El mejor cumpleaños de Mariel.

Por ArDuro
Enviado el 22/08/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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-¿Juancito, mañana tenés algún problema para quedarte con los chicos? - preguntó, mi esposa, quitando los ojos del celular y fijándolos en los míos.

¿Acabáramos, Mariel tiene in mente un encuentro sexual, después del horario de oficina! 

Los cuernos te causan escozor, obvio, aunque no sean furtivos como, casi siempre, en nuestro caso. No somos una pareja swinger, admitimos  compartir la vida con alguien que realmente te quiere aunque, alguna vez, siente prurito por otro, en la entrepiernas.

Claro que los dos no somos fanáticos de la exclusividad. En última instancia el/la amante ocasional no se queda con nada de tu mujer/hombre que sigue siendo la /el misma/o.

-No, mi amor. –

-¡Qué bueno! ¿El Café de los Angelitos queda en Rivadavia y ..?-

-Esquina Rincón -

Volvió con la vista al móvil y, sus dedos ágiles, “sellaron” el entrevero lujurioso del día siguiente.

A la noche cogimos intensamente, tal vez potenciados ambos por el evento programado.

Recobrada la calma, impulsado por una curiosidad no habitual, le expresé que me hubiese gustado conocer pormenores del regreso a casa demorado.

Mariel, estaba en vena.

Unos dos meses antes se encontraba, por trabajo, en la ciudad de Mendoza. El día siguiente era su cumpleaños y le entristecía amanecer fuera de casa. Después del horario de oficina, salió, sola, a recorrer el centro y se sentó en un bar con escasa concurrencia. De pronto lo vio entrar. De 1.85 m. con cabello corto castaño con entradas, no era un modelo, pero era un hombre bien puesto, tenía una mirada penetrante, ojos color miel. Ella, impulsivamente,  se levantó para, ir a lavarse las manos:

- Yo no estaba muy producida. Pero no me veía nada mal. Llevaba zapatos altos color crema, un pantalón crema pegado al cuerpo, y una blusa de manga larga con un escote pronunciado. Aparentaba ser más alta de lo que soy. (ella mide 1.75 descalza). Cuando regreso, lo veo sentado en la mesa contigua a la mía con una jarra de cerveza.-

-Me sorprendieron sus lindos ojos fulminándome con la mirada. No fue extraño que me pusiera roja como tomate y sonriese tímidamente Me devolvió una sonrisa un poco sobradora. Se levantó y me pregunto si podía sentarse conmigo.  Sin pensar respondí: “Claro. No hay problema”. Le pidió a la camarera que le alcanzase su jarra y ticket.-

-Con, intercaladas, miradas y sonrisas intencionadas charlamos, sobre a que nos dedicábamos,  si teníamos pareja, en que hoteles estábamos, que el día siguiente era mi cumpleaños, etc.... Me sentía tan bien con él que no noté cuando terminamos las bebidas, era como si lo demás no me importara y solo estuviésemos los dos solos.  -

-De pronto me largó. “¿Te gustaría festejar tu cumpleaños conmigo?” Puse cara de ¿Qué me propone este tipo? “No te preocupes te invito a cenar” “Mi cumpleaños es mañana” “Estiramos la cena hasta pasadas las 12:00 y brindamos”. Acepté-

-Salimos, pensé que tomaríamos un taxi, pero no, me tomó del brazo y caminamos hasta una boutique de lencería. “Te voy regalar ese lindo conjuntito (corpiño y bombachita blanca de primera marca brasilera). Ante mi resistencia, entró él a la tienda, me señaló al hablar con la empleada y salió con la bolsita, elegante, con moñito y etiqueta. “Supongo que vas a cambiarte para la cena. Vamos a tu hotel” Camino a tomar un taxi, dimos con una farmacia, me dijo que no tardaba y entró. Imagine lo que compraba. Ahí vislumbré que no era mala idea la de autoregalarme,  lo cual hizo excitarme con solo pensarlo.  No soy una mujer fácil y nunca había tenido relaciones con un hombre el primer día de conocerlo pero, ya sentía deseos de besarlo y, algo dentro de mí me decía: alguna vez tendrá que ser la primera.-

Por fin llegamos a mi hotel, quedamos de vernos en una hora para cenar y subí a mi habitación.

Mientras, bajo la ducha, pasaba el jabón por mi cuerpo pensaba en él, en que sentiría si me tocase o besara, cada vez deseaba más sentirlo cerca de mío.-

-Vestí la lencería del regalo, vestido ajustado con breteles, me arregle como nunca, me peiné y maquillé con esmero,  me delinee de negro los ojos. Tenía necesidad de verlo lo más pronto posible,  solo tarde 45 minutos, estaba ansiosa, prendí la televisión para entretenerme.

- Cuando, llamaron a mi puerta y abrí, era él, bizarro y elegante. Sentí como si me desvistiera con la mirada, me miró como embobado y clavó su mirada en la mía, me sentí más linda y deseada que nunca, me ofreció su brazo y subimos al ascensor. Había otros huéspedes, de no, lo hubiese besado ahí mismo.-

-Había venido con su auto. Camino al restaurante empezó suavemente a rozar mi pierna con sus dedos, subió a medio camino entre rodilla y entrepiernas, empecé a ponerme más caliente. De pronto detuvo el coche y comenzó a besarme con pasión -

- En mi oído susurró: “¿Tenés mucha hambre? A mí se me pasó ¿Qué te parece si salteamos la cena y vamos a mi hotel?”

- Llegamos al hotel y a su habitación. Yo era un coctel de nervios y deseos. Me rodeó con sus brazos, me besó y empezó a tocar mis pechos suavemente, mis pezones los sentía como rocas, sus manos comenzaron a hurgar en mi piel, en mis nalgas, debajo del vestido.

- Noté el duro bulto en su pantalón, y me asaltó el deseo de hacer el amor sin más demora. Empecé a quitarle la camisa y la demás ropa mientras él quitaba la mía.

Quedamos desnudos y acostados sobre la cama. Previo preservativo, subió entre mis piernas, acarició suavemente mi vulva y mi pubis yo manotee su miembro y lo ubiqué. Me penetró, me provocaba gozo, inenarrable, con cada embestida que me daba, era tan sutil y tierno a la vez, que me hacía sentir completa y feliz. Lo suave y acompasado fue subiendo de ritmo, terminamos fundidos uno en el otro entregándonos plenamente al deleite, a más de un orgasmo yo y él, gritándome su epílogo.

-Quedamos cabeza a cabeza sobre la misma almohada, intercambiado aprecio y adulación por las cualidades, méritos amatorios y el deleite recibido.-

-No duró mucho la calma: el primer minuto del día de mi cumpleaños, me encontró enrabada y extasiada por el placer que me daba, cogiendo, ese machazo. –

-Cumplió con lo prometido: destapó una botella de champagne, bridamos por mis 38 años, anotó mi número de celular (me sorprendió gratamente, pensé que ahí terminaba lo nuestro), me llevó a mi hotel. Eran las casi las 2:00 cuando me acosté.-

-El día lo terminé, brindando en familia, empomada por vos y alucinada como siempre que hacemos el amor. Como vos no hay dos.-

-Fue mi mejor cumpleaños hasta ahora.-

-Hoy recibí un whatsapp de Federico. Está en Buenos Aires y quiere verme. Gracias por permitirme verlo mañana.-

-No vuelvas muy tarde, pasado mañana es día laborable.-

-Vos no te duermas ¡ehhhh!.-

-Dudo que te queden ganas.-

-Ponele la firma-

Otro, posible, día de doble turno para Mariel

 


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