Le como el chocho a la novia de mi amigo Luis (2)

Por isabelxc
Enviado el 10/10/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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.... Yo nunca había chupado un pene, me inclinaba más por chupar «concha fina», pero siempre tuve curiosidad, y pensé que desde ahora, cuando trabajará junto a él tendría la imagen de «ese monstruo entre sus piernas».

Clara se ha quitado la camiseta y se ha ladeado hacia mí, apoyando sus pechos desnudos contra mi hombro, ¡en ese momento me ha corrido un escalofrío por el cuerpo!, y he notado como se distendía mi vagina, ¡que se me ha puesto como una fregona empapada! Clara solo lleva un tanga rosa diminuto, ¡creo que con una sola de mis uñas!, podría cortar esa tela y dejarla desnuda. Me he acalorado y me he quitado el pijama, quedándome sólo con mis braguitas de colores. Me he vuelto hacia ella dejando mi cara a cuatro dedos de la de ella, esos ojos claros mirándome, mientras mis pezones rozan con los de ella, Clara me ha hablado.

 

—Isabel, me gusta estar contigo así, ¿tu alguna vez has besado a una chica?, ¡como amigas del alma digo!; yo nunca, ¡sabes!, no sé qué se sentirá.

—Yo sí besé a una amiga en la universidad, fue como un juego pero no me desagradó, Clara.

—Isabel, ¿puedo darte un beso?, ¡sólo para probar!

—Dámelo Clara, me hace ilusión -después de decir esto cerré los ojos, y noté  como mi cara «ardía por la emoción», y sentí mis labios hinchados y mis pezones clavándose en las tetas de ella.

 

Clara apretó sus labios contra los míos y saco un poco su lengua rozando mi boca, ¡quise morir de amor y placer!, atrapé su labio superior entre mis labios y lo lamí con dulzura, «como si fuera un caramelo», clara se retiró y me dijo.

 

—Isabel estoy excitada, ¡no seré lesbiana!, ¿verdad?

—Clara con lo que te gusta Luis, ¡imposible!, y con lo que te gusta comerle ese rabo que tiene «no creo»;  sólo eres sensible a las caricias y al cariño íntimo, ¡tranquila!

—Sabes Isabel, yo he escuchado muchas veces hablar de mujeres que prueban con otra mujer, ¡sabes, siempre tuve curiosidad!, esto me da vergüenza chica, pero es que ahora, probar antes de la boda, sería una emoción, ¿te gustaría que nos amaramos las dos ahora un poquito?, ¡sólo para probar!; si no te parece bien perdóname; ¡solo por decírtelo ya estoy nerviosa!, si también quieres probar y después te da asco pues paramos, ¿qué te parece Isabel?

—Me parece, ¡divino de la muerte!, yo también quiero probar contigo, pero lo que hagamos las dos tiene que ser un secreto, ¡y ni una palabra a Luis!, ¿Vale?

— ¡Vamos Isabel!, eso lo daba por descontado, ¡será nuestro secreto!

 

¡Que emoción sentí!, bajé mis braguitas multicolor y las estrellé contra la bandeja de pasteles, después desarrope a Clara bajando la sábana. Le saqué el tanga por los pies, ¡de un tirón!, y «lo restregué por mi chocho» (sin que ella se diera cuenta), después lo dejé en su mesita de noche. Ese chocho era un monte de pelos rizados, ¡muy claritos!, se veían suaves y finos; entonces le pregunté.

 

—Clara me gustaría arreglarte el chocho, ¿me dejas que apañe tus pelitos?, ¿quieres que te lo afeite y te dejé solo un triangulito de pelitos en tu pubis como tengo yo?, no tardaré.

—Nunca lo hago porque me sale fatal, ¡vale Isabel!, pero no hagas ruido por favor, por mis padres, y ten cuidado que la piel de mi chocho es muy tierna.

 

Me puse la parte de arriba del pijama y salí del dormitorio, sin hacer ruido, entré en el aseo y cogí la maquinilla de afeitar de su padre y unas tijeras  doradas que había junto al espejo; ¡escuché toser y salí pitando! Entré en el dormitorio y encontré a Clara sobre la cama con sus piernas blanquitas, y «abiertas como una bacalada en sal». Vi un tarro de crema para el cuerpo sobre su mesita de noche, junto a su tanga rosa, y le dije.

 

—Clara cielo, he escuchado ruido y no he podido coger jabón, ¿quieres que te lo rasure con crema para el cuerpo?

—Como tu veas, pero «no me cortes Isabel» -dijo a la vez que abrió más las piernas, en una postura «obscena», ¡su coño parecía que se iba a rajar!, quedando abierto, ¡de par en par!

 

Me acerqué, me quité la camiseta y cogí un buen puñado de crema del tarro, lo esparcí por su chochito, «con mimo», sin apretar, sentía esa piel abultada y tierna entre mis manos y yo ¡me quería morir!, la pastosidad de la crema facilitó el corte de la hoja de acero, la cual iba dejando pelos empringados en crema como «cabellos de ángel», agarré su chocho para apurar a los lados, ¡ella dio un suspiro!; ¡lo agarré más fuerte!, como si fuera mi juguete, y mirándola a los ojos le rasure el pubis a los lados, estrujando su coño con mi mano izquierda. Clara tembló, y Apuré sus labios mayores cerca de su nacimiento, junto a esos pétalos que eran sus rosados labios internos, justo cuando con dos dedos acariciaba el ojo de su culo «arañándolo», ¡su vagina con espasmos!, soltó un chorro grande y «expandido» de flujo sobre mí, ¡qué barbaridad!, mi cara y mis pechos estaban llenos de su calor, ¡¡su bello chocho escupió sobre mí!!

Me acerqué sobre su raja y «si mirar nada más» comencé a comerme su coño a chupetones, ¡tragando los restos de crema!, ¡tragándome sus pelos recién talados!; y notando con placer como esos pelos se pegaban a mi garganta. Comencé a darle mordisquitos en su bollo; se lo limpie a fondo, mi boca estaba llena de pelos, ¡que placer!, casi me corro al masticar esos pelos, que habían sido «mi sueño» tanto tiempo. Agarré el batido aún sin tomar y me lo bebí, .....

 

(C) Isabel Nielibra 2016. Continua en cap.(3)


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