MARIPOSAS MUERTAS

Por Valeria
Enviado el 10/07/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Tengo mariposas muertas en el estómago. Deje a la persona que hizo que nacieran, y creo que si lo hice podréis imaginar que tendría un motivo, aunque aún en el día de hoy su recuerdo me paraliza, me siento mal… ahora ya es pasado, por eso necesito sacar todas esas mariposas de mi interior.

Cuando nacieron, me hicieron perder el hambre, el sentido, estaba pletórica, ilusionada, hiperactiva, animada, radiante; solo pensaba en estar a su lado, escuchar su voz mientras me cantaba canciones de amor, en rozar sus suaves labios, acariciarle suavemente sintiendo la finura de su piel, envolverme en sus abrazos, reposar sobre su pecho, cogerme de su mano y caminar juntos hasta el final, como él prometía.

A los dos meses, algunas mariposas empezaron a morir; fue el día de nuestra primera discusión: decidió dejarme tajantemente. Me castigó y yo me rompí por dentro, no podía parar de llorar, nada había que me consolara…. Mis compañeros de trabajo, mi familia, hasta mis propios jefes tomaron cartas en mi estado de ánimo.

Cada día morían más mariposas y eso me hacía retorcerme de dolor, había tantas… a los pocos días me envió un mensaje diciendo que se iba a quitar la vida, dejé a mi familia con el plato en la mesa y corrí hacia su casa. Me colé en el portal. Llamé a su puerta, intenté saltar e introducirme en el dúplex por la parte de arriba, hasta que varios vecinos me oyeron e intentaron ayudarme. De pronto apareció, tranquilo, mirándome como si estuviera loca y me hizo entrar en casa… olía a alcohol.

Me comprometí a ayudarle, a no dejarle solo, le animé a hacer deporte y poco a poco, retomamos la relación. Pero ya no era lo mismo. Lo había pasado muy mal y no teníamos el arranque del principio. Empecé a evitarle, ya que algunas de sus actitudes empezaban a hacerme daño: miraba a todas las mujeres que se le antojaban, con descaro, me ponía pegas sobre mi indumentaria, aunque si aprovechaba mi capacidad de trabajo en equipo para organizar una paella para cincuenta amigos…, o le ayudara a limpiar su casa. Vi como descuidaba a los que según él más quería y decidí alejarme, poco a poco, hasta que le dejé.

La última vez que hablamos me volvió a hablar de suicidio, estaba bebido, y decía necesitarme en su cama… no quise que me usara más.

A día de hoy ha rehecho su vida, en tres semanas, y me imagino que dentro de ella estarán creciendo las mismas mariposas que nacieron en mi. Si no discuten nunca y todo va según a él le gusta, ella seguirá disfrutando de ellas por el resto de los días.

Ahora me siento mejor, no hay nada como analizar un cadáver para ver el motivo de la muerte, y darse cuenta de que las mariposas murieron porque él no me quería.


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