nada- te entiendo, mejor de lo que crees -¿Eso piensas? ¿Aún sin conocerme de nada? - Si no te conociera, no sabría que no bebes para olvidar, eso nunca sucede -¿Y por qué crees que bebo?- Bebes para quitarte ese nudo que tortura tu garganta, cada trago que das, es un segundo de libertad. El hombre triste se rellenó la copa, y también llenó la del hombre que le acompañaba aquella noche -tienes toda la razón- lo sé, igual que sé que la botella se terminará antes que la tristeza -tendré que pedir otra- si, es una solución -lo es- ¿Qué te parecería compartir tu historia con alguien a quien seguramente no vas a volver a ver en tu vida -¿Porqué me escucharías?- Porque no tengo nada mejor que hacer. Una vez más el hombre triste se rellena la copa -¿Por dónde empiezo?- Cuéntame como es ella -ella es perfecta, aunque piense lo contrario, ella es una luz en la oscuridad, es distinta, es única-  y ella ama a otro ¿Verdad? -no sé si ama a otro, es  muy posible, puede que sí, o puede que no- entonces ni siquiera se lo has dicho ¿Verdad? -Se lo he dicho- ¿Y nada? -Nada, yo no le intereso, al menos no de esa forma, ni siquiera me ha dado una respuesta clara, sencillamente no creo que le interese- no pareces una persona lanzada, algo te habrá hecho pensar que te quería, cuéntame ¿Cómo la conociste? -Pues no lo recuerdo bien, seguramente en un bar, por algún motivo comenzamos a hablar, al principio solo la veía como una amiga, pero estaba convencido de que estaba loca por mí, o eso pensaba antes, en poco tiempo me acabé enamorando de ella, traté de decírselo muchas veces, pero no es lo mío- la vieja historia, llegaste tarde -como siempre, tal vez nunca me quiso de la misma forma que yo a ella y solo era una ilusión, tal vez la alague demasiado, creo que odia eso, tal vez fui demasiado amable, soy un hombre aburrido, tal vez solo era cuestión de tiempo que se diese cuenta de eso, solo sé que no lo sé- eres un buen hombre, las mujeres no hacen cola por las buenas personas -no, siempre terminan con algún imbécil que tan solo se aprovecha de ellas y las tratan mal- ¿Y cambiar no es una opción? -Lo haría si pudiera, pero no soy así- ¿Cuánto llevas mal? -Meses- la quieres de verdad… entiendo que no es la primera vez que te pasa -ni la última- supongo que los hombres como nosotros estamos destinados a estar siempre solos, aunque estoy seguro de que podrías estar con cualquier otra -tal vez podría, pero si de verdad me conoces, sabes que no me interesa- lo sé, no se puede engañar al corazón -no se puede- los estúpidos nos reconocemos entre nosotros. De nuevo el hombre triste rellenó los vasos -eres mayor que yo, y me entiendes, debe de haber alguna forma de pasar página- solo hay una, que yo sepa, y estoy seguro de que lo sabes también -solo un clavo saca a otro clavo- eso es -pero el segundo clavo termina doliendo más que el primero-. El hombre del sombrero terminó su copa, pagó la cuenta y se levantó. Antes de marcharse, dirigiéndose nuevamente al hombre triste dijo: Sé que no hay nada de lo que yo pueda decir que vaya a ayudarte, pero intenta liberar tu mente, respira profundo e intenta dejar que pase, y… ¿Quién sabe? Tal vez si nos vemos de nuevo seas tú quien tenga que escuchar mi historia -gracias por escuchar- no le des importancia -¿Quién eres?- Que más da, solo soy alguien como tú, otro solitario de por vida. No alejes demasiado la papelera de la cama.


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