Mi extraño amigo Fin

Por Eneksari
Enviado el 25/05/2016, clasificado en Humor
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El momento delirante, llegó al explicarnos quién o qué es Robin. El que mejor y más natural se lo tomó, fue Tomás, Rita con su ataque de risa histérica y yo brincando por la sala y chillando, ¡ que demonios es, un androide o un extraterrestre! Ya de puestos, cualquier cosa podía suponer.

Si nos hubiesen grabado en ese instante, ganaríamos en un concurso de caras distorsionadas y francamente, patéticas ( al menos la mía).

Bajo ningún concepto, me hubiese imaginado semejante situación.

Y ahora, un gran dilema, no soy capaz de mirarle a la cara, no puedo aceptar lo que es.

Pensándolo mejor, me largo ahora mismo, claro, con Rita, y nos olvidamos del tema con un buen trago.

¡Qué rabia!, me puede como siempre, el morbo de la situación. Lógicamente tengo la cabeza en plena ebullición, con mil pregunta, rondándome.

En principio, ¿en caso de no aceptar sus propuestas, nos dejarán marchar como si nada?,ya lo dudo, puesto que un asunto tan delicado, requiere medidas estrictas de seguridad y top-secret. Ya sale mi vena detectivesca.

Por ahora, más bien no pregunto, no quiero levantar sospechas. Estos sabuesos, tienen aspecto de pocos amigos, supongo que son otro prototipo, al igual que Tomás, ya que permanece demasiado “normal y sereno para mi gusto”.

Lo que hace preguntarme, si son muchos los androides infiltrados.

Están hablando, pero mi mente, va por otros derroteros. Tengo que averiguar las intenciones que tienen, no sea que quieran dominarnos.

Robin, me mira con cara triste, ¡hasta eso puede hacer, quiere que me de pena!, y yo como tonta, bajo la cabeza, se pensará que de vergüenza,¡ ja!, es que me da escalofríos, y sinceramente, me lo estoy imaginando desnudo. La dichosa curiosidad, llega a unos extremos peligrosos.

Se ha hecho muy tarde, Rita y yo, nos vamos, y pararemos para tomar un buen trago. Antes de salir,nos han hecho jurar, bajo amenazas veladas, de no hablar sobre el asunto. Qué ironía, nos tratarían de locas.

- Qué ocurre Rita, porqué gritas tanto.

- Vamos, despéjate llevas durmiendo todo el día, menuda la que pillaste ayer.- Nos están esperando y Robin, está más guapo que nunca.

Mi cabeza, no está nada despejada, como para tener un día con ésta pandilla robótica. No soy capaz de levantarme, no puedo afrontar esta situación, precisamente cuando estaba notando demasiado cariño hacia Robin. Con todos los chicos guapos que hay y me fijo en el menos indicado.

Apoyado en el marco de la sala, se encuentra él, Rita, tiene razón, hoy está genial, el resto, acampando en el sofá de mi sala, qué cara dura tienen.

Hoy, mañana, y muchos otros días, nos va a tocar estar en sesiones formativas, para conocer la estructura (¿ el cuerpo?) su funcionamiento y un largo etc...

La cuestión, que haremos de niñeras y reeducarle en habilidades sociales, que parece, está dando algunos fallos.

Todo lo que explican, me suena a chino, no entiendo qué pintamos aquí, por cierto, Tomás no es un robot, pero ya tenía conocimientos del asunto.

Ya está todo organizado, estos tipos, saben lo que hacen,y son muy rápidos, parece que tienen mucha prisa por poner el proyecto en marcha.

Robin, es un encanto, independientemente de todos los conocimientos que le han metido, tiene ¨algo especial¨, no puedo asegurar que tenga sentimientos, pero esas miradas que prolongamos... hay momentos que olvido lo que es, incluso intuyo que él también. En otras ocasiones, le veo una expresión triste, quizás porque está percibiendo que no puede alcanzar ser humano.

Llegó el día de la despedida, sabíamos que llegaría. Se lo llevan muy lejos, no es dueño de su ¨vida¨ sino del que lo creó.

Rita, Tomás y yo, estamos con ellos en el aeropuerto. Sus ojos, están apagados, no nos dan explicaciones de si el proyecto ha tenido éxito y en caso negativo, ¿que harán con él? Si al inicio de todo éste trabajo, tenía mil preguntas, ahora se han multiplicado, es más no me tenía que haber implicado.

Será un robot, y lo han creado con inteligencia y capacidad de aprender, pero considero que también ha percibido y aprendido lo que son los sentimientos.

Llegó el momento crucial, no queremos y mil veces lo hemos solicitado a los ¨dueños¨, en definitiva, también hemos actuado nosotros como máquinas, al permitir y participar en ello.

Le abraza a Rita, le da la mano a Tomás y viene hacia mí, nos quedamos mirándonos con la manos entrelazadas, y una lágrima se desliza por su cara, la recojo con sumo cuidado, como una joya que no deseo perder.

Adiós, mi querido Robot, te juro que no te olvidaré, y un día, de buscaré.

 

A los lectores: Lo siento, todo comenzó en categoría humor, pero sobre la marcha el relato ha girado. Soy así...

 

 

 

 

 


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