"Más allá de las estrellas" Parte 03 de 09.

Por Leonardo Saldívar M.
Enviado el 24/04/2013, clasificado en Fantasía
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Subí despacio a la lancha, estando arriba era más amplia de lo que se veía, me senté y vi que había un cobertor, una botella de agua y una rosa roja. El pez giró la lancha y siguió un camino recto. Era imposible contenerme, y seguí hablando con él.

-              Y… Dime… ¿A dónde vamos? ¿A la Luna?  –Pregunté-

 

-              En serio, no me lo preguntes, no te lo diré.

 

-              Por favor.

 

-              No.

 

-              Bueno, ¿Por qué estás molesto?

-              ¿Cómo que por qué? ¡Llegaste tardísimo! ¡Tuve que esperarte mucho tiempo!

 

-              No fue mi culpa.

 

-              Claro que sí, primero no le hiciste caso al pájaro, tampoco a la estrella, ¡Ya hasta te querías ir!

 

-              Estaba asustado, comprende.

 

-              Bueno, ya… Ya estás aquí…

 

-              No me regañes.

 

-              Ay, ya…

 

-              Y… ¿Cómo te llamas?

 

-              Me llamo Cantil…. Mucho… Gusto.

 

-              Yo soy Zael, igualmente.

 

-              Lo sé, te conozco.

 

-              ¿Sí? ¿Por qué lo dices?... Si fue por lo de hace rato, en verdad ni te imagines, yo no soy así, sí  me asusto pero…

 

-              No, no es por eso.

 

-              ¿Entonces?

 

-              ¡Haces muchas preguntas! ¡Mejor ponte a pensar!

 

-              Pues no me digas, me quedaré con la duda.

 

-              Bueno.

 

-              ¡¿Bueno?!

 

-              Sí, ¿Qué quieres que te diga?

 

-              Pues de dónde me conoces.

 

-              ¿De verdad no te lo imaginas?

 

-              No.

 

-              Me sorprende de ti, siempre imaginas todo.

No me respondió… Sí, me molesté un poco pero seguimos el trayecto.

-              ¿Ya no estás molesto?, -Volví a preguntar-

 

-              No. -Lo noté un poco más tranquilo-

 

-              Oye Cantil, y ¿Qué hace un pez en el cielo?

 

-              Una persona me mandó aquí.

 

-              ¿De verdad? ¿Quién?

 

-              Tú.

 

-              ¿Yo?

 

-              ¿No lo recuerdas? Era Septiembre. Dos globos morados, unas flores blancas.

 

-              ¡Oh por Dios! Eres Lo...

 

-              Sí, soy yo.

 

-              ¡Sigues viva! Perdón, vivo.

 

-              Realmente no, Zael, sí morí, pero los peces en donde los dejas al morir, ahí se quedan, su espíritu se queda ahí, y… Recuerdo que no querías verme en la tierra, querías que volara.

 

-              Lo merecías, Cantil, en serio, me encariñé contigo y el día de tu muerte me puse muy triste.

 

-              Fue triste para mí verte así, pero, mi tiempo en la tierra se terminó y pues… Así.

 

-              Ya veo…

 

-              Sí, tú me cuidaste por mucho tiempo, ahora estoy aquí, donde tú quisiste que estuviera, en verdad, muchas gracias.

 

-              No agradezcas, fuiste mi compañía y mi alegría.

 

-              Gracias por eso.

 

-              ¿Y por qué te llamas Cantil?

 

-              El nombre que me pusiste era muy hermoso y con un gran significado, es el nombre de una gran cantante.

 

-              De las mejores voces que he escuchado en mi vida.

 

-              Sí, y recuerda que ese nombre se fue a la tumba, ese nombre debe descansar. Y es por eso que me llamo Cantil.

 

-              Me gusta ese nombre, es lindo.

-              Gracias.

 

-              Y, a donde es que vayamos…         ¿Falta mucho?

 

-              No, unos quince minutos tal vez. ¿Por?

 

-              Tengo algo de sueño.

