Dentro de mí

Por carlossalas80
Enviado el 27/06/2016, clasificado en Amor / Románticos
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¿Qué podría decir si no estuviera ella en mi vida? Pues nada, sin conocerla no podría decir ni tan sólo una palabra. Pero sí que la tengo presente, tantos años ya, en momentos malos y en momentos buenos. Conviviendo conmigo, sugiriéndome y animándome en qué hacer cuando he estado mal. Estimulando mis ilusiones y mis propósitos. Penetrando de lleno en mí, merodeando por mi interior, escuchándola cuando ya no dice nada. Siempre la llevaré conmigo, nunca morirá, yo lo haré antes y ella seguirá su cometido, que es emocionar sin compasión a todo aquel que la aprecie. Al conocerla cambió mi camino, donde iba a ir ya no fui, y donde fui me acostumbré a depender de su encanto, me rendí sin más y la querré para siempre. No hay lugar para pensar que no estará, siempre será mi Música.

15 de mayo de 2012, martes, 22:00 h. Me dirijo hacia una de mis mejores noches y yo sin saberlo. Cuarenta minutos más tarde llego mentalizado para trabajar en lo que no considero un empleo para mí. Me sobran veinte minutos y preparo el ambiente. Las luces, las pantallas, y la música ya están listas. Arranco mi sesión como disc jockey con la canción I need you tonight de Inxs... rompiendo el ambiente tranquilo, para hacer saber que lo anunciado ya había comenzado. Sonido perfecto, y poco a poco calentándose el ambiente con gente idílica para ese estilo. Y como si de modelos se trataran comenzó el desfile de canciones ochenteras, tal y como indicaba el cartel. En una hora el local lleno, yo emocionado de saber que estaban por la música que yo utilizaba, y la gente feliz de escuchar sus canciones preferidas, su época dorada.

No tenía precio, mezclar esas canciones que tanto a mí como a todos los presentes nos emocionaban. Y mientras pasan cuatro horas, puedo observar como sueltan un algo que parece que tenían escondido. Cantando, bailando, intentando ligar como si hubieran retrocedido treinta años en el tiempo, en fin...  parecido a una magia que te aprisiona. Ya me daba igual cobrar esa noche, ya me habían pagado de otra manera. Un trabajo que gusta no es un trabajo, pero que suerte encima si me pagan bien por ello. Una de tantas sesiones perfectas que he tenido y disfrutado. Diez años poniendo música para que otros y otras desconecten de su realidad viviendo otra mejor. En salas para mil personas, otras para tres mil, da igual; de ella, la música, disfrutamos igual. También En bodas, creando recuerdos para siempre, haciendo de cada boda un día inolvidable, parte de ese día tiene que ver conmigo y es genial. La recompensa no ofrece duda de la importancia que tiene. Aunque siempre hay personas inolvidables, gente que me dice:

–¡Pero pon algo moderno, que me aburro!

–Si esto sólo tiene dos meses...

–Pues eso...

Otras, en discotecas, para que ponga una canción me dan cincuenta euros, pues venga, trato hecho, no pasa nada. Y a los quince minutos:

¿Me la pones otra vez? Pero sólo tengo veinte euros...

No te preocupes, haré un esfuerzo...

Pasando por todo tipo de música y todo tipo de gente, aprendes de verdad el oficio; todo tipo de salas, de eventos, fiestas privadas, etc. Ahora me siento preparado para decidir si seguir adelante con lo que yo elija o dejarlo para siempre. Tener ese poder me hace más fuerte y a la vez más vulnerable. Sin olvidar jamás aquella primera mezcla, las dos primeras canciones sincronizadas, que me atrapan para siempre y como una droga que ya nunca quieres abandonar.


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