Mi sumisa vecina (cap.1a)

Por T.ahotlo
Enviado el 04/06/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Me llamo Joaquín y voy a relatarles cómo conseguí convertirme en el dominador de mi vecina, que era aficionada a la sumisión, y que ahora es mi sumisa fiel.

Hace años que vivo con mi esposa en el mismo piso, tiene muy buenas vistas, y me encanta observar el paisaje desde la ventana mientras fumo; muchas veces cuando disfruto de esos momentos de paz, observo a mi vecina Rosa tender la ropa o arreglar sus macetas, ella siempre me saluda muy amable desde su balcón. (Rosa es una cuarentona muy bien conservada y muy elegante, "una morenaza de cuidado", vive en el mismo piso desde hace años, "como nosotros"). Hace cosa de un mes la vi desnuda desde mi ventana a través de los cristales de su balcón, estaba al fondo de su comedor, "pero se la veía bien", (sus cortinas no estaban cerradas del todo).

Tenía una cuerda rodeando todo su cuerpo, menos los brazos; me preocupo al pronto verla así, pero mi preocupación se disipó en cuanto comprobé que estaba, "dándose a sí misma" con una fusta en las espaldas y en el culo, aquella visión me puso el pene duro como el de un burro, me excito mucho verla desnuda, "dándose" en los lomos (mientras la observaba me fume "cuatro cigarrillos seguidos", ¡en diez minutos!), ¡me vio mirándola desde el fondo de su comedor!, "me cazó", dio un grito y salió corriendo hacia otra habitación, perdiéndola yo de vista.

Mi mente comenzó a hacer fábulas e historias, y las pajas fueron cayendo a diario, "cuando mi esposa no estaba en casa", mi esposa se lleva bien con mi vecina Rosa, pero no son amigas de salir juntas o de visitarse.

Ansioso por saber "el porqué" de esas ataduras y azotes mire en Internet términos como: mujeres atadas, mujeres azotándose, mujer se ata y se azota; y encontré todo un mundo de prácticas aún más fuertes que lo que la vi hacer, todo ese mundo me era ajeno y muchas cosas me parecían desagradables, estaba entrando en el mundo del BDSM, pero no todo me desagradó, el tema de la sumisión y la dominación me cautivó y me excito "más de lo que yo esperaba", leí a fondo sobre esas prácticas con la mente puesta

en "follármela", de un modo u otro, pero tenía que saber que era ella, ¿masoquista?, ¿sumisa que recibía órdenes de alguien, para atizarse a sí misma?, ¿o era sumisa reprimida?, esto último es lo que yo deseaba, pero en cualquier caso, lo que sí estaba claro que le gustaba flagelarse "como a una perra".

La acechaba desde la ventana, pero tenía la cortina cerrada "a cal y canto" (creo que tenía temor de encontrarse conmigo "cara a cara").

Hace pocos días la encontré en la panadería y se sonrojo al verme, al salir le hable:

-Buenos días Rosa, no te veo desde hace ya bastantes días.

-Si Joaquín, no quería verte, estaba preocupada y nerviosa por lo que podrías contar en el vecindario.

-¡Nada Rosa!, no he contado nada en absoluto y no diré nada ni a mi mujer siquiera ¡Palabra de honor!, respeto tu intimidad.

-¡Que peso me quitas de encima!, gracias Joaquín.

Volvimos a casa juntos y por el camino se sinceró conmigo y se describió a sí misma como una mujer que sentía el deseo de ser sumisa, desde hacía muchos años, y a veces ese deseo la llevaba a fantasear en soledad, y por eso tenía ataduras cuando la vi desnuda. Yo le dije que me dio por todo el gusto verla atada, le dije que me hizo recordar cuando tuve una sumisa a mis órdenes (¡Mentira!, pero había que ganársela, ¡lo que hace uno por follar!), decidí hacerla creer que yo era un dominador, entonces Rosa me pregunto:

-¿De verdad que has tenido una sumisa?, ¿es tu mujer? -dijo muy sorprendida.

-No mi mujer es "normal", fue antes de casarnos; a la sumisa que tuve le daba órdenes a distancia y cada dos semanas iba a verla para atarla, azotarla y follármela -dije con tranquilidad para que ella creyera que era cierto.

-¿Le dabas azotes con fusta Joaquín? -preguntó súper curiosa.

-¡Digo con fusta!, ¡y hasta con el cinturón!, también le ordenaba por teléfono, distintas cosas, por ejemplo que fuera sin bragas a la calle y se hiciera fotos y me las mandara, ¡y más cosas!, yo soy "muy creativo" -dije entusiasta.

-Joaquín qué barbaridad tanto tiempo de vecinos sin saber yo, que tú, como yo; ya sabes -dijo con los pezones de punta "como dos garbanzos duros" marcados en la camiseta.

-¿Tienes algún dominante ahora Rosa? -pregunté socarrón.

-No tengo ninguno, la verdad es que nunca he tenido ninguno, sólo fantaseo en solitario, pero no me he atrevido nunca a buscar un hombre que me someta a su dominación, me da miedo encontrar algún trastornado que me haga más daño de la cuenta -dijo convencida.

-Pues yo creo que ha llegado el momento de que pases a la acción y que no todo sean fantasías, te pido que seas mi sumisa, te prometo hacerte sentir una auténtica sumisa sin excederme en el trato, ¿qué contestas Rosa? -dije con deseo y nerviosismo en la voz.

-Joaquín es que contigo me da vergüenza, estamos puerta con puerta.

-Bueno si aceptas ser mi sumisa será un pacto secreto, nadie lo sabrá, ni siquiera mi esposa.

-Lo pensaré Joaquín, no estoy segura de saber si quiero algo real o no, si me animo a ser tu sumisa te lo diré -dijo con la mirada perdida.

Pasaron varios días sin decirme nada, yo iba al trabajo tenso, la mera posibilidad me alteraba y me excitaba. Un día mientras yo fumaba asomado la ventana, ella abrió un poco la puerta corredera de su balcón (solo llevaba la ropa interior), tapándose con las cortinas me dijo:

 

                   -FIN- cap.1a -            © Tahotlo 31 de mayo 2016

 


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