Duro (y deseado) entrenamiento...con otro

Por Satine1991
Enviado el 19/05/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Diana estaba realmente cabreada. Óscar se había tirado a Macarena y ambos habían llegado al día siguiente como si nada al entrenamiento. Cuando ella le preguntó directamente sobre qué había ocurrido él no le contestó, pero no fue necesario. Sus ojos lo habían dicho todo. 

Iba caminando por la calle con la mochila en un hombro. Caía una ligera lluvia pero el gorro de su chaqueta impedía que se mojase demasiado. LLegó al gimnasio media hora antes de lo normal. Era muy temprano y tan solo Alex estaba en la oficina acristalada. La saludó con una sonrisa y Diana levantó ligeramente la mano antes de entrar al vestuario. Él se dio cuenta de que sucedía algo. No solía meterse donde no le llamaban pero veía que se estaban traspasando límites. 

Llamó suavemente con los nudillos al vestuario de las chicas y abrió un poco la puerta. Vio a Diana colocándose las zapatillas y con los ojos llenos de lágrimas. 

- ¿Qué pasa?-preguntó Alex entrando.

Ella parpadeó y las lágrimas que tanto luchaba por contener se deslizaron por sus mejillas. 

- Quiero que me cambies la hora de entrenamiento. No me importa la que sea. No quiero estar con ellos dos. No puedo estar con él.

Alex no pronunció ninguna palabra. La cogió de la mano y la condujo a la sala de masajes para que nadie pudiera verlos o interrumpirlos. Le indicó que se sentase en la camilla, cerró la puerta y cruzó los brazos. La miró y le pidió que le explicase exactamente qué estaba sucediendo.

Diana le contó todo, desde cómo había sido tan idiota de acostarse con Óscar hasta el lío de éste con Macarena. Y durante todo el relato no dejó de llorar. Alex se acercó a ella. Él solía mantener mucho la distancia por ello le resultó extraño que le cogiese la mano. 

- Escúchame. Lo primero deja de llorar por alguien que no lo merece. Tú mereces algo mejor. Mereces mucho más-le acarició suavemente la cara. Ella se dio cuenta de que estaban a pocos centímetros.

Se sintió confundida por la situación y se puso de pie. Eso hizo que se quedasen aún más cerca. 

- Yo...-empezó a decir Diana. Pero no le dio tiempo a seguir hablando. 

Alex se inclinó y la besó. Y no fue un beso como los de Óscar. Fue más suave y cálido. Menos urgente. Inconscientemente llevó los brazos alrededor de su cuello. Él la abrazó. Diana notó que él estaba excitado, su polla rozaba una de sus piernas. 

Alex deslizó una mano por su espalda hasta su culo. Ella se separó de su boca.

- No sé si esto debería estar ocurriendo-susurró. 

- Yo creo que sí debe ocurrir. Porque llevo imaginándolo demasiado tiempo-contestó él volviéndola a besar. 

Diana llevó las manos a su pecho y le quitó la camiseta. No sabía lo que sucedía en su interior. Lo conocía desde hacia más de un año, pero nunca le había visto como algo más. ¿Había estado ciega con Óscar? Alex comenzó a besarle el cuello. Se tocaban como si fuera la primera vez que se veían. Él tiró de la camiseta de ella, que quedó tan solo con el top deportivo. 

Diana bajó la mano por el pecho hasta tocar su polla por encima del pantalón. La rodeó despacio con su mano y subía y bajaba lentamente. Alex le mordió el labio y la agarró fuerte del culo apretándola contra él. La agarró por los hombros y la giró, instándola a apoyar las manos en la camilla. Ella quedó de espaldas a él, que se arrodilló detrás de ella y empezó a bajarle las mallas. Cuando se deshizo de ellas besó su culo y le separó las piernas a Diana. Muy despacio le acarició las piernas provocándola antes de llevar la mano a su coño. No podía verle la cara pero la escuchaba jadear. 

Pasó un dedo por encima de su tanga varias veces mientras mordía suavemente su culo. Apartó la escasa tela y por fin pudo tocar ese coño que tanto había ocupado sus fantasías. Introdujo un dedo. Estaba mojado, pero quería que lo estuviese aún más. 

- Alex...por favor...

Él se puso de pie y la puso de nuevo frente a él. 

- Esto no es como con él. Para mí no es solo sexo-dijo besándola. 

Fue Diana la que empezó a bajarle los pantalones. Él se los terminó quitando y la cogió en brazos para subirla a la camilla. Ella se sentó y él se colocó entre sus piernas. La penetró muy poco a poco mientras la miraba directamente a los ojos. Cuando estuvo dentro de ella por completo la agarró del culo y la pegó a él. Ella le rodeó las caderas con sus piernas y él pudo levantarla en vilo y retirarse de la camilla.

Sujetándola con sus brazos la subía y bajaba sobre su polla. Diana puso las manos en sus hombros y se impulsaba ligeramente hacia arriba. Sentir la fuerza que él desprendía la ponía muy cachonda. Dejó caer la cabeza hacia atrás y gemía a la vez que le clavaba las uñas en los brazos. 

- Bésame-le pidió él. Y ella se inclinó para besarlo mientras Alex la dejaba de nuevo en el suelo. 

- Deberíamos salir-susurró Diana contra su cuello. Él la abrazaba y le acariciaba muy despacio la espalda. 

- Quiero que te corras antes de que salgamos de aquí-le dijo abrazándola por detrás.

Diana sintió su polla en el culo pero se dio cuenta de que él no tenía intención de penetrarla, simplemente se rozaba contra ella. Llevó una mano a sus tetas y la otra a su coño mientras le besaba el cuello. Comenzó a trazar círculos en su clítoris con un dedo mientras le agarraba uno de los pezones. 

- No sabes lo que es despertarse con la polla dura pensando en ti. En follarte-susurraba y a la vez aceleraba el ritmo de sus caricias. A ella la excitaba imaginar esa polla dentro de su culo y quería agacharse para poder decirle que lo hiciera pero Alex la sujetaba firmemente en esa posición. No tardo en correrse dejando la mano de él muy mojada. 

Se giró y le miró a los ojos. 

- ¿Y tú qué?-preguntó ella con una sonrisa pícara. 

- De momento me conformo con esto. Espero que haya más. Será mejor que salgamos.

Los dos empezaron a vestirse y escucharon que alguien había llegado al gimnasio. Antes de salir Alex la volvió a besar y ella sonrió. Abrieron la puerta y casi chocaron con Macarena que estaba en el pasillo. Les miró con los ojos entrecerrados y pareció adivinar lo que acababa de ocurrir. 

- ¡Vaya! Buenos días. Ya veo que la mañana empieza bien.

En ese preciso momento Óscar entró por la puerta con su mochila al hombro. La situación no podía ser más desagradable. 

- ¡Buenos días Óscar! Venga, cámbiate rápido y calentemos....porque Diana ya ha calentado bastante por hoy- dijo Macarena dándose la vuelta y marchándose a la sala. 

Óscar se quedó mirando a Alex y a Diana, la cual se puso colorada y no sabía dónde mirar. No quería creer las insinuaciones de Macarena. ¿Habría visto algo extraño? No dijo nada y se marchó al vestuario masculino. 


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