Al salir de clase 2/5

Por EvaManiac
Enviado el 17/08/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Cuando el chaval comenzó a deslizar su prenda inferior mirando hacia abajo, como si aún no supiera a ciencia cierta qué iba a salir de ahí, yo era testigo de cada movimiento y de su vergüenza. Aflojó los aprietos de la tela vaquera y realizó un movimiento brusco hacia abajo para dejar caer la prenda hasta las rodillas, dejando patente el bulto de su excitación bajo el calzoncillo. El mancebo no quiso cruzar su mirada con la mía, a sabiendas de que mis ojos estarían clavados sobre esa estaca cubierta de una tela que me pareció mostrar una mancha de humedad latente en un punto muy concreto. Me acomodé en mi silla en absoluto silencio, y me dispuse a disfrutar de un momento único que jamás antes había experimentado como simple espectadora. Giró sobre sí mismo, con las piernas juntas y dando 2 saltitos, para encararme y ofrecerme una vista privilegiada de su siguiente paso. Con una mano hurgó en la ranura de su slip y, con un movimiento hábil, extrajo su carne trémula mientras rápidamente usaba la mano para abrazarla quizás en un intento por preservar la poca intimidad que le quedaba ya.

-"¡Madre mía!", me salió de la boca como una expresión idiomática involuntaria que denotaba gran sorpresa u ofuscación.

Este tipo, este niñato fibrado, delgado, feo, lleno de granos, pelo grasiento y boca metálica resulta que iba a tener una de las pollas más gruesas e impresionantes que había visto yo desde hacía mucho tiempo. No es que una verga de grandes proporciones fuera una novedad para mí, pero este chaval, visto así, de frente, con ese cuerpo en desarrollo, era absolutamente desproporcionado.

Antes de empezar a masajearse el miembro, David alzó la mirada para asegurarse de que su única espectadora estaba de acuerdo en continuar con la función. Yo estaba todavía en shock por la situación que había construido, pero no estaba dispuesta a parar el espectáculo. Sabía que no era muy ortodoxa la situación, al fin y al cabo el niñato iba a pajearse frente a su profesora particular, y quizás sea ese el eufemismo diferenciador: “particular”. Así que me mantuve callada y con la mirada clavada en la mano del chico, y en el pedazo de carne morado que sobresalía de la misma.

Era evidente que David llevaba ya un buen rato muy excitado porque, al destapar su sexo erecto, éste mostraba ya una textura, una humedad y un color de absoluto sofoco. Cuando su mano comenzó los vaivenes, su excitación se aceleró de forma abrupta mostrando en la punta del glande ese líquido transparente de lujuria fálica que antes había manchado su ropa interior. Y cuando comenzó a emitir algún que otro gemido de satisfacción, pude notar a la vez, y con toda certeza, la humedad de mi vagina y sus más que posibles consecuencias dentro de las bragas. Sin duda comenzaba a segregar mis propios líquidos, pero sin exteriorizar esa sensación, manteniéndome fría, erguida en la silla, como si esta situación fuera para mí uno más de mis quehaceres rutinarios.

Un fuerte aroma a polla lacrimógena ya había invadido la pequeña habitación. Un efluvio que me recordaba demasiado aquellos tiempos en los que, a su edad, yo solía tocarme bajo mis sabanas hasta llegar a ser resbaladiza. Por un momento no estaba muy segura de que no fuera mi propia entrepierna la que emitía ese olor tan fuerte a excitación bajo mi falda, pero pronto entendí que lo lógico sería concluir que esa peste a sexo temprano procedería de mi anfitrión, especialmente cuando ya estaba masturbando su enorme rabo de forma tan habilidosa que incluso pude apreciar cómo ese capullo morado se hinchaba exageradamente dentro de su mano.

-"¿Me enseñas las tetas?" susurró el muchacho en un tono maquiavélico que aún desconocía en él.

Yo seguía sentada en la silla de trabajo, con las piernas cruzadas y uno de los brazos apoyados sobre la mesa, disfrutando de la vista, deleitándome con los ruidos y embriagándome de las esencias, humedeciendo mis pliegues íntimos, de acuerdo, pero siempre bajo una compostura de persona adulta y consecuente. Desde que solté la frase proponiéndole a David que se tocara delante de mí no había vuelto a abrir la boca, y ahora el muy cabrón pedía ver mis tetas para potenciar su libidinosidad. En ese momento pensé que sería muy injusto soslayar su petición y, muy lentamente y en absoluto silencio, comencé a desabrocharme la blusa blanca de algodón que tapaba la parte superior de mi cuerpo, usando cada botón para espolear su excitación y animar sus movimientos manuales. Cuando conseguí mostrar mi sujetador me pidió que me lo quitara. Su mirada tenía ahora un semblante psicótico, se le había transformado el lenguaje corporal y ahora parecía tener la intención de violarme sobre su propia mesa.

Y entonces me asusté de verdad porque, lentamente, se acercó a mi posición, para lo cual solo necesitaba dar dos pasos, y se situó prácticamente a mi lado marcando una posición erguida y dominante respecto a la mía, arrimando su paja a mi posición, ofreciéndome su fuerte olor a macho incipiente prácticamente a la altura de mis fosas nasales. Yo no me moví ni un milímetro y, mientras él parecía llegar a uno de los momentos más álgidos de sus tocamientos, enseguida me di cuenta que lo que quería el imberbe superdotado era acariciarme uno de mis pechos.

-"Joder qué tetas, tía", me regaló a la vez que me acariciaba uno de los pezones endurecidos por la circunstancia.

Me relaje de forma inmediata y levanté la mirada para clavarla en sus ojos, induciéndole a hacer lo propio, hipnotizando su mirada y entonces abarcar, con una de mis manos, su enorme pedazo de carne aniñada. Cuando notó mis dedos jugueteando muy suavemente sobre su glande, se la soltó y adivinó cómo mi abrazo manual usaba sólo las yemas de mis dedos, creando un roce exacerbante. David levantó la cabeza para suspirar un éxtasis hacia arriba, exteriorizando una sensación que hasta ahora le era desconocida. Entendí que si la paja era demasiado explícita, el tipo acabaría enseguida, así que insistí en una friega tan sutil como grácil, aprovechando su máxima dureza y el fluir resbaladizo de su líquido seminal para masajear todo aquello de forma casi virtual, usando con gran destreza mis habilidades.

-"¡Diosss, Eva!". El tío ya se había olvidado de mis tetas y estaba ahora disfrutando al límite mi talento y experiencia manual.


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