Hazle caso al loco

Por Eladio Hernandez
Enviado el 04/07/2016, clasificado en Reflexiones
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Un pueblo fronterizo se erigía en la nación de la pequeña Venecia, como ningún otro. Estaba repleto de pequeños venecianos. Entre ellos, todos parecían estar repletos de alegría, sabor, soltura dancística y ganas de comerse al mundo entero desde esa frontera. Pero, no todos estaban tan llenos de tales virtudes, Luis miguel carrillo, un personaje extravagante y exuberante, era la cereza del pastel de tan reconocido pueblo. Un día en una de sus andanzas se pudo demostrar que su forma de ver la realidad, estaba muy alejada de todos sus compatriotas.

- Buenos días camaradas de esta gran nación, me presento como el gobernante de estas tierras, su salvador y próximo mesías que los guiara a mejores futuros y bonanzas - las personas confundidas y otras con rostros repletos de carcajadas simplemente lo ignoraron. Luis miguel carrillo al notar que nadie le prestó atención a sus declaraciones, imito a un filósofo de antaño, su nombre era Diógenes de Sinope. - Si nadie ha de notar a este caballero, amarrare 7 latas de atún a esta cabuya y las colocare en mi cintura, luego las arrastrare por toda la plaza del pueblo y así de seguro me ganare su atención – con su tarea ya realizada, Luis miguel carrillo se dispuso a caminar como un napoleón por toda la plaza del pueblo sin decir una sola palabra, solo caminaba y caminaba; el día acababa, se iba a dormir, y al día siguiente seguía con la misma tarea muy diligentemente. En el 3er día, una masa de personas como de 125 se aglomero a su alrededor para tratar de entender su comportamiento.

- Aja, los he descubiertos zánganos, lacayos del populismos, acudieron a mi cuando hice toda esta publicidad, pero cuando les grite mi mensaje simplemente me ignoraron. Pero me vale, ahora les comentare cual es la información importante que todos mis compañeros en tierra deben oír, para que así puedan transmitirla hasta más allá de nuestras propias fronteras. Escuchen, las autoridades de nuestra nación están tramando un plan macabro para cerrar nuestras fronteras, hacerse ellos con nuestros negocios, hogares y alimentos. Nos quieren enlistar en un servicio de racionalización de todo, alimentos, casas, carro, electrodoméstico, en fin, de todo. Por último, nos quieren convertir a través del cruel tiempo en unos esclavos de sus mandatos, enalteciendo el discurso que “seguir los mandatos del líder, es un deber patriótico”, eso me parece un montón de basura. Queridos compañeros, levantemos nuestras voces y hagamos notar que la libertad es un bien inherente de nuestra condición humana. No esperamos ser dioses entre humanos, solo aspiramos a ser humanos entre humanos y vivir nuestras vidas felices. Si alguien se une a mi lucha contra estos tiranos líderes, haremos de nuestro pueblo fronterizo el mejor del continente- al culminar el discurso más de la mitad se habían retirado, y los pocos oyentes presentes simplemente aplaudieron, lanzaron dinero y otros, llamaron a las autoridades para mandar a meter preso a Luis Miguel Carillo; este al notar tales acciones corrió despavorido por los callejones oscuros del pueblo fronterizo de la pequeña Venecia.

Estando a salvo Luis Miguel, o creyendo el estar a salvo, decidió tirarse en una banqueta roída por el óxido y mal oliente a orina de perro, se acostó pensando en descansar por 2 minutos, pero ese fue el último error que pudo haber cometido en ese momento - ¿usted es Luis Miguel Carrillo, el mesías?- escucho a lo lejos Luis. Entre la ensoñación y la vigilia respondió -Si, ese mismo soy yo, el que viste y calza- , -  Sr viene con nosotros a la comisaría por difamación de los poderes del estado, incitación a las revueltas civiles y por último autoproclamarse gobernante de nuestra gran nación- Luis despertó con un salto tan grande como de canguro, pero sin espacio para maniobrar decidió no ofrecer resistencia y aceptar los cargos que se le imponían. Como gran caballero acudió a la comisaría para escuchar las palabras del comandante, aunque al llegar ahí, su cara de sorpresa no se podía esconder con nada.

- Lo sabía, aquí está el gobernador, usted ya viene a quitarnos nuestras libertades, nuestra capacidad de obtener lo que queramos sin necesidad de estar mendigando al estado. Usted es una bestia que no tiene corazón, yo con mis armas acabare con su ser en este mismo instante- corriendo como loco con sus puños levantados hacia el gobernador Luis Miguel Carrillo, trato de asestarle un golpe, pero ni 5 pasos dio cuando ya tenía a toda la guarnición de policías encima, - saquen a este loco de mi vista- exclamó el gobernador Vicente González - no lo quiero ver ni en pintura – e ipso facto las órdenes fueron cumplidas y llevaron a Luis Miguel al último calabozo de la comisaría para que se pudriera, y sin ningún rastro de haber sido procesado por la ley, el Sr Carrillo desapareció de las calles del pueblo fronterizo.

-   Menos mal se encargó de ese carrillo- dijo el gobernador.

- Bueno Sr Vicente, es el trabajo que me encomendó como su comandante y sus directrices se cumplen al pie de la letra, aunque me parece algo curioso cuénteme, ¿Cómo fue que ese loco se enteró de sus planes con este vestigio de pueblo en donde ni los rayos del sol llegan? – No lo sé Francisco, a lo mejor lo escucho pasando por mi oficina, no olvide que tiene una ventana que da a la calle, ese cutre cuarto me tiene cansado, apenas le quite las libertades a todos acá, me hare un castillo digno de un gobernador. Esta oficina suya es igual, las ventanas dan a la calle, mejor revise ahí, a ver si hay alguien escuchando- asomándose el comandante francisco a la ventana, justamente vio corriendo a unos jóvenes y a la vez gritando - ¡compatriotas, compatriotas, compatriotas, hagámosle caso al loco de Carrillo, que de verdad el gobernador nos va a vender a los altos mandos- .

Meses después, se leyó en los periódicos del pueblo “Cuando un loco habla, en ocasiones hay que hacerle caso” y en letras pequeñas se presenciaba, “El discurso de un hombre, siempre tiene verdades, solo hace falta escuchar con la mente abierta, y no tildar de loco a cualquiera que no le parezca cuerdo”


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