Olor

Por Cass
Enviado el 23/06/2016, clasificado en Cuentos
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Cada día pasaba exactamente lo mismo para el niño. Sin mucho remedio, no hubo mas que esperar algo. En términos menos serios para usted, simplemente tenia cinco años como para mover una cama. Para tener aquel peso de edad su trabajo consistía en curiosear.
Por tener cinco, la gente mantenía opiniones hermosas para él. Sin embargo, existía un característica que evitaban comunicar. Su mirada era la de un hombre maduro, de aire viejo. Son de esos rasgos donde el brillo simula su experiencia, donde por bajos que sean desempeñan una personalidad que admira cada detalle como si  antes lo han entendido o conocido y ahora desean volver a tomarlo como estudio.
Físicamente no sostenía en sus manos algún objeto, ni siquiera poseía algún  otro interés más que notar lo llamado inusual en lo que a los adultos ya tenían conocimiento. La información dentro de si se divulgaban como ecos en una gran caverna. O  como aquellos animales,  cada silaba conocida podía ir a esconderse para permanecer vigilando ante una nueva ocasión para salir. Un pensamiento vago le llega a cualquier situación, haciendo conclusiones que nadie deseaba y el sabía como dirigirlas a quienes conocían la anomalía de sus acciones.
Por lo pronto vigilaba con gran atención el espacio donde vivía. Se enteró en poco tiempo que coexistía no solo con seres humanos mas grandes que el, que ya no le hacían incurrir en la curiosidad. Éstos otros eran pequeños exploradores en su casa, los insectos de colores, y de formas raras. Nunca se atrevió antes a prestarles un poco mas de sí.
<<No hay mucho que ver>> sus palabras eran imágenes en su cabeza de pensamientos pasados. Simplemente los siguió.
Pasaron unos días después de seguir a las hormigas que llegando al matorral de su casa, en la esquina izquierda de la hormiguera, si exactamente ahí, se encontró con una flor. Vaya cliché, la flor era en si bonita, tallo verde vivo, podrías sentir que brillaba. Mientras sus pétalos bailaban poquito el notaba sus venitas azules. Azul cerúleo, concordando poco a poco con el del cielo aunque… que asco.
El niño se espantó, venia de ella un olor espantoso tan desesperante como la sensación de tener excremento en la piel pero menos que el vomito entre tus orificios nasales. Sin esperanza, el niño dispuesto a arrancarla del lugar y claramente sin remordimientos se levantó, tomó el tallo. Pero simplemente no la pudo tomar. Era un mas que extraño. Empezó a sentirse irritado por ella. Increíble confusión para un pequeñín que solo lloró.
El estaba temeroso, sinceramente tenía un poco de pavor por no poder hacerlo. Los mayores comentaban que comenzó a temerle a los pobres insectos, y que por ello se hubo un cambio en su curiosidad. Toda la verdad se encontraba en ese susurro de emoción de aquel momento.
Cuando los grandes se durmieron después del reposo de su cena, el se levantaba. Sentía un presión chistosa en su pecho por lo que sonreía con un poquito de angustia, tenia la mano encima de su cabeza sin saber que hacer. No parecía un dolor.
Empezó ha suceder lo mismo todos los días. 
No había remedio, tenia que terminar lo que su serie de imágenes en la cabeza le atacaba en las noches. Y es que no era sano sentir aquella graciosa sensación ni tampoco las pequeñas manchitas debajo de sus ojos color gris. El quería dormir. 

Su serie de imágenes no pararon durante mucho tiempo tratando de darle pensamiento de valor. 

El día que hubo una celebración de cumpleaños para su padre descubrió todas las razones.
Ese mismo día tomo su palita y bote de playa, rejunto a la miserable flor con todo y raíz poniéndola con cuidado. Aguanto el olor, y por mas fea que pusiera la cara su deber le impedía dejar de hacerlo.

En un momento de risas y música el  pequeño con la penetrante mirada otorgada, caminó hacia la mesa principal donde su papi se divertía con sus hermanos, tíos, primos, y esposa. El choque de olores fue inimaginable para usted quien lee. Los niños vomitaron, otros salieron corriendo, los desmayos no esperaron, la música sonaba y el padre terminando de vomitar el gran tajo que se había tragado volteaba a ver de donde provenía el olor. 
-Papi, mi abuelo me dijo que te deseaba feliz cumpleaños. El cultivó esta flor para ti pues se parece a tu imagen. Me dijo que: Es esplendida por fuera, pero se pudre con su hedor.


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