Sueños bajo la ducha

Por Piratas de almas
Enviado el 01/08/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Desde que mi madre me explicó que mi buenorro vecino-de-puerta tenía novia, masturbarme pensando en el era mucho más difícil. En algunas ocasiones, podía utilizar eso a mi favor, y ponerme aún más cachonda. Pero otras, su novia cortaba todo el rollo, incluso en mis fantasías. Así que cuando, en la ducha, me dispuse a imaginármelo recorriendo cada parte de mi cuerpo con su lengua, tuve que ocupar la mayoría de mis recursos atencionales. Oír el timbre no ayudó, pero intenté ignorarlo. Pero quien fuera el que estuvese detrás de la puerta, realmente tenía paciencia y empeño. Después de varios *pip* y cortadas de imágenes de ese moreno entre mis piernas, fui a ver quien era. Ni siquiera me vestí, me puse la toalla sin secarme. Total, si no conocía a mi visitante, no iba a abrir. Miré por la mirilla, y tuve que volver a hacerlo un par de veces más para asegurarme. Abrí la puerta.

- Ho... Hola. - Dijo sin imaginarse que iba a abrirle tan mojada y desnuda. - Perdona por molestarte, pero me he dejado las llaves en casa... Y era por si podía pasar por tu patio. 

Madre mía pensé. Empezaron a humedecerse zonas de mi cuerpo donde el agua no influía. Tardé en contestar, no sé cuánto tiempo fue, pero a mi me dio tiempo a imaginármelo de mil maneras distintas.

- Sí, claro, pasa.

Entró, y cerré la puerta tras el. Tantas veces imaginándome este momento, y ahora no sabía como reaccionar. Esperó a que yo pasara delante, como para que yo le indicase el camino aunque se veía perfectamente el patio desde el pasillo. Pero pasé, simplemente para que me viese y yo verlo a el.

- Es que desde que lo dejé con mi novia, me pasa siempre esto. Ella siempre estaba en casa cuando llegaba yo, y me acostumbré a no llevar llaves...

- Tranquilo, a mi no me cuesta nada, todo lo contrario. Aunque la próxima vez espero recibirte vestida... - ¿de verdad he dicho eso? -. 

- A mi me gusta como me has recibido hoy, de hecho, de haberlo sabido, hubiese venido antes.

Sin que pudiera darme cuenta apenas, me cogió de la mano, me empotró contra la pared y me besó. Mi toalla ahora de aguantaba simplemente por lo juntos que estábamos, y el lo sabía porque separó levemente su cuerpo para ver como caía al suelo. Yo también miré, pero sólo vi su paquete apuntándome. Quería tocarlo, besarlo y chuparlo, pero no podía moverme, me tenía totalmente inmovilizada entre sus manos. Me soltó una, para inmediatamente cogerla junto la otra, para así tener el una mano libre. Humedeció su dedo índice primero entre sus labios y luego entre los míos. Como si te una escalera se tratara, bajó jugueteando con sus dedos por mi pecho hasta llegar a su destino. Empezó jugando, evitando tocar demasiado para ver como moría de ganas de el. Poco a poco fue metiendo su dedo en mi, dentro y fuera. Primero uno, y luego otro. Mientras, su lengua besaba y sentía como cada vez se endurecían más. Me soltó las manos, me cogió y me tiró al sofá. Puso su cara entre mis piernas e introdujo su lengua. Parecía un niño con su caramelo favorito. Su cara de deseo hacia que cada vez me pusiera más y más cachonda hasta que no pude más y acabé en su boca. Pero quería más, más de el. Y ahora me tocaba a mi. Lo desnude rápidamente, no podía esperar para verlo. Le quité la camisa, le quité los pantalones y dejaron ver unos calzoncillos con un importante bulto a punto de explotar. Ahora la niña parecía yo, comí como nunca lo había hecho, como en mis fantasías. Me la metí toda en la boca, dentro y fuera, rápido, ayudándome con la mano. Cuando sentí que iba a llegar, paré. No quería parar aún, no tenía suficiente. Me levanté, aún con el pelo empapado, para coger un preservativo. Se lo coloqué e introduje su pene en mi. Gemí en cuanto entró, mientras cabalgaba encima suyo. Se incorporó para morder mis pezones y consiguió que llegará una vez más. Mis pechos votaban sin parar, nuestras respiraciones se aceleraban cada vez más, cada vez íbamos más rápido y cada vez más a fondo. Se puso encima de mi para poder penetrarme del todo. Sentía como su pene llegaba hasta el fondo de mi y quería más, quería que acabase dentro de mi. Subimos el ritmo y la intensidad mientras estimulaba mi clítoris. Sentí como llegaba y yo con el. Me besó a mi, sacó su polla, besó mi coño y se quitó el condón. Sin duda, había cumplido mis expectativas.

Abrí los ojos, la bañera ya estaba llena y yo ya me había corrido un par de veces. Esta vez, su novia no me había jodido la fantasía.


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