Mi vecina de al lado

Por Ivan_05
Enviado el 22/05/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Aquella noche había bebido un poco más de la cuenta. Al salir de aquel antro, donde nos reunimos a menudo con los colegas, decidí ir a casa andando para que me tocara un poquito el aire y aclarar mis ideas. No conseguía sacarte de mi cabeza.

Llegué a mi portal. Cogí el ascensor ya que no me veía capaz de subir por las escaleras y llegar al segundo piso sin caerme. Al entrar, un fuerte olor a perfume de mujer se apoderó de mis fosas nasales. Inspirándolo fuerte me di cuenta de que me era familiar, ya lo había olido en otras ocasiones.

Se cerraron las puertas automáticamente y mientras ascendía a mi casa escuché unas carcajadas y una voz femenina que decía algo que no logré descifrar. Me recordaba a ti. Me di cuenta que procedía de la misma planta en la que yo paraba. Era imposible que fueras tú, ya que aún permanecías dentro del bar cuando yo me fui.

Por fin se para el ascensor. Empiezo a dudar, creo que el alcohol que llevaba mi copa me está jugando una mala pasada. Pienso en el que se muere de sed y de repente ve un oasis, o incluso en Don Quijote y sus ganas de luchar contra gigantes. Cuando se abran las puertas será todo una simple alucinación y podré descansar tranquilo.

Un amigo mío me dijo una vez que la realidad es una alucinación causada por la falta de alcohol. Así que empecé a creer que es real, que hay alguien al otro lado, probablemente la mujer de mi vida. Se abre la puerta.

Asomo la cabeza y veo una silueta entrar en la puerta de al lado. Intuyo unas piernas espectaculares y un culo perfecto envuelto en un vestido corto de seda negra. Descubro que no eres tú. Se cierra la puerta. Me enciendo y por un instante consigo olvidarte. Me planto delante de aquel timbre. Intuyo que hay alguien mirando a través del ojo de la puerta. Dudo si llamar o entrar a mi casa, si pasar página o volver a la anterior.

Mi cobardía unida a mi estado de embriaguez me hacen tomar la decisión correcta en aquel preciso momento. Tumbado en mi cama no consigo conciliar el sueño y de repente oigo como alguien tose en la habitación de al lado. ¿Quién es esta misteriosa chica que duerme cada noche tan solo a unos metros de mi separados por una fina pared de “pladur”?¿Cómo es?¿Duerme sola?¿Nos habremos cruzado alguna vez?

Me levanto, me arrodillo cerca de la pared. Apoyo en ella mis manos y mi oreja izquierda. Escucho una profunda respiración y mientras la curiosidad me come por dentro le susurro: “Buenas noches cariño, que descanses”


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