La indiferencia de Dios (es una muestra; no está entero)

Por Carlos Mori Acosta
Enviado el 29/07/2016, clasificado en Ciencia ficción
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   —Esas ondas llegarán tarde o temprano aquí, ¿verdad?

   —Es posible —respondió escueto, Roberto.

   —¿Y no hay alguna forma de saber cuándo lo harán? ¿No hay alguna forma de evitar o eliminar sus efectos?

   El pálido, durante unos cinco segundos, miró fijamente a Badelt. Después, negó lentamente con la cabeza. Entonces, el de traje, se inclinó hacia delante, apoyó el codo izquierdo en la mesa y dejó caer la frente en la mano izquierda mientras clavaba su mirada perdida en la superficie del mueble.

   —¿Me está diciendo que vamos a sufrir…

   —Yo no he dicho que es seguro que vayan a entrar en guerra ahora o mañana —cortó el turista interuniversal al repentino triste Badelt—. No sabemos el alcance máximo de esas ondas; no sabemos si llegan a todos los multiversos existentes. Quizá no lleguen nunca hasta aquí o, quizá sí. A lo mejor llegan cuando el Sol se convierta en una gigante roja o, cuando la Vía láctea y la Andrómeda choquen. O, quizá lleguen cuando ustedes ya sean una civilización avanzada y, eso no les suponga más que una pequeña molestia insignificante.

   —Pero todavía no somos realmente avanzados; tenemos que estar preparados por si acaso, ¿no es así? —“dejó caer” el canoso—. Tiene que proporcionarnos sus conocimientos, señor Roberto. Tiene que ayudarnos a convertirnos en una civilización avanzada y, cuanto antes sea, mejor.

   —Eso es algo que no puedo hacer, señor Badelt.

   —¿Qué? —alzó la voz y se levantó de la silla con ligera indignación—. Usted en comparación con nosotros es “Dios”. No me diga que no puede ayudarnos.

   —No es una cosa que vaya a realizar —contestó fríamente el blanquecino.

   —¿Es que nos va a dejar tirados? ¿No nos va a ayudar? —le miró contrariado—. ¿Es que “Dios” es malvado y no tiene bondad?

   —Cada civilización debe de prosperar por sí misma hasta un cierto nivel, señor Badelt. No se trata de ética ni de moralidad. Es una fuerza que rige el Todo y, al igual que las ondas, no se puede evitar.

   Badelt, enfadado, da un fuerte golpe a la mesa con su puño derecho retumbando el sonido del golpe en la sala. Los cuatro soldados que estaban allí en guardia, se sobresaltaron ligeramente.

   —No me lo creo, señor Roberto. Usted pertenece a una civilización muy poderosa que puede hacer casi cualquier cosa.

   —Usted mismo lo ha dicho, Badelt: “Casi, cualquier cosa”.

   —¿Es que usted no perdió a su familia en aquella guerra? ¿Es que ha olvidado sus orígenes? ¿No tiene compasión?

   Los labios del albino se curvaron hacia arriba.

   —Repito, señor Badelt: no se trata de moralidad ni de ética. Se trata de la fuerza del Todo que lo impone y contra lo que no se puede luchar. Pero de todas formas, vuestra civilización, no puede dar lecciones de moralidad a ninguna especie del Todo. No hay más que ver como os seguís matando entre sí aunque, también es cierto que, muchos de vosotros, en algunas ocasiones, no podéis evitar eso; lo lleváis en los genes, está en vuestra naturaleza inherente. Y además, ¿Es que un ser humano se preocupa de que una hormiga no sufra? No, si la ve, simplemente la ignora, la observa o la captura para observarla, experimenta con ella o, la mata, siendo esto último lo que sucede la inmensa mayoría de las veces. La naturaleza de la conciencia no funciona por medio de la ética ni la moralidad exactamente aunque usted y la mayoría de sus contemporáneos lo crean así, señor Badelt. Es todo un proceso más complejo; una ley que rige el Todo y que impide que existan esas ayudas de civilizaciones muy avanzadas a civilizaciones muy atrasadas. Lo que hay en ese sentido es simple y gélida indiferencia. Es lo que existe entre una consciencia con respecto a otra consciencia mucho más atrasada que ella. Por eso Dios no actúa, señor Badelt. Por eso, Dios no detiene todo lo que vosotros consideráis malo o injusto ni evita que os matéis y dañéis los unos a los otros. Simplemente es indiferente a todo eso.

FIN

Nota: Acaban de leer una muestra de un relato que se encuentra en un libro llamado "La Eterna Lucha: Una explicación de la existencia". Si quieren leer todo el relato, tienen que adquirir el susodicho libro en la página web de Amazon.

El relato que acaban de leer, fue recogido del blog: misteriosaexistencia.wordpress.com. Si quieren leer o escuchar más relatos como éste, pueden dirigirse a ese blog.

Muchas gracias por haberme leído.

 


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