Le como el chocho a la novia de mi amigo Luis (1)

Por isabelxc
Enviado el 10/10/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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La novia de mi amigo Luis es preciosa, lista, educada; y está «buenísima».

 

Después de acabar mis estudios universitarios regresé al pueblo, no encontré trabajo de lo que estudié y estoy empleada en una panadería. Las amigas que tuve aquí en la niñez «se dispersaron»; unas están casadas y otras trabajan en la ciudad. Ahora mi mejor amigo aquí es un Luis, un joven amable y simpático; también es mi compañero de trabajo. La amistad con Luis es sincera, a él le gustan las chicas «como a mí»; él no sabe que me siento atraída por las mujeres; yo soy, ¡como lo diría!, un poquito lesbiana. Siempre oculté mi sexualidad, aquí en el pueblo; en cambio en la ciudad me «solté el pelo», ¡a tope!

A Luis le gusta la fotografía, lo mismo que a mí, así surgió nuestra amistad «de colegas», estamos preparando una exposición conjunta, sobre la comarca, «nos patrocina el Ayuntamiento». Muchos días hacemos fotos de paisajes y de edificios. No hace mucho, posé para el semidesnuda junto al río, «se me ocurrió de pronto» y él se excitó, pero él está enamorado de Clara, «su novia» (yo la amo también), a mí me quiere como amiga; pero como soy bonita, a veces me mira con deseo, «pero solo somos amigos».

Clara es coqueta, «como yo»; le gusta lucir vestidos y faldas ajustadas, a mí me gusta llevar pantaloncitos muy cortos; ¡traigo de cabeza a medio pueblo!, con mi melena rubia y mis cachetes saliéndose por detrás, «fuera del pantalón». Clara es más elegante que yo, pero sus vestidos ajustados y sus minifaldas de infarto hacen que la miren todos también, «suele tirarse de la goma del tanga», para subírselo porque se le baja con la ropa ajustada, ¡eso que parece algo ordinario!, ¡a mí me pone chorreando! Luis lleva a Clara con nosotros los fines de semana, cuando salimos con las cámaras de fotos. Las dos nos estamos haciendo buenas amigas, ella es de esas chicas que son simpáticas y buenas personas; «con todo el mundo», pero su simpatía es sensual, porque cuando te dedica una sonrisa con esos ojos verdes que parpadean, ¡se hace querer!

Ella confía en Luis, también confía en mí, y no tiene celos. Últimamente salimos las dos de compras por el pueblo, y nos probamos trapitos hablando y cotilleando, y sobre todo riendo. Los probadores son una tentación; ella cuando se prueba ropa, a veces se queda solo con un diminuto tanga en el probador, del que sobresalen los labios de su chocho por los lados, ¡ella no se da cuenta que siento ganas de arrancarle el tanga y comerle el coño!

 

El otro día, Clara me invitó a su casa a pasar la noche, ella se empeñó en pasar «una noche de amigas» (como cuando yo era niña y hacía fiesta de pijamas). Clara tiene novio desde los quince años, y ahora a sus veintitrés años, siente junto a mí la complicidad entre mujeres, «esa que nunca tuvo». Cuando me invitó ¡no supe decir que no! Esa noche comimos con los padres de ella y con Luis, después vimos la tele un rato, todos juntos y más tarde se despidieron los dos en la puerta dándose besos; Luis me dijo antes de salir.

 

—Isabel, que lo paséis muy bien hablando y riendo, mañana nos vemos en el curro —y se marchó.

 

Clara y Luis se casarán en octubre, ya están poniendo el piso y Clara tiene guardado el ajuar.

Clara tiene un cuarto con dos camas, pero ella se empeñó en que durmiéramos juntas en la de ella, ¡es como una niña! Solo llevé mi cepillo de dientes, unas braguitas limpias y mi pijama de verano. Me metí en el baño después de que se acostaran sus padres y me duché, me lavé los dientes y con la maquinilla de afeitar de su padre me retoqué mi chocho, dejando solo mi cinta de pelos claros en el centro, ¡por lo que pudiera pasar!, también me afeité las axilas y me perfume «a fondo», con una colonia de Clara. Después de salir del baño también se duchó Clara y volvió «oliendo a gloria». Se metió en la cama, con solo su camiseta larga, de un equipo de baloncesto; y nos arropamos las dos, con la sábana de verano (estaba puesto el aire acondicionado). Al poco entró la madre de Clara con una bandeja de pasteles, y con dos batidos, como los de las películas, «con nata por encima y con pajita», y nos dijo.

 

—Esto para que disfrutéis, que sois dos cielos, ¡no os durmáis muy tarde!, —y dicho esto nos dio un beso a cada una.

 

¡La verdad!, yo con veinticinco años y Clara con veintitrés, lo del besito creo que sobraba; ¡pero me reconfortó tanto!, ese cariño, ¡de mi jefa! (La panadería donde trabajo es de la familia de Clara, ella no trabaja porque está terminando Bellas Artes y sólo viene los fines de semana al pueblo).

Ya en la cama, hablamos las dos, pegadas la una a la otra, con la única luz de una lamparita pequeña. Clara me contó cosas de la Universidad y de Luis, «intimidades», ¡no imaginaba yo que Luis tuviera un pene tan grande como me ha contado Clara!, ¡qué barbaridad!, seguimos hablando.

 

—Clara, ¿de verdad tiene veinticuatro centímetros de polla Luis?, «y gorda» como dices, es que no se le nota.

—Isabel, ¡se la mete para atrás!, además varía mucho, de blanda a dura, ¡parece que se mete aire al empalmarse!, jijiji

— ¿Se la chupas, Clara?

— ¡Isabel!, qué pregunta mujer jijiji, ¡pues sí!, pero sólo media; ¡y aun así me duele la boca!, le doy con la lengua lamiéndole desde los huevos a la punta, la cabeza de su polla, ¡es enorme!, «me da vergüenza contarte esto tonta» —dijo ruborizada. ........

(C) Isabel Nielibra 2016.        "Continua en cap.(2)"


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