Mi libro, C. 28

Por Jesús A.
Enviado el 18/05/2016, clasificado en Varios / otros
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El paso de los cruzados por el Reino de Hungría: El sermón de Urbano II al principio movió al proletariado, liderado por el orador Pedro de Amiens el Ermitaño y varios hidalgos franceses. Esta agrupación conformó la denominada Cruzada popular, Cruzada de los pobres o Cruzada de Pedro el Ermitaño. De manera desordenada marcharon con dirección al Oriente, produciendo mortandad de judíos en el camino. Las tropas del monarca Colomán de Hungría (sobrino del reciente muerto monarca Ladislao de Hungría), en marzo de 1096 rechazarían a los nobles franceses de Valter Gauthier los que penetraron en Hungría provocando muchos saqueos y muertos en los aledaños de la población de Zimony. Más tarde penetrarían las tropas de Pedro de Amiens, quien fue protegido por el ejército húngaro de Colomán. Aunque, después de que los cruzados de Amiens asaltasen a al ejército de protección y asesinasen a unos 4.000 húngaros, las fuerzas del monarca Colomán tendrían una postura adversa contra los cruzados que pasaban por el territorio camino de Bizancio.

No obstante al desorden producido, Colomán dejó entrar a los fuerzas de cruzadas de Volkmar y Gottschalk, a los que al final tuvo enfrentarse y vencer en los aledaños de Nitra y Zimony, que también produjeron innumerables daños y muertos. En el lance específico del cura germano  Gottschalk, quien penetró en territorio húngaro sin permiso del monarca y puso su acampamiento en los aledaños del establecimiento de Táplány. Al asesinar a la gente del poblado, Colomán, irritado, echó por las armas a las tropas invasoras alemanas.

Luego los húngaros pararían a las tropas del noble Emiko (el que matara en territorio germano a alrededor de cuatro mil hebreos) en los aledaños de la población de Moson. Colomán rápidamente vetó la permanencia en la Hungría de Emiko y no tuvo más remedio que confrontarse al sitio del noble alemán en la población de Moson, en la que se encontraba el monarca húngaro. El ejército de Colomán defendió valerosamente la población y, dividiendo el cerco, consiguió ahuyentar las tropas cruzadas del acosador.

Algo más tarde, el monarca húngaro obligó a Godofredo de Bouillón a rubricar un acuerdo en la Abadía de Pannonhalma, en el cual los cruzados se responsabilizaban a cruzar pacíficamente por tierra húngara. Después de lo cual, las tropas seguirían en el exterior de la tierra húngara custodiadas por las fuerzas de Colomán e irían en dirección a Constantinopla. Al entrar en Bizancio, el Basileus no tardó en mandarlos más allá del Bósforo. Sin tomar precauciones se metieron en tierras turcas, en las que han sido masacrados sin dificultad.

La cruzada de los príncipes, Sitio de Jerusalén en 1099: Bastante más ordenada ha sido la denominada Cruzada de los Príncipes (llamada normalmente historiográficamente como la Primera Cruzada) a finales de julio de 1096, integrada por varias milicias armadas provenientes esencialmente de Francia, Países Bajos y del territorio normando de Sicilia. Estas facciones las lideraban aristócratas de segunda fila, como Godofredo de Bouillón, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento.

En el transcurso de su permanencia en Constantinopla, estos líderes prometieron restituir al Imperio Bizantino aquellas tierras perdidas ante los turcos. Partieron de Bizancio en dirección a Siria pasando por tierras selyúcidas, en las cuales lograron varios y sorprendentes éxitos. Al entrar en Siria, asediaron a Antioquía, que ocuparon después de sitiarla durante siete meses. Aunque, no la restituyeron al Imperio Bizantino, pues Bohemundo la conservó estableciendo el Principado de Antioquía.

De Antioquía partieron en dirección a Jerusalén, ganando varias poblaciones en su ida y eludieron  algunas más. Asediando la ciudad en junio de 1099, que conquistaron el 15 de julio de 1099. En su ocupación, los cruzados no respetaron a ningún ciudadano haciendo una horrible carnicería.

De esta manera terminó la Primera Cruzada, y bastantes de sus componentes regresaron a sus tierras. Los demás permanecieron para afianzar la tenencia de las tierras recientemente ocupadas. En unión al Reino de Jerusalén (que al principio lideró Godofredo de Bouillón, que cogió la titulación  de Defensor del Santo Sepulcro) y al territorio de Antioquía, se fundaron también los distritos de Edesa (hoy Urfa, en Turquía) y Trípoli (en el Líbano de la actualidad).

Luego de estos triunfos del principio originó una multitud de otros guerreros que conformaron la denominada Cruzada de 1101. Aunque, esta incursión, partida en tres agrupaciones, ha sido vencida por los turcos al querer pasar por Anatolia. Esta derrota apaciguó los ánimos de las cruzadas en el transcurso de los años venideros.

Fragmentaciones de las administraciones del contorno alrededor de 1140. Por la partición de los Estados árabes, los Estados latinos (o francos, como les llamaban los musulmanes), lograron implantarse y permanecer. Los dos monarcas iniciales de Jerusalén, Balduino I y Balduino II han sido reyes competentes que extendieron su dominio a todo el territorio que estaba en medio del Mediterráneo y el Jordán, e inclusive más lejos. Sin esperar, se adecuaron al variable método de pactos comarcales y lograron luchar en conjunto con países árabes contra adversarios que, también tenían en sus tropas árabes en medio de los combatientes cristianos.

Aunque, en dimensión el ánimo de cruzada iba bajando entre los galos, cada vez más confortables en su reciente forma de existencia, entre los árabes se desarrollaba el exhortar la yihad o guerra santa trastornados por los oradores contra sus descreídos administradores, competentes para aceptar la existencia cristiana en Jerusalén e inclusive de asociarse con sus monarcas. Esta sensación ha sido aprovechada por varios líderes que lograron unir a los diferentes países árabes y abalanzarse a la reconquista de las monarquías cristianas.

El que inició las hostilidades ha sido Zengi, administrador de Mosul y de Alepo, que en 1.144 se hizo con Edesa, acabando con uno de los Estados galos. Como réplica a esta ocupación, que ha puesto en convicción la fragilidad de los Estados cruzados, el Papa Eugenio III, por boca de Bernardo, abad de Claraval (afamado orador, creador de la norma de los templarios) pregonó la Segunda Cruzada en diciembre de 1.145.

Se diferenció de la inicial, en que en la segunda colaboraron monarcas cristianos, liderados por Luis VII de Francia (en unión de su mujer, Leonor de Aquitania) y del soberano alemán Conrado III. Las desavenencias entre galos y germanos, igual que con los bizantinos, han sido abundantes en toda la incursión. En el momento que los dos monarcas entraron en Tierra Santa (aunque en solitario) resolvieron que Edesa era una meta secundaria y se dirigieron a Jerusalén. De donde, para desespero del monarca Balduino III, en vez de luchar contra Nur al-Din (vástago y heredero de Zengi), prefirieron combatir Damasco, país autónomo y amigo del monarca de Jerusalén.

La campaña ha sido un revés, porque después de unos días de sitio ineficaz, las tropas de los cruzados evacuaron y regresaron a sus naciones. Con esta acción estéril lograron que Damasco fuera conquistada por Nur al-Din, que lentamente iba rodeando los Estados galos. Después, la acometida de Balduino II a Egipto conseguía que Nur al-Din interviniera en la frontera sur del feudo de Jerusalén, arreglando la vía para finalizar el feudo y la citación de la Tercera Cruzada. CONTINUARÁ

 


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