Mariquilla Salmiento

Por Pepa Gabarrón
Enviado el 01/07/2016, clasificado en Cuentos
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Hubo una vez una niña  que se llamaba Mariquilla y de apellido Salmiento, y… vamos a averiguar   el porqué  se la llevó el viento.

 

Era un sábado   por la tarde y al no haber colegio ,todos los niñas y niños tenían que dormir una siesta:--“Os vendrá muy bien después de los madrugones para ir al colegio”--- dijo una voz y tenia razón. Unos se dormían enfurruñados. Otros entre el calorcito del edredón nórdico, y como hacia un frío que pelaba, ni rechistaban. Otros preferían jugar con el ordenador…”---pero solo un ratito ¿vale?—“,les decía la voz y como lo habían prometido  cumplían su palabra.             

 

Al ser todos los sábados iguales Mariquilla Salmiento se aburría…¡como una ostra! Se decía para que la ostra apareciera ,porque al tener una imaginación muy activa

  en cuanto las “veía”,fueran persona, animales o cosas acudían  al instante. La ostra apareció enfadadísima diciéndole:--Quién te ha dicho que me aburro listilla?--

desapareciendo  al instante  enojadísima. _--Encima de aburrida eres tonta de remate—le decía Mariquilla Salmiento. Como tampoco el ordenador le gustaba porque no le divertía al pasar donde había uno encendido sin más ni más, ni lo miraba, y

el ordenador extrañado murmuraba—que niña más rarita. Ni siquiera me ha mirado y las demás  me ponen tarumbo tecleándome  sin compasión

 

 

Mariquilla había oído decir que todo se contagiaba menos la hermosura  ,así que optó por meterse en la cama a sabiendas que de dormir la siesta nada de nada… ¡Hala¡ a contar ovejitas: una,  dos… cuatro,  nue…ve …¡uf ¡ .. . ¡que lata!,a contar otra vez…una…diez…--A que no sabes cuantas somos?-oyó las voces de las ovejitas traviesas repitiéndole ---a que no sabes cuantas somos?---

Y como todas eran iguales Mariquilla se cansó de contarlas pero ellas seguían jugetonas escondiéndose unas detrás de otras balando –¡somos… cien…somos…soo…o…!

 

De repente la puerta del cuarto se abrió y simulando la respiración del sueño lanzó un ronquido y al instante un fortísimo viento…--¡plaf!  Vamos…andando!--,y,  la echó de la cama.  –Que bruto—se dijo al tiempo que salía  al campo que había detrás de la casa abrigándose con la bata acolchadita y las pantuflas de lana, porque…sabemos desde el principio que hacia un frío que pelaba.  El viento zarandeaba los cristales que temblaban asustado  zíu, zui ,zui. Las hojas de los árboles caían desmayadas ¡ay!. El viento aparecía y desaparecía como el conejito del cuento :-- Me voy…me voy se me hace tarde hoy…Quieres conocer a la Reina de Corazones ¿le dijo una voz que corría entre las nubes: -Si quieres solo tienes que agarrarte a mi... porque soy¡ el viento! Ziu..ziu…ziu.

Y era cierto; una fuerza desconocida  la arrastraba a caminar  carretera adelante, sin mirar hacia atrás para   no ver a su casa que se alejaba cada vez más.

 

Las flores, los árboles, las hiervas del campo incluso las piedras del camino como en un susurro le advertían del peligro: --No te fíes del viento Mariquilla  Salmiento, …--

Pero ella corría y corría  empujada por una fuerza misteriosa que no era otra que el viento soplando desesperadamente…¡ziu..ziu..ziu ;pero siempre sin separarse de ella arrastrándola en todas direcciones…y,  ella encantada como si estuviese  subida al tobogán de la feria…se lo pasaba pipa porque   no  se aburría . Pero de repente  había regresado a la puerta de su casa ¡sin haber puesto ni un solo pié en el suelo! . Aquello era fantástico; el arremolinado viento se había parado en seco  ante el  olorcillo  que salía por la chimenea … La puerta del cuarto se abrió, y… --Despierta  perezosa, el chocolate y el bizcocho te esperan, y como no vengas  pronto…¡se lo beberá el viento! 


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