REVENTADO POR LA FORTUNA. Testimonios VI

Por Marimonias Quesque
Enviado el 19/07/2016, clasificado en Humor
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Me confieso: hoy no he elegido la persona al azar. Estoy harta de pesimismo y amargura. Hoy he estudiado a los transeúntes y he seleccionado cuidadosamente al sujeto. Es un señor muy lustroso, gordo, con un traje caro y apariencia de ser dichoso. Está sacando brillo a un cochazo deportivo con el puño de la camisa.

Tengo una sospecha terrible. Para confirmarla haré la prueba de tomar el testimonio en dos fases: testimonio antes y testimonio después. ¿Antes y después de qué? Eso se desvelará en el último testimonio de la serie.

--Buenos días, caballero, ¿nos quiere dar su nombre y prestar su testimonio?

--Sí, claro, naturalmente, maja. Me llamo Elegido Fortuny Maroto. Siempre me ha ido bien en la vida; la verdad, no me puedo quejar. Últimamente me sonríe la suerte. ¿Te puedes creer que hace un año me tocó la Primitiva y me llovieron los miles de euros? No una cifra excesiva, pero un empujoncito sí que me dio.

Al poco, va mi mujer y me dice: “Gido, corasón, --es que ella dice corasón porque es canaria-- ahora que nos sobra el dinero, vamos a jugárnoslo al casino”. Fue lo nunca visto. Jajajaja, la risa me da al acordarme. Nunca había pisado un casino, pues voy y poco más y lo quiebro: un locurón, pleno tras pleno, hasta que me invitaron al despacho del director y me  indicaron muy amablemente que me largara con la talegada y que hasta nunca. Otros miles de euros que me llevé de allí.

Me llamaron del banco: que tanto dinero no podía estar muerto de risa, sin invertir, que me mandaban a banca privada, que tanto capital se merecía su mejor atención. “Venga, vale” –les dije. Me pusieron la cabeza loca: que si fondos, que si ratings, que si volatilidad, que si los mercaos estaban regulares. ¡Yo qué sé! No me enteraba de nada. “Métanme unos papelillos con el nombre de  todo lo que tengan en esta gorra y ya saco al azar dos o tres, y que sea lo que Dios quiera” –les dije. Pues lo que saqué era todo  de mírame y no me toques: una montaña rusa. Ahí, como que recularon: “Hombre, pues no sé yo –me dice el enterao--. Cuidao con éstos que son muy volátiles”.  “¿Quién dijo miedo? ¡Venga, con un par!” –les contesté. Bueno, pues he quintuplicado el capital. Soy el Rey Midas de las finanzas. Voy por las 7 cifras y, si sigue la racha, me voy a poner en 8.

Y aquí no acaba mi suerte: me han ascendido en el trabajo. De la noche a la mañana me llaman mis jefes y me dicen: “Elegido, que te ascendemos a supervisor general”. “¿Supervisor de qué?” –les digo--. Y van y me contestan: “Supervisor de todo; tú vas por ahí mirando lo que hacen los demás y luego reportas lo que te parezca”. Un trabajo que es un chollo y, encima, ¡me suben el sueldo! Desde entonces no doy golpe. Siempre reporto lo mismo, cosas como: “En general todo bien. A reseñar que la puerta de los lavabos se atasca; habría que pensar en arreglarla”.

Lo último ha sido que en la junta de la comunidad de vecinos, al sortear el cargo de presidente, ¿quién crees que salió? ¡Pues yo mismo!

Soy claramente el elegido del azar.

 

 

--Enhorabuena, Elegido. Ahora vamos a iniciar la prueba y me dice lo que le brote.

(…)

 

--¿Puedo empezar ya? Pues sigo con lo que te iba contando: parece buena suerte, pero, no creas, no sé yo. Bien mirao no es tan bueno como parece. Ahora que me fijo… estoy por pensar que la fortuna me ha reventado la vida.

La familia no me habla. No es que me importe mucho porque son unos pesaos, sobre todo mi cuñado, pero no es agradable. Cuando se enteraron que me había tocado la Primitiva vinieron todos a pedirme dinero. Les dije que no podía andar regalándolo, que tenía que pensar en el futuro de mis hijos. Desde entonces hay muy mal rollo.

Y mis hijos… Mis hijos se me han echado a perder. Se han vuelto unos gandules y están todo el día de juerga. Ni estudian ni trabajan; dicen que para qué van a esforzarse si tienen la vida resuelta.

Y mi mujer… A mi mujer no le veo el pelo. Se ha echado un entrenador personal y está todo el día con él; dice que tiene que hacer mucho ejercicio, que está en una edad muy mala. No quiero pensar mal, pero estoy mosqueao. Yo la veo tan gorda como siempre, no parece que esté haciendo mucho ejercicio. Bueno, por lo menos ejercicio de gimnasia y eso.

Y los compañeros del trabajo… Me evitan. Es aparecer yo y se hace el silencio. Antes nos echábamos nuestras risas, había buen ambiente; ahora me aburro muchísimo.

¡Qué solo estoy!

Y lo de presidente de la comunidad... ¿Qué quieres que te diga? Una desgracia más que me ha caído. ¡Menudo coñazo!

Me estoy empezando a desesperar. No sé cómo acabar con esta racha de suerte. Se me ha ocurrido que podría ir a que me echen mal de ojo, pagando lo que haga falta.

 

--No sabe cuánto lo siento, Elegido, a ver si se le arregla todo y le cambia la suerte.

 

(¡Madre mía los testimonios! Van a acabar conmigo. Tengo la moral por los suelos. Este testimonio confirma mi sospecha.)


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