"Más allá de las estrellas" Parte 02 de 09.

Por Leonardo Saldívar M.
Enviado el 24/04/2013, clasificado en Fantasía
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¡¿Quién diablos eres?! ¡No estoy para bromas! ¡Me voy!”

 Cerré el cofre, y mi auto también. Estaba decidido a irme caminando, no me importaba estar a cuarenta minutos de la ciudad (Eso es en auto, caminando es más de una hora y media). Me di la vuelta y dejé mi auto ahí… Mi auto y una estrella flotante que quien sabe cómo diablos llegó del cielo.

Al caminar un poco, todo se empezó a iluminar, muy rápido voltee y una lluvia de estrellas comenzó a caer, corrí muy asustado otra vez atrás de mi auto para que no me pasara nada.

Mi garganta estaba seca, y mis manos heladas, estaba temblando del miedo, no precisamente del frío. Vi que las estrellas dejaron de caer, y me asomé muy despacio por debajo del coche, no veía nada, así que tuve que sacar mi cabeza por un costado… Al hacerlo, quedé sorprendido, aquello no tenía explicación, nada de eso era coherente… ¡Había muchísimas estrellas! Y no estaban así como así…. ¡Habían formado una escalera hasta el cielo!  No sabía si estar asustado, sorprendido o feliz. Algo extraordinario estaba frente a mis ojos, parecía que estaba alucinando.

Quería terminar con todo lo extraño que pasaba, repasé un poco todo lo que había sucedido. Estaba muy nervioso, cuando me pongo nervioso hablo rápido y parece que estoy enojado.

Bueno, está bien, “Alguien” que no conozco, pero me conoce me mandó un pájaro diciendo que me quiere ver… ¡No! ¡Espera! El pájaro no me lo dijo, traía una nota, sí una nota, aparte, el pájaro no me quiere ver, “Alguien” quiere verme, o ya sé, ¡Sí! Se equivocaron de persona… ¡Sí! eso debe ser… ¡No! ¡Tengo que ser yo! ¿Y el sobre de mi coche?... ¿Y la pinche estrella?... ¿Por qué una estrella? Me gustan las estrellas y la Luna, sí, pero no es para tant… La Luna… No… ¡No, no es cierto, es imposible!… Mi lugar favorito es la Luna pero no, nunca he ido, no puede ser mi favorito… Pero si no es la Luna, ¿Para qué la escalera de estrellas? ¿Para qué?... No puede ser posible… Ahora estoy yo, hablando solo como siempre, atrás de mi pinche coche… Haber, ya… Cálmate, relájate… ¡Pero es que no mames!... ¡YA! Bueno, ya, las estrellas están ahí por algo, apuntan hacia el cielo, alguien o algo quiere que suba, creo que sí debo subir, pero… Esto es de sueños, bueno, creo que lo voy a intentar…Sí...Fin a esto.

Luego de discutir conmigo mismo, me  armé de valor y me levanté, vi de nuevo aquella majestuosa escalera luminosa y caminé muy despacio, me sentía en un una película.

Habían pasado diez minutos y llegué a la primera estrella, a la que vino antes que todas, y puse mi pié derecho sobre ella, al hacerlo, la estrella se iluminó más de lo que ya estaba, como había pasado cuando la toqué con mi mano. Subí el otro pie y me di cuenta de que a pesar de que estaba flotando, no se movía, era dura como una roca… No conté los escalones pero, parecían bastantes, unos cincuenta y algo, tal vez. No estaban muy separados, pero sí.

Subí al segundo escalón, luego al tercero, al número cuatro y así sucesivamente. Al subir podía ver la ciudad desde arriba, sólo un poco, la verdad tenía miedo de perder el control y caerme al vacío, así que pues, mi mirada iba a lo alto.

Entonces estaba Yo, un joven de dieciocho años, estudiante de preparatoria… Una persona común como todas subiendo una escalera de estrellas... ¿Casual, no?

Creo que ni en las películas había pasado algo así.

Una rodilla, luego otra, un pie, luego el otro, así seguí. Mientras más iba subiendo, el panorama se hacía más obscuro, estaba llegando al cielo, y no precisamente en un orgasmo. Todo era muy despejado, aun que tú no lo creas, no hacía frío ni había olores.

El lugar ya era de un color distinto era como negro, o azul muy obscuro.

Ya sólo me quedaban como seis escalones, así que subí más rápido. Mi mirada percibía más cosas… Si el ver una escalera de estrellas fue sorprendente, lo que seguía era un millón de veces más. Faltaban dos escalones, pero ya era suficiente para admirar con lo que me topé… Un inmenso mar de estrellas, ¡Eran miles! ¡Millones! Desde la escalera no se veían, sólo estando casi hasta arriba.

Bueno, me quedé atónito y feliz, ahora sí estaba muy emocionado, no sé pero mi sonrisa la sentía enorme, del tamaño de una rebanada de sandía y con la alegría de un niño en reyes magos. Sólo me acuerdo que suspiré y dije… “Ah, no mames...”

Luego de las escaleras, había un camino de madera, más bien parecía un puente. Una flecha enfrente de mí me indicó que siguiera por ese camino de madera, tenía que dirigirme a la izquierda.                     Me fui caminando y me asomé hacia abajo, y no se veía nada, mi ciudad había desaparecido, no había otra luz más que la del hermoso mar.

Casi al final del camino, había una banca también de madera, ya no había señalamientos, así que me senté ahí a admirar las luces. Si tan hubieran podido mis amigos ver eso, ¡Sería la persona más feliz del mundo!

Vi que algo se acercaba a lo lejos, no venía tan rápido pero tampoco tan despacio. Era una barca color blanco, pero parecía que venía sola, nadie la estaba conduciendo. Fue ahí cuando comprendí, estaba en un puerto, esperando un transporte para ir a no sé dónde.

La barca blanca se acercó más, y me di cuenta que tenía unas iniciales pintadas con color azul marino. Pude apreciar que sí había alguien dirigiendo aquella lancha, era un pequeño pez Betta color blanco, no era grande, era igual que todos, más pequeño que mi mano.

Lo vi, me vio. Me sorprendí, él siguió viéndome. Simplemente me nació hablar.

 

 

-              Hola, emm… Je... Eres un pez, no me entiendes, jeje.

 

-              Hola. –Muy serio contestó-

Me asusté… ¡Un pez me estaba hablando! Y por su voz, pude notar que no tenía muy buen humor. Estaba molesto por algo.

-              ¿Por qué te sorprendes?

-Me preguntó-

 

-              Eres un pez. ¡Los peces no hablan!

 

-              Claro que podemos.

 

-              ¡NO ES CIERTO!

 

-              ¡CLARO QUE SÍ! Sólo que ustedes están tan ocupados que no pueden ver los sentimientos de un pez, sólo nos comen, bueno, a los de mi especie no, pero a los demás sí, y sin razón alguna.

 

-              Pero los peces son para…

 

-              ¡NO, NO SON PARA COMER! –Contestó furioso-

 

-              No, digo que los peces son para cuidarlos… Y darles amor.

 

-              No todos lo hacen.

 

-              Lo sé.

 

-              Sí, yo también lo sé… Bueno, estoy en un lugar mejor. Oye, tenemos que irnos.

 

-              ¿A dónde?

 

-              No puedo decirte, así que súbete, tienes mucho espacio.

 

-              No… Eres un desconocido.

 

-              ¿Vas a subir, o qué?

 

-              No.

 

-              ¡¿NO?! –Contestó muy molesto-

 

-              Emm… Bueno.

  


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