La Oficina

Por Ralf Bruger
Enviado el 12/05/2016, clasificado en Varios / otros
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Si bajas por Curtidores a primera hora le verás, todos le saludan con respeto. Calvo, siempre anda encorvado y con las manos en la espalda. Zapatos de cocodrilo y en la cintura una hebilla con un rifle. Jamás se la quita, por lo visto era de John Wayne.

Suele empezar la ruta en "los hermanos", café con leche, sobao y acto seguido un botellín. Todos los días la misma rutina. 

Después de que le rían los chistes se deja caer por las galerías, solo por dejar claro que sigue vivo, que aún es anticuario. Y que nadie le tosa, que con doce años ya se pasaba el día restaurando armas de avancarga y relojes.

Abre la tienda y espera a que llegue su mujer. Una mujer elegante, rubia, alta para su época, que empieza a dejar atrás la madurez para entrar en la vejez. Sus arrugas aún permiten ver a una mujer guapa que de joven lo sería aún más. Su muñeca siempre está adornada con joyas de primera y su Rolex de oro. Tiene relojes mejores pero ese se lo regaló Paco, no se lo quita.

Ella no es la más experta pero es trabajadora y una mujer que destila respeto. Además, el exótico acento extranjero vende más.

Una vez que la tienda está atendida se va a la oficina, como dice él, callejeando hasta Santa Ana, allí ya se han reunido unos cuantos, en el Rivas o en Álvarez. Aún son las once de la mañana pero parce no importar demasiado, los botellines de cerveza ya corren por la barra. Un par de rondas al menos, y una que convida Paco. 

A media mañana ya empieza a sonar el teléfono, su mujer trasladando cuestiones que le plantean los clientes, casi siempre precios. Ella conoce los precios perfectamente, ya son años, pero Paco se los cambia según le brote y luego hay follón.

A eso de la una se deja caer por la calle Toledo, en el Aviseo siempre tienen botellines fríos en el arcón de fuera de la barra, y los parroquianos se sirven directamente, siempre siguiendo instrucciones del dueño. Nunca falta una olla con lacón y cachelos hirviendo en el infiernillo de la barra para su buen aperitivo.

También visita a Eduardo, más moderno pero de los de toda la vida. Fritura, sus buenos molletes y conversación divertida.

Para las dos de la tarde ya se acusa el consumo de alcohol…

 

Continuará....


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