 

-              Uy, Qué raro… Pues, duérmete.

 

-              No, cómo crees.

 

-              Para eso es el cobertor que me dieron, me dijeron que era por si te daba sueño.

 

-              ¿Quién te dijo?

 

-              Tampoco puedo decirte.

 

-              ¿Y la rosa y botella de agua?

 

-              También las ocuparás.

Seguimos hablando en el camino, estaba yo con un viejo amigo, juntos en una lancha, navegando en un mar de estrellas. Era lindo ver como las olas chocaban con la barca, parecía que la pintaban de dorado.

-              ¡Mira, Cantil! -Le dije emocionado apuntando hacia la izquierda con mi brazo-

 

-              ¿Qué cosa?

 

-              ¡Aquella sirena! ¡Y un cocodrilo!

 

-              Sí, ella es Giugno y él es Mateo, su acompañante.

 

-              ¿Cómo dijiste que se llamaba?

 

-              Giugno. (Se pronuncia Yuño) Ellos se encargan de cuidar éste mar, Giugno siempre canta como lo está haciendo ahora, no sé si escuches, con su voz calma las estrellas, y Mateo cuida que los malos sueños no entren aquí…

 

-              ¿Y qué hace cuando llegan pesadillas aquí?

 

-              Pues… Se las come…

 

-              Oh…

 

-              Sí… ¿Ya escuchas?

 

-              No, la verdad no.

 

-              Me acercaré un poco, voces como la de ella, no volverás a escuchar.

Giró un poco la barca y nos dirigimos hacia la sirena y el cocodrilo, los dos estaban sobre una piedra. Ella era hermosa, en verdad hermosa, su piel era blanca como la sal, su cabello era rubio, su aleta azul marino y usaba lentes. Mateo era color café, café chocolate, a pesar de que era un cocodrilo, no se veía muy agresivo, además, yo iba junto con cantil, así que no tenía tanto miedo.

Giugno cantaba una hermosa canción, su voz era fabulosa, te hipnotizaba. No recuerdo mucho la letra, sólo una parte que decía… “Al compás del volcán”.

Nos acercamos, y ellos nos vieron, Mateo entró al agua y Giugno se subió en su espalda, y se dirigieron a la lancha. Era una combinación muy original, una sirena sobre un cocodrilo.

Llegaron hasta la lancha y Giugno saludó a Cantil.

-              Hola Cantil, ¿Cómo estás?

 

-              Muy bien, Giugno Gracias.

 

-              ¿Es él? -Le preguntó Mateo a Cantil viéndome a mí-

 

-              Sí, es él.

 

-              Ahora veo, en verdad es él. -Dijo Giugno-

 

-              No me tengas miedo, no te morder酠 Oigan ¿Creen que sea el indicado?, Preguntó Mateo.

 

-              Claro que lo es. Respondió Giugno.

Se dirigió hacia mí y me dijo:

-              Hola soy Giugno yo cuido éstos mares, son mi vida entera... Bueno, ¿Quién eres Tú?

 

-              Soy Zael, mucho gusto.

 

-              Lindo nombre, bien, ¿Ya sabes a dónde vas?

 

-              Ni si quiera sé a qué vengo.

 

-              Perfecto, pero lo vas a saber.

 

-              ¡Ya dile, Giugno!, -Le dijo Mateo-

 

-              No, mateo, no.

 Zael, toma esto, simboliza algo muy hermoso.

Se quitó de su cabello un caballo de mar hembra disecado, era muy frágil, así que lo hizo con cuidado, lo tomó con sus dos manos, le dio un beso y me lo dió.

-              Pero es tuyo. -Le dije-

 

-              No importa, ahora te pertenece.

 

-              Muchas gracias, en verdad.

 

-              No agradezcas. –Muy amable me respondió.

 

-              ¿Y por qué un caballo de mar? ¿Hay algo en especial?

 

-              Claro, son peces muy especiales, significan lealtad, fuerza, originalidad, nobleza y amor.

 

-              ¿Todo eso? 


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