Amar a la misma mujer...¿separa o une?

Por cclecha
Enviado el 30/07/2016, clasificado en Intriga / suspense
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         Sabía que no tenía que mezclar mi vida personal con el trabajo…pero me encontraba irremediablemente inmerso y preocupado con la idea de que mi novia me era infiel. Concretamente, ayer por la noche me evitó y me dio una excusa que yo en ningún momento me creí. No me salía de mi bucle de angustia y de obsesión por el tema.

           Ni siquiera la visión de mi jefe, el comisario Alejo, en el que yo normalmente me espejeaba, me procuraba alivio. Al comisario, lo tenía en el despacho de enfrente…un despacho con las mamparas de cristal que dejaban pasar libremente la visión de los que observamos. Mi superior era el exponente de lo que era la nueva generación del cuerpo…una persona joven, con presencia, preparación.

         Para mí, el comisario era un ejemplo a seguir…siempre procuraba continuar sus pasos, lo imitaba…sin embargo ahora, la visión que me llegaba de él tampoco me ayudaba en mi turbación…de alguna forma no actuaba con la seguridad y la forma clara que yo esta acostumbrado...estaba confundido.Como si supiese que lo estaba observando, salió de su palacio de cristal, se acercó a mí y dándome un papel escrito, me dijo

         -Se ha cometido un asesinato en esta dirección. Coge a uno de la policía científica y ves para allí. Empezar a hacer las averiguaciones pertinentes. Hago tres llamadas y también voy a reunirme con vosotros.

         Me quedé helado, el nombre y la dirección coincidían de lleno con los de mi novia. Presa de angustia, cogí al vuelo mi gabardina y a mi compañero de la policía científica y corrimos hacia el domicilio de mi chica.

         En la puerta del piso se encontraban dos agentes y la asistenta que era la había abierto la puerta y había pasado el mal trago de observar la escena. Me colé con precipitación hacia dentro, esperando que el destino no fuera lo suficientemente cruel para hacerme observar lo que realmente me aguardaba.

         Me equivoqué…el ambiente me resultó irrespirable, un mareo difuso me invadió de repente cuando vi a mi chica en la cama de matrimonio, recostada en el cabezal, desnuda, con la sábana cubriéndole tan solo una pierna y el sexo. La sangre, medio reseca, fluía lentamente desde la herida de bala en medio de la frente y brotaba por el rostro, cuello y hombros…siguiendo un recorrido macabro.

       Deshecho, me tuve que apoyar en la pared del cabezal para no irme al suelo…entonces fue cuando vi la consigna…escrito con letras irregulares, en mayúsculas temblorosas y pintadas en rojo con la misma sangre de la herida; se leía en la pared del cabezal, un “ZORRA”, que supongo tenía un significado para el asesino.

       Todavía me encontraba aturdido y fuera de mí, cuando llegó el comisario Alejo y haciéndose cargo de la situación, empezó a supervisar todos los pequeños detalles. Yo continuaba mareado, así que me ya me iba bien que el comisario se pusiera al mando. Dijo

       -¿Era tu chica, verdad?

     Me extrañó que supiese esta circunstancia, pues yo no se lo había relevado. Le contesté con un lacónico –Si.

       Mientras Alejo, hablaba con el policía científico, preguntándole por la existencia de huellas y recogiendo un guante de plástico arrugado y manchado de sangre, que presumo fue utilizado para escribir las fatídicas palabras en la pared, yo me fijé en el teléfono móvil de mi chica, que todavía estaba conectado en una de las mesitas de noche. Fui a por él y empecé a supervisar las ultimas llamadas entrantes…eran de su familia, las mías propias y las de un tal Alejo, circunstancia que me produjo un vuelco en el corazón.

       El comisario, no actuaba con la concisión que me tenía acostumbrado, parecía turbado…comprobé el número del teléfono que correspondía al comisario Alejo y resultó ser el mismo que aparecía en el teléfono de mi chica. Me indignó que el comisario hubiera estado en contacto con mi novia…no había ninguna duda, los dos se conocían…una aglomeración de celos me inundó. Me quedé mirándolo con resentimiento.

       El comisario observaba mis manipulaciones con el teléfono móvil. Con aire de inseguridad se acercó a mí y me dijo con sus ojos claros

       -Es absurdo e inútil, el negar que nos conocíamos. Pero has de saber que la apreciaba y mucho. Yo no tengo nada que ver con su muerte. Creo que los dos nos tenemos que implicar a fondo para esclarecer este desdichado crimen.

       Yo, le increpé y le dije que no me fiaba de él y que me parecía que era el amante sin duda de mi novia y que por lo tanto habían muchas probabilidades de que él fuera el autor del crimen. Esto último, lo dije descompuesto y a bote pronto, el enfado oscurecía mi mente. Entonces, él, también enfadado, me contestó airadamente

         -Yo no tengo nada que ver con el crimen…incluso la quería y me conformaba con ser el segundón…pero tú, que eras la pareja principal, no estás exento de sospecha y más cuando la mayoría de asesinatos a mujeres, están cometidos por parejas que se creen agraviadas. Eres el sospechoso principal.

         La discusión iba subiendo de intensidad y las emociones empezaban a desvirtuarlo y oscurecerlo todo, entonces el teléfono móvil de mi novia, que había sido el precursor de todas las sospechas, empezó a sonar, sonar y sonar. El comisario me volvió a mirar, esta vez con más complicidad y se abalanzó sobre el móvil para contestar.

         -Hola, hola

(Silencio…al final respuesta)

         -Vaya, vaya…no sé si eres el novio o el comisario…no importa…me puedes llamar Ricky…aunque este nombre tampoco importa…ya te puedes figurar quien soy.

        -¿eres el asesino?

         -Bueno, lo puedes llamar así. Aunque pienso que los verdaderos culpables sois vosotros. Yo tan solo la pude seducir una vez, pero ella me dijo que su corazón ya estaba ocupado por sus “dos policías” y que no quería volver a verme…esto me enfadó de veras y por eso la maté…si no os hubiera querido y no me hubiera excluido, quizás no la hubiera matado. Me pareció una autentica “Zorra”.

         El comisario permaneció en silencio, entristecido y dejando que el criminal continuase con su disertación.

         -Como ya has supuesto el teléfono desde el que te llamo es robado, dentro de muy poco, anularan las llamadas, pero antes lo tiraré a cualquier papelera. No hace falta que busquéis huellas en el piso, puesto que llevaba guantes de plástico…las únicas huellas que encontrareis son las vuestras, las de los “dos policías”. Por cierto, el calibre de la bala que usé, es el mismo calibre de las que usan en la policía…tendréis que dar muchas explicaciones y estaréis entretenidos para exculparos. Desde luego la pareja y el amante son los principales sospechosos de crimen, es decir vosotros. Por eso es mejor que aceptéis el consejo, de que no os discutáis inútilmente. Sois tal para cual. No hay nada que una más a dos hombres que el haber querido a la misma mujer…je, je…Hasta nunca, …adiós, por lo que yo sé de la policía, nunca os creerán y más bien os harán compartir la culpabilidad.


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