¿HUELEN LOS LIRIOS? Testimonio V

Por Marimonias Quesque
Enviado el 02/06/2016, clasificado en Humor
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Declaración de intenciones: Este testimonio está dedicado a los poetas. Aunque es una parodia de poeta, desde aquí declaro mi admiración y respeto a los poetas. Que quede claro.

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Otra vez a la intemperie con los testimonios de las narices. A ver si hay más suerte hoy, porque el último… ¡Qué tía la vieja! Le voy a preguntar a uno que acaba de tropezar con una baldosa. Es un hombre desarreglado, la mirada al infinito, la melena al viento, un libro en la mano. Le asoma una camisa de pijama por debajo de la chaqueta.

--Buenos días, caballero. ¿Quiere decir su nombre y dar su testimonio? Primero hay que hacer la prueba y luego me dice lo que le brote. ¿Sí? Muchísimas gracias. (Parece amable, ¡menos mal!).

(…)

--Si otro remedio no hay, a hablarte procedo. Me llamo Inspirado García Pérez, veamos qué ha de brotarme.

¡Ay! Me asola una infinita pena, una soledad del alma, un sentir entre patético y nostálgico. En algún punto, la vida en la cuneta me dejó varado, con un corazón que sufre por un amor contrariado. Dolor preguntas si tengo, que si no preguntas, acaso, no te interesa, pienso. Pocas veces entendidos somos los que, en el alma, llevamos esencias del sentimiento, sentires encadenados a paraísos lejanos nunca hollados. Pregunto pues, ¿será que te inquieta saber en dónde y cómo yo quedé varado? Dime, contesta ¿por qué callas?

--¿Perdón? ¿Me está Ud. preguntado por…? Es que no sé si le he entendido.

--¿No entiendes? De otro modo he de decirte, entonces. Tristeza tengo de contemplar tan solo grises sin luz, formas vulgares, donde ninguna belleza habita. Joven yo antaño, lejos ya queda,  la contemplé. Resplandores dorados su cabello, azur sus ojos, recién abría al mundo su hermosura; formas con armonía de arabescos, y una cadencia de cisne que enamora. Lirio fragante que su aroma al azul eleva. Declararme quise, más, ninfa ingenua, respondió con desdén, pues de amores aún no sabía. Tan sólo adorarla pude. Ahí quedé varado.

--¡Venga un abrazo! Cuánto siento su tristeza y ese desamor que… que le atornilla a su pasado.

 

Le atornilla no es poético, pero es preciso. Quizá debí decir le ancla. Y yo pregunto: ¿huelen los lirios? Mira, no me voy a comer la cabeza.  ¡Virgen Santísima, los testimonios! Acaba una loca perdida. Éste me ha caído bien, ¡el pobre!, se ve que no se ha comido un rosco en su vida con la tontería de que le dieran calabazas en el primer intento. De todas formas, algo raro hay aquí, en esta prueba todos sacan lo peor o más triste de sus almas.


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