Ramona II, el comienzo del éxodo

Por Carlos Caro
Enviado el 11/07/2016, clasificado en Ciencia ficción
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Los camiones pasan raudos junto a mí ensordeciéndome con sus bocinas, me rozan y me espantan. Giro sin saber qué hacer desesperado y al fin, despierto jadeante, aturdido por la alarma; suena igual que los camiones de mi sueño.

Me tranquilizo un poco, pensando que sólo es la alarma de baja intensidad. Esta avisándome que algo en alguna parte del faro no funciona y debo arreglarlo. La desactivo desde el dormitorio y ya vestido me dirijo a la sala principal. Me da un escalofrío de terror al pensar que pudo ser la alarma de meteoritos. Hubiera debido refugiarme en la cápsula de salvamento y eyectarme a la órbita esperando ser encontrado…No, el terror lo tengo porque estoy seguro de que ni siquiera intentarían buscarme.

¡Otra vez! La maldita antena de comunicaciones está fuera de línea. Me tiene cansado, una vez por mes la tengo que realinear. Con razón se cortaban los envíos.

Como el faro está en la cara oculta de la luna marcando el borde del cráter C842, sólo tengo cuarenta y siete minutos cada veintinueve  horas para intercambiar datos con el satélite. Es el único que por su trayectoria excepcionalmente elíptica logra cruzar durante ese tiempo la órbita de la Luna y una vez sobre el horizonte la antena lo detecta.

Es como haber retrocedido en el tiempo, no tengo ninguna otra comunicación: cada veintinueve horas pasa una carreta, me deja los relatos de Ramona y se lleva mis añoranzas. Claro, también mis inútiles informes oficiales. Cortaré por lo sano y cambiaré la antena completa, tengo mil cosas para contarle a Ramona.

Debe estar asustada sin noticias. Para colmo ya está en el sexto mes de embarazo y regresaré justito, justito para el alumbramiento. Es una suerte que Lucia UO se haya prestado una vez más a hacer de partera. Es la quinta vez. Un familión sin duda. Cuando vi el video de su último examen no lo podía creer, una niña, la primera. Para mí ya es igualita a Ramona ¡Qué felicidad! Lo veo una y otra vez.

¡Pero bueno! Debo apurarme con el arreglo, así tendré más tiempo para preparar el mensaje. Con este acicate me transformo: corro, salto, corto y remiendo. Finalmente regreso, agotado, como sonámbulo y me estoy duchando para lavarme estas horas de zozobra. Como algo y me recuesto en la cama para dictarle el mensaje a Ramona.

— ¡Grabar!

“¡Hola mi amor! Como te extraño. No te preocupes, todo anda bien, no pude enviarte nada antes pues la antena andaba mal. Ya está arreglada y no nos molestará. Cuando vi el video de la niña en tu vientre creí renacer, como cada vez. Contigo estoy viviendo seis vidas, la nuestra y la de cada uno de los niños. ¿Qué opinás de llamarla Luisa como mi madre? ¿O Laura como tu tía? ¿O Lucia? como agradecimiento a la señora UO que tanto te ha ayudado. Tienes razón, estoy un poco ansioso, sólo piénsalo tranquila.

Debes prepararte; luego de que tengas al bebe y yo retorne, nos iremos. Trata de ahorrar todo lo posible. La situación es grave. Cada vez que conecto con el satélite también puedo hacerlo con otros faros. En alguno de ellos está un tal Matías, un científico que desde allí estudia la Tierra. Me fue contando tales desastres que en un principio pensé que la soledad lo había extraviado. Pero es cierto, lo comprobé mirando las fotos clasificadas, el polo norte ha desaparecido. Parece que el cambio de salinidad en los mares ha cambiado las corrientes y por eso esta sequía colosal. El mundo se está quedando sin agua dulce. El acuífero debajo del Sahara que tiene más de veinticinco mil años de antigüedad sólo durará una década. He visto los informes, los faros como el mío son miles, colocados sobre el lado oscuro de los cráteres mayores ¡Están extrayendo el hielo! Lo envían a la Tierra. No puedo creerle a Matías todo lo que me cuenta. Según él somos como ganado que va pastando tranquilamente hacia el matadero. Sus cálculos indican que en quince años la tierra completa sólo podrá sostener apenas mil millones de personas. Quizás todo sean mentiras o se arregle, pero debemos estar en algún lugar seguro cuando la gente comience a matarse o morir. Con poco dinero sólo podremos viajar por tierra, de modo, que el mejor lugar para refugiarnos está en Los Andes. Lo iremos recorriendo hacia el sur por la ladera oriental. Sé que te parece más dificultoso, pero de ir por el Pacífico corremos el riesgo de quedar atrapados contra el océano.

Dios quiera que en algún lugar de nuestro recorrido encontremos un sitio lo suficientemente aislado, con agua y alimentos que nos permita criar a nuestros hijos y sobrevivir a los desatinos de los hombres. No temas, seremos como Adán y Eva sólo que con los niños antes. Con darles alimento y educación tendremos para divertirnos varios años. Te extraño, ya voy, espérame mi amor. Los quiero mucho…”

Un rato después, cuando el silencio ya sólo aumentaba su dolor, apagó el reproductor y secándose las lágrimas del rostro rememoró. Pobre Juan, estaba tan contento con su empleo de farero.

Hacía ya seis meses, sólo le habían dicho que fue un meteorito, que del faro sólo quedaba otro cráter, que todos conocían los riesgos y hasta luego.

Ella lo seguía viendo todas las noches al mirar la Luna. Sentía que desde allí los protegía a todos. Sí, le creía, levantó a la niña y con un grito les ordenó a sus hijos preparar todo el equipaje que pudieran cargar. Mañana bien temprano partirían hacia Los Andes, fuera como fuera, o dejaría de llamarse Ramona.

 

 Carlos  Caro

          Paraná, 16 de enero de 2013

          Descargar PDF: http://cort.as/PE--

 


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