Invierno

Por ego
Enviado el 23/07/2016, clasificado en Cuentos
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Ah! Ese invierno, con una ventisca de polvo, me sujetaba a la vigilia. En donde merodean tentáculos, merodeaban por las calles, como perros hambrientos.

 

Eran las cuatro de la tarde, sí, creo que si, la hora no la tenía exacta, lo único que sé, es que la tarde ya había envuelto entre sus rallos a esa mañana blanca; era tan blanca que parecía un copo de nieve mutilado. La tarde parecía envolverme también, con esa seriedad tan suya, y ese ardor tan propio, donde no te da ni un minuto de respiro, y te fundes en el mismo compas. Ah! Quería escaparme de esos brazos, oprimían mi cráneo, daba patadas de auxilio, se aferraban a mi, y yo me aferraba a ellos, a esos carnosos y empedrados tentáculos, hacíamos del tiempo una ilusión, y del espacio un abismo negro, con almohadones de lirios y guirnaldas. Ese invierno, aun lo recuerdo, era espantosamente bello, se podía sentir la briza como caminaba por el cuello, se detenía en las pupilas, y te adornaba con nubes blancas y heladas.

 

Diego Cortés.

 


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