A través de su ventana

Por J. A. Wyle
Enviado el 13/06/2016, clasificado en Cuentos
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s de su ventana. Era increíble como a pesar de las muchas gotas aferradas a su ventana aun podía distinguirlo, a ella le gustaba observarlo y a veces y solo a veces imaginar que seria de ellos si siquiera supiera su nombre. El se sentía observado y miraba hacia aquella ventana donde las gotas cubrían casi por completo el cristal, aún así ella le hacia saber que estaba ahí, observándolo, puesto que emanaba su aliento empañando el cristal y dibujaba con su dedo índice un corazón, haciendo aquellos pocos minutos antes de dormir un momento que perdure para siempre en su memoria. La noche siguiente igualmente lluviosa la pequeña joven estaba sentada del otro lado de la ventana como era de costumbre, a pesar de las gotas cubriendo el cristal aún podía distinguirlo, nuevamente empaño el vidrio y trazó con su dedo un corazón, pero esta vez era diferente, el pequeño joven al otro lado de la calle miro su señal de vida y le dibujo una estrella en respuesta, la pequeña joven emocionada empañó nuevamente el vidrio y escribió un hola, el pequeño joven empañó el vidrio y en respuesta escribió un hola también. la mañana siguiente la pequeña joven bajo rápidamente las escaleras esperando que el pequeño joven estuviese afuera de su casa y así hablarle para poder jugar, cantaba y saltaba y finalmente salió de su casa al patio delantero sin siquiera desayunar. Al cerrar la puerta se percató de que el pequeño joven estuviera del otro lado esperándola, y en efecto así era, la pequeña joven le sonrío amigablemente y corrió entre brinquitos hacia el otro lado, sus coletas a cada lado de su cabeza brincaban junto a ella. De repente escuchó las llantas de un auto rechinando en el asfalto y sintió un dolor horrible, miraba hacia el frente y el pequeño joven la miraba aterrorizado, ella no sabia porque ni en que momento había llegado al suelo pero su cabeza dolía y le costaba respirar, sentía a costados de su pecho un dolor insoportable y podía ver sangre saliendo de alguna parte de su cuerpo, escuchaba los gritos ensordecedores y crudos de su madre quien lloraba desesperadamente, finalmente la pequeña joven cerro los ojos y murió.  Quince años después el pequeño joven ahora convertido en todo un adulto visitaba la casa en la que solía vivir con su madre, siempre miraba hacia el otro lado de la calle donde el tiempo y los años se habían tragado la casa donde ella vivía, las ventanas yacían tapadas con una leve capa de polvo y la madera de las puertas y ventanas lucia podrida. Todas las noches el joven padre y esposo, miraba hacia aquella casa desde la ventana de la que alguna vez había sido su habitación de niño, aún a pesar de las gotas de la tormenta golpeando y cubriendo el cristal podía distinguir su ventana, por penúltima vez y así según el despidiéndose del recuerdo de aquella niña emanó nuevamente su aliento en la ventana, dibujó una estrella y así con ese último recuerdo se acostó y abrazó a su esposa para así quedarse completamente dormido. El día siguiente bajó a desayunar, sus dos pequeños hijos brincaban y repetían una y otra vez ¡Papi! ¡Papi! Vamos a jugar. El joven padre tomó una pelota roja con la que solía jugar de pequeño y salió afuera sin siquiera desayunar, — ¡Patéala! ¡Patéala! repetía el mayor de sus hijos mientras el otro con un leve pujido y una patada chueca lanzaba la pelota a centímetros de donde se encontraba, después de unos minutos y cuando el padre estaba listo para lanzarle la pelota nuevamente al menor de sus hijos, este yacia parado mirando hacia enfrente. — ¿Qué sucede?— preguntó el joven padre confundido. — ¡Mira papa! ¡Allá en aquella ventana hay un corazón!— exclamó el joven señalando con su pequeño dedo hacia la habitación de aquella pequeña, el joven padre miro hacia la ventana y visualizó un corazón dibujado en la capa de polvo que la cubría por completo, el padre asombrado al igual que confundido intento hallarle una explicación a aquel hecho, sin alguna respuesta razonable entró nuevamente a la casa de su madre puesto que esta los llamaba para almorzar. Esa noche y después de pensar asomado en su ventana, nuevamente llovía, el joven padre miraba hacia el otro lado tratando de buscar alguna explicación, pero no encontraba ninguna, fue entonces cuando decidió darse por vencido, emanó nuevamente su aliento a la ventana y dibujó un hola, en su cabeza sabia que no habría respuesta esta vez pero decidió intentarlo, después de unos segundos y tan rápido como un parpadeo se dibujo un chueco hola en el polvo de aquella ventana, el no sintió miedo ni angustia alguna, simplemente abrazo a su esposa y nuevamente se quedó dormido, sabia que en algún lugar del universo la niña seguía ahí observándolo a través de su ventana, y así perpetuamente, haciendo para ambos que ese momento perdurara para siempre en su memoria.


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