Fragmento de Z.O.V.I

Por JDLRM
Enviado el 25/07/2016, clasificado en Ciencia ficción
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Hoy solo quería presentaros un fragmento de mi novela, en la que llevo años trabajando y no dejo de retocar, es lo primero de esta que voy a publicar, así que espero que os guste. 

Y sin ningún arma se enfrenta a un hombre que es casi el doble de grande que él, aun así, Jerico, el jefe de la alianza del sur esquiva los cortes con gran habilidad, y deja en ridículo a su oponente guardándose las manos en el bolsillos una vez más. Eso enardece al ya enfurecido teniente Wolf, lo que lo lleva a cometer una gran imprudencia, un descuido en su defensa bastó para que Jerico golpease brutalmente en el estómago a su enemigo con una fuerte patada, y arrojase su espada con otra hasta el lugar desde donde el joven soldado estaba viendo la batalla. Wolf quedó doblado del dolor, entonces Corder, que no estaba lejos se percató de algo y grito para advertir a su superior, ya era demasiado tarde, un movimiento de piernas de Jerico liberó una cuchilla oculta en su zapato, con la cual asesto un diestro golpe en la garganta del teniente Wolf dejándolo en el suelo desangrándose.

Corder furioso disparo sus últimas balas contra aquel hombre, en vano, ya que era imposible acertarle, el señor de la alianza del sur propinó una patada al teniente caído y lo mandó a medio camino entre Corder y el, entonces Corder empuño la espada de su teniente caído y corrió hacia Jerico. Al menos hasta que tres disparos realizados por el hombre que acompañaba a aquel monstruo pusieron fin a su meta. Uno en la cabeza, otro en el estómago y el último en el corazón. Corder se desplomó junto al cuerpo casi sin vida de su teniente.

Los dos sureños se marcharon dándolos por muertos, y se unieron al resto de la batalla, entonces, con la garganta cortada y la boca llena de sangre, el teniente Wolf pronuncio entre gárgaras de sangre sus últimas palabras:

-Corder ¿Sigues con vida?

-Sí -Dijo el joven soldado, a pesar de que apenas podía mover los dedos y la boca- volveré a levantarme y seguiré luchando, te lo prometo.

-Quédate mi espada, con ella te hago entrega de mi fuerza y mi alma, lucha por los tuyos un poco más…
Después aquellas palabras, Wolf murió.

-¿Es esto mi final? -Se preguntaba Corder con la mirada puesta en el cielo-no puede ser tan simple…

Segundos más tarde, Corder abrió los ojos. Se encontraba en un paraíso totalmente en calma, donde se escuchaban los pájaros y el viento acariciaba suavemente la hierva y su rostro. Un ser encapuchado y de negro manto que cubría todo su cuerpo y rostro se acerca hacia él lentamente por un camino de mármol blanco adornado con arcos y columnas también blancas inspiradas en la antigua Grecia. Caminaba casi como si estuviese disfrutando de aquel paisaje celestial, como si no se hubiese percatado de la presencia de Corder. Mientras tanto, y con una voz que parecía emanar del otro mundo iba cantando una lúgubre canción:

-“Su padre y su madre, eran el dolor y la oscuridad, su hijo era el odio, y su esposa soledad”.

Repetía aquellos versos una y otra vez.

El joven Corder no podía dar crédito a lo que allí acontecía, y de manera entrecortada se dirigió a aquella criatura y le preguntó:

-¿Quién... eres? ¿Estoy ya en el infierno?

Pero la criatura no respondió a su pregunta, si no que desapareció entre una oscura niebla. Ahora estaba justo a la espalda de Corder, y susurrándole al oído le preguntó:

-¿A ti te parece esto el infierno?

-¿A caso es el cielo?

-Tú nunca verás el cielo.

-¿Y qué estoy haciendo aquí?

La criatura se desvaneció una vez más, en esta ocasión reapareció frente al muchacho y le dijo:

-Preguntas, haces demasiadas preguntas, pero ninguna de ellas es la adecuada, piensa.

El joven soldado no tubo que pensar demasiado antes de dar con la pregunta más lógica:

-¿Qué quieres de mí?

Si aquella criatura iba encapuchada, la oscuridad bajo su manto no pudo ocultar la sonrisa que se intuía en su rostro, si es que acaso tenía un rostro.

-Exactamente chico, esa es la pregunta.

-¿Y bien?

-Tan solo quiero que cumplas la promesa que le hiciste a tu teniente.

-¿Cuál es el precio? -Preguntó el soldado sin titubear-.

-Dime ¿Cuánto crees que vale tu alma?

-Menos que mi odio, menos que mi venganza ¿Qué cuanto vale? Mi inmortalidad, ni un centavo menos.

-Entonces tenemos un trato, te daré más que la vida eterna, pero a cambio, me llevo tu alma, tu propia esencia, tus sueños, tu libertad para morir.

-¿Mis sueños?

-Ya jamás volverás a soñar.

Aquella criatura ofreció su delgada mano al joven soldado, que la agarró con fuerza, un apretón sincero y con seguridad. Después de aquello, pudo sentir como su propia esencia abandonaba su cuerpo junto a todo resquicio de sentimiento positivo, si es que alguna vez los había tenido. La criatura se quitó la capucha entonces y dejó ver su rostro, no el suyo propio, si no el de Corder, y antes de marcharse, dijo unas últimas palabras con aquel rostro:

-Lo malo de la eternidad, es que no termina nunca, y para un corazón oscuro y destrozado como lo es el tuyo, será mil veces peor que la muerte. Ahora sí, disfruta del infierno.

Tras aquellas palabras, la criatura volvió a colocarse su capucha y se marchó caminando por aquel paraíso entonando una vez más aquella lúgubre canción y repitiendo una y otra ves aquellos versos.

Entonces Corder despertó junto al cadáver de su teniente, en el mismo lugar donde le habían acribillado a balazos. La guerra había terminado, el norte perdió la batalla, no habían logrado tomar Aracena. Corder puso rumbo al norte y desapareció entre la polución que se apreciaba en los límites infértiles del yermo que separan al sur de Liora, dejando atrás unas palabras:

-Esto no termina aquí. Ni ahora, ni nunca.


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