La sorpresa (transporte público)

Por Pettit
Enviado el 13/05/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Imagina que no  hay nadie alrededor y puedes hacer lo que te plazca...

Abre las piernas!  Me ordena mi agresor, aprovechando el desperfecto en el vagón,  estábamos parados en mitad del trayecto a la siguiente estación y sin luz, no me gustaba,  él realmente no era de mi agrado lo cual parecía excitarle más, algo había en su forma de verme que me asustaba, pero el instinto más básico  de cualquier persona me estaba jugando una mala pasada, no importaba cuanto me desagradaba mi cuerpo reaccionaba a sus bruscas caricias, era chaparro, de complexión media, calvo en un 30%,  de barba de candado y lentes, no soy elitista de inicio parecía un buen candidato pero su mirada no me inspiraba confianza.

 

Ese era el peor día para que el metro de descompusiera, sin luz y con el tren lleno parecía que todo conspiraba para que él pudiera saciarse, metió la mano con rudeza a mi pantalón, dedos índice y medio fueron lo encargados de violar mi  intimidad, se encargaron de abrir mi labios y dejar expuesta mi poco húmeda vagina, al darse cuenta me dijo al oído ¡poco me importa que no estés mojada, yo la tengo bien parada y te voy a coger, tal pareciera que con esas palabras había encontrado la forma de mojarme, una combinación de excitación, temor y repulsión se apoderaron de mi cuerpo y las bocinas del metro ya habían avisado que al menos 15 minutos estaríamos atorados. Esa fue la señal sin más preámbulos abrió mi chamarra y sacó mis senos del sujetador, teniendo como único impedimento con mis erectos pezones la blusa, los pellizco con fuerza en verdad era doloroso, pero en ese dolor había cierta excitación, mi clítoris comenzaba a reaccionar, podía sentirlo palpitar y él al tener su mano en mis labios pudo percatarse de ello, ¿así que te está gustando?  Yo sé quién eres, he visto como te dejas manosear por todos esos hombres y hoy!  Es mi turno, pero yo voy a hacer más, yo voy a hacer que nunca te olvides de mi, como lo haces con ellos, debo confesar que eso me dio un excitante temor. 

Tibio esa fue lo que sentí en el vientre, se estaba masturbando, y sentía como se ponía más duro con cada arremetida, algo escurría hasta mi vagina líquido preseminal, bajo mi cierre, mi ropa interior y metió su verga ese líquido empezaba a lubricar mis labios, debo confesar que me sorprendió la delicadeza con la que su pene circuncidado rozaba la unión de mis labios, que error más grande fue confiarme, en menos de diez  segundos me embistió con tal fuerza que salió un quejido ahogado de mi boca, nadie se percataba de lo que estaba pasando, todos a nuestro alrededor estaban tan estresados que poco les importaba lo demás, él al escuchar mi quejido de dolor me penetro con más fuerza dejándome adentro tremendo trozo y susurrándome al oído, que apretadita la tienes así te quería coger!.

Esos cerca de veinte minutos fueron eternos, entre el miedo y la excitación me encontraba siendo penetrada por un loco obsesivo que de vez en vez pellizcaba mis pezones o agarraba mis nalgas para penetrarme con más fuerza, sentí esa última embestida con mayor fuerza sabía que se había vaciado en mi, sacó su verga de mi adolorida pero feliz vagina porque si!!  Yo también me había venido, yo también había disfrutado mi abuso. 

 


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