10 noches contigo

Por Cielo
Enviado el 01/08/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Gotas de sudor escurren desde mi rostro y caen en tu espalda desnuda, formando minúsculos charcos que se agrupan en el hueco que se forma justo en tu espalda baja y el nacimiento de tus caderas. Tus movimientos  se intensifican y siento cómo la humedad de tu sexo aumenta, generando con nuestro vaivén un chasquido morboso, intenso, sexual y primitivo que invade mis sentidos ya de por sí aturdidos, y mi corazón se acelera al tiempo que crece la deliciosa ansiedad que anticipa un orgasmo. Tus gritos llenan mi cabeza y el mundo gira incontrolable mientras  una parte de la vida se me escapa junto con el semen que te llena.  Un orgasmo simultáneo contigo, me hace pensar en un choque de universos, una explosión nuclear capaz de liberar una cantidad de energía que puede destruirlo todo. Es una comunión de almas, dos mentes que piensan al unísono, encontrándose en el cénit de sensaciones corporales que arrasan la razón, el entendimiento y el sentido común.

Es la mañana de nuestra penúltima noche, y antes de tener que salir corriendo, beso tu espalda y mis labios prueban el sudor que te humedece. Tus contracciones y suspiros exprimen mi sexo y me generan un placer que me estremece. Te repito que te amo, mientras mi pene aún erecto vuelve a introducirse en lo más profundo de tu vagina y tu boca entreabierta ahoga un gemido y busca mis labios en un beso ávido que me transmite tu deseo, tu satisfacción y la deliciosa sensación de saberte mía. 

Más tarde tengo que verte con la mayor indiferencia que me es posible, amándote tanto. Verte conversar con otros empleados y fingir desinterés ante lo que dices o haces. Ocasionalmente mis ojos buscan tu mirada y al encontrarse no puedo reprimir una sonrisa. Tus labios me corresponden y la complicidad maliciosa me acompaña el resto del día. Me mata ver que otros se te acercan y los celos me invaden, pero los reprimo recordando tu cuerpo desnudo, tus gemidos de gozo, tus gritos orgásmicos, tus palabras amorosas diciéndome que eres mía. Y mientras sé que hay quién trata de conquistarte, recuerdo tus palabras llamándome “mi amor”… y aunque sé que no debería, me regodeo en el orgullo de saber que lo que tantos anhelan, me pertenece.  Y me extraña que tanto ego, tanto orgullo, tanta soberbia, pueda caber en mi alma. Y nuevamente me sorprendo de la intensidad de las sensaciones que eres capaz de provocarme. Has trastornado por completo mi vida, y me siento feliz por ello.

Ni yo mismo sé cómo fue que inició todo, pero tus besos han trastornado mis días. No tengo noción de cómo me enamoraste, pero hoy sé que te pertenezco. Estoy consciente que lo nuestro es prohibido y sin embargo no me importa. Son esos momentos a tu lado los que llenan mi vida, y es en esos instantes en los que sé que el mundo podría terminar sin que me interese en lo absoluto.

Son 9 noches las que hemos compartido, e incontables orgasmos los que nos hemos  causado. Son 9 mañanas en las que he amanecido a tu lado y en los que he agradecido a todas las entidades posibles existentes o por existir, por ser tan afortunado. Con 9 noches ha bastado para que te entregue mis pensamientos, mi alma y mi corazón. Son 9 noches con pocas horas de sueño las que han hecho que cada segundo despierto valga la pena por tenerte a mi lado. Te idolatro como a nadie. Te deseo fervorosamente. Te amo indiscutible e inevitablemente.

Mientras el día transcurre lento en la espera de volverte a encontrar, en mi mente reviven nuestros encuentros. Y me sorprende darme cuenta de que durante 9 noches hemos creado tantos momentos memorables que podrían llenar una vida. Una vida alterna, pero vida al fin. Y cerrando los ojos vuelvo a sentir tu piel desnuda sobre mi cuerpo. Tus senos presionándose en mi pecho mientras estás arriba y controlas la penetración. Los gritos de placer que trato de callar con mis besos. Tus labios recorriendo mi sexo, tu lengua haciéndome estremecer de placer.  Tus frases sorpresivas que me embelesan, tus detalles y tus cuidados que me hacen enamorarme más. Tus travesuras divertidas, tus preguntas inquietantes. Tu forma de ser tan inigualable, tu luz que resplandece en todos lados y que me atrae irremediablemente. Eres lo mejor que me ha pasado, sin duda.

 Y sin embargo, es sólo el comienzo.

A pesar de esta intensidad que me embriaga, sé que la décima noche está por venir. Y no se trata de las horas oscuras que se avecinan más tarde.  Se trata de los encuentros venideros, de los besos que aún estamos por dar, de las caricias que nos estamos guardando, de los orgasmos pendientes de provocar, de las vivencias que nos esperan, de las fantasías por realizar. La décima noche es la que habrá de perdurar por un tiempo indeterminado, pues al menos yo, no veo ni pretendo darle un final. La última noche es aquella que no habrá de terminar. El más preciado de mis sueños, el tenerte sin tenernos que separar. Sin rendirle cuentas a nadie, sin responsabilidades que retomar. 10 noches contigo, para pertenecernos una eternidad…


